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Recicladores, héroes anónimos

Lucía Escobar

Entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas de residuos plásticos terminan cada año flotando en el óceano. Para el año 2,025 se estima que la cantidad acumulada será de 155 millones de toneladas, lo suficiente para cubrir las costas de todos los países del mundo. Bonito futuro nos espera de seguir así.

Los expertos consideran que esos plásticos que terminan en los mares, provienen de los vertederos a cielo abierto y de la mala separación de los desechos. No uso a propósito la palabra basura porque según aprendí de un reciclador; la basura no existe. O parafraseando a Simone de Beauvoir, la basura no nace, se hace. Nuestros desechos se convierten en basura cuando no los separamos adecuadamente. Y otro dato interesante: cada tonelada de materia reciclable que no se recicla genera emisiones de carbono equivalentes a 26 toneladas de CO2.

Latinoamérica es una de las regiones del mundo que más descuida el tratamiento de los desechos. Solo el 2% de los municipios de América Latina tiene programas formales y adecuados de reciclaje. Aún así, las municipalidades de nuestros países gastan entre el 40 y el 50 por ciento de sus presupuestos en los desechos.

Además, resulta que el 45.6 % de la población de este continente dispone sus residuos sólidos de forma inadecuada. Atenuando esas cifras, hay 4 millones de recicladores que en condiciones infrahumanas y esclavistas proveen el 50% del material a las industrias recicladoras. Pero lo que los recicladores venden a, por ejemplo 20 dólares, las empresas lo revenden a 100 dólares. Así que hay unos 80 dólares de transferencia neta de ganancias para la industria. Y así entonces, el reciclador de base termina subsidiando a la sociedad entera.

El trabajo de reciclador, ni siquiera existe en muchas legislaciones como una fuerza laboral. No tienen prestaciones laborales ni capacitaciones ni equipo adecuado para desempeñar su trabajo. Son los más excluídos. Es momento de reconocer el valor económico, social, ambiental, político y cultural de este oficio que se ven obligados a hacer, los más pobres de los pobres.

Esta semana presencié el nacimiento de la Red Nacional de Recicladores de Costa Rica, gracias a IRR, la Iniciativa Regional para el reciclaje inclusivo y la Red Lacre, una organización internacional que integra los movimientos de recicladores de Latinoamérica. No creo que sea noticia porque el tema de la basura no vende, no da portadas, ni likes. Y en Guatemala, ni aunque produzca cuarenta muertos por un deslave en el basurero, es motivo de empatía ciudadana o interés periodístico.

Sin embargo, no hay quien no alimente con sus desechos no tratados, los basurales del mundo. Todos contribuímos, mientras que solo los recicladores y recolectores ofrecen una solución para tremendo problema.

La próxima vez que se le rompa un vidrio y lo ponga en el mismo lugar en que tira las latas, el cartón, el desperdicio orgánico o los papeles con caca, intente ponerse en los pies de quienes tendrán que meter sus manos ahí para intentar recuperar ese material que usted convirtió en basura.

No uso a propósito la palabra basura porque según aprendí de un reciclador; la basura no existe… Nuestros desechos se convierten en basura cuando no los separamos adecuadamente.

@liberalucha

Fuente: [https://laluchalibreblog.wordpress.com/2017/04/06/recicladores-heroes-anonimos/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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