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Un modesto intento de ponerme en los zapatos del prójimo.

La revista Forbes nombró a la Fiscal General de Guatemala como una de las mujeres que están cambiando el mundo por medio de la correcta aplicación de la justicia para erradicar la impunidad oligárquico-militar y fascista de la podrida derecha guatemalteca, célebre en el mundo entero por sus crímenes de lesa humanidad y sus violaciones de los derechos humanos disfrazadas de actos de guerra. Los más conspicuos cavernarios de esta cómicamente inculta y vulgarmente soberbia derecha, han montado en cólera y se atragantan con su propia bilis lamentando que su venerada publicación haya adoptado el credo socialista. ¡Es que los malditos comunistas se reproducen como indios –chillan–, por qué no se mueren! ¡Kaibiles, alertas: si me adelanto, sígueme; si me atraso, aprémiame; si me detengo, mátame! Y si no pienso, déjame en paz porque así nací y así soy (si no me quieres, ni modo).

Qué sabroso es asistir a esta generalizada intoxicación biliosa en que se ha sumido la comunidad conservadora de Guatemala, al constatar que hasta la derecha que con tanta devoción admira, reconoce que este país ya no puede permanecer dominado por criminales y que esos criminales son precisamente sus admiradores chapines, los fascistas demodé, hoy convertidos en disciplinados tragadores de bilis. Atoraos a gusto, criaturitas del monte. La bilis es gratis.

Detrás de ese inocente gesto de yo no fui y de esa vocecita infantil de la Fiscal –afirma la indigesta caverna chapina– habita un monstruo de mil cabezas que perversamente está haciendo caer la ley sobre inocentes genocidas, cándidos torturadores, simpáticos ladrones de recién nacidos, tratantes de personas y otros abnegados especímenes que defendieron la libertad, la soberanía y el Estado de derecho de nuestra amada patria cuando fue atacada por los comunistas ateos, devoradores de niños y fabricantes de jabón hecho con huesos y uñas de honrados cristianos. ¡Ay, patria, por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa! –se queja la horda homínida parafraseando al revés al poeta-guerrillero de la ternura–, si los amos de Forbes nos aseguraron que la nuestra era una especie de cerdos exenta de que le llegara el temido sábado por todos conocido. ¡Comunistas injustos!

El reconocimiento a la Fiscal no vino de Granma ni de Rebelión ni de La Jornada ni de The Guardian, sino de Forbes –admite de mala la gana la derecha mediática al darle validez a la distinción, desaprobando al mismo tiempo que los amigos y deudos de los masacrados se regocijen ante la noticia y acusando a la Fiscal de permitir la corrupción en su ministerio. ¡A dónde vamos a ir a parar, Dios santo –sigue plañendo la canalla derechista–, que el Arzobispo anuncie cerveza, cemento, café y palma africana además de azúcar; que exalte a los buenos y excomulgue a la Fiscal! Escuchad, oh burgueses, oligarcas y wannabes de cepa genuina –clama la añeja conciencia franquista de esa derecha vetusta–: ¡es posible matar a todos los comunistas! ¿Me oís? ¡Os digo que se puede, coño! Mientras, la refinada intelectualidad finquera exhorta: ¡Ánimo, Guatemala, no te ahueves, ya llegaron de nuevo los kaibiles a la Casa Presidencial! En sordina, los sanadores a dedo entonan: ¡Alabado sea Jehová, Señor de los Ejércitos! Y un coro de opusdeístas brama: ¡Muera el comunismo! ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! En la foto de Forbes, la Fiscal apenas sonríe.

Mario Roberto Morales
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