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En América Latina, el sobrepeso y la obesidad aumentaron en la última década.

Marcela Gereda

En un importante estudio publicado la semana pasada en la revista del CDC Preventing Chronic Diseases los doctores Chew, Moran y Joaquín Barnoya, advierten sobre los riesgos que hay en Guatemala para la población infantil al estar rodeados por “pantanos alimenticios”. Tanto en la capital, zonas de nivel socioeconómico medio y alto predomina el acceso a comidas ultraprocesadas en tiendas y comida rápida y escasean los mercados y acceso a alimentos saludables de alto contenido nutricional.

Dice el estudio en cuestión: “En América Latina, el sobrepeso y la obesidad aumentaron en la última década. Guatemala, en particular, está luchando con la doble carga de la enfermedad donde coexisten el sobrepeso y el bajo peso. En 2015, el 28% de los estudiantes guatemaltecos de 13 a 17 años tenían sobrepeso y el 7% eran obesos. La mayoría de los estudiantes (65%) informaron beber refrescos carbonatados al menos una vez al día. Gran parte de la creciente prevalencia del sobrepeso y la obesidad se ha atribuido al creciente predominio de las comidas rápidas y ultraprocesadas poco saludables. Las tiendas de esquina en Guatemala venden principalmente refrigerios y bebidas azucaradas densas en energía y pobres en nutrientes, que son comercializados y consumidos por los niños. Además, se ha descubierto que los establecimientos de comida rápida en la Ciudad de Guatemala se dirigen a los niños mediante incentivos de precios y regalos de juguetes. La acción de salud pública para mejorar el entorno alimentario ha sido limitada. Nuestros mapas ilustran la prevalencia de pantanos alimentarios y las disparidades en la exposición a entornos alimentarios insalubres por nivel socioeconómico y urbanidad y pueden ser una herramienta para influir en la política de salud pública guatemalteca”.

Este estudio científico puede ser una guía importante para la creación de política pública. Aunque se evaluaron solo tres barrios de Guatemala, estas muestras de caso son representativas de lo que le ocurre a la población en general. Por lo que los mapas de este valioso estudio científico deberían ser útiles para involucrar a planificadores, desarrolladores, y formuladores de políticas públicas en debates sobre el entorno construido y salud nutricional. Los mapas de este estudio también pueden ser útiles para los administradores escolares, que podrían adoptar políticas institucionales.

Como antropóloga he podido observar el cambio en la dieta de la población indígena a partir de estos alimentos ultraprocesados. He visto cómo en el imaginario de la población la leche “Shaka Laka” publicidad por Messi o Shakira es sinónimo de “modernidad”. Mientras el atol de elote es sinónimo de “atraso”. La población no cuenta con la información para poder elegir alimentos adecuados y saludables. Y la política pública de regulación de publicidad y disponibilidad de alimentos ultraprocesados brilla por su ausencia. Ello pone a la población rural (y urbana pobre), campesina e indígena en un estado de alto riesgo y vulnerabilidad.

Recientemente en Oaxaca se prohibió la venta de comida chatarra a niños a partir de un estudio en el que se demostró que el 60 por ciento de los niños declararon incluir bebidas gaseosas en su desayuno. Desde la Asociación Ecoactiva promovemos el consumo de productos de la tierra y el regreso a la dieta tradicional Maya que es una dieta que no incluye azúcar, ni harina ni alimentos procesados.

Es un hecho que el aumento de ingesta de bebidas azucaradas y comida chatarra causantes de diabetes, hipertensión, sobrepeso y obesidad vuelve a las comunidades más vulnerables ante la pandemia de COVID-19. El Ministerio de Salud, como mínimo, se debería de pronunciar al respecto.

Tal y como lo señala este valioso estudio científico: la política pública orientada a la salud de los niños es no solo necesaria sino imprescindible. Somos un país de paradojas inauditas: a la vez de que la mitad de la población padece de desnutrición crónica, otra gran porción de la población infantil se alimenta con este veneno que mata a fuego lento a partir de estos “pantanos alimenticios”.

Recientemente en Oaxaca se prohibió la venta de comida chatarra a niños a partir de un estudio en el que se demostró que el 60 por ciento de los niños declararon incluir bebidas gaseosas en su desayuno.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda
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