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José Cotí

Consejo Superior Universitario, Magnífico Rector, autoridades universitarias, familia y amigos que nos acompañan, tengan todos ustedes la mejor de las tardes.

Es un honor para mí estar frente a todos ustedes en este día y tomar algunos minutos para compartir sobre Alejandro Cotí.

Todos y cada uno de los que tuvimos la oportunidad de conocerlo tenemos diversas anécdotas, historias, recuerdos y, probablemente, al traer esas memorias a nuestra mente y corazón se vuelve inevitable no tener sentimientos encontrados de alegría y tristeza.

Mientras fui estudiante de esta casa de estudios, tuve la oportunidad de escuchar algunas historias de personas que compartieron con mi papá.

Algunos docentes manifestaban que él era un brillante estudiante, que era sobresaliente, que tenía un liderazgo nato.  Otras personas lo conocieron como compañeros de estudios y sus recuerdos se dan en las aulas, en la biblioteca, cuando muchas veces se ponía a explicarles y les ayudaba en sus clases.

También conocí historias de aquellos y aquellas que junto a él lucharon y creyeron en los mismos ideales, que tenían las mismas convicciones y la misma visión, pero que también sufrieron las mismas persecuciones, ataques, y muchos de ellos tuvieron que huir de nuestra Guatemala para poder guardar su vida. 

A todo lugar donde iba, incluso en varios de mis trabajos, siempre hubo alguien que lo conoció, que le escuchó, que le inspiró y el factor común en todos ellos eran gratos recuerdos de él cómo orador elocuente.

De niño escuchaba las historias de mi abuelita, su difunta madre. En cada una de sus historias imaginaba todo lo que ella narraba y siempre pude notar en sus palabras un amor de madre tan profundo por su hijo, quien le fuera brutalmente arrebatado y aun en medio del gran dolor que tenía podía ver en sus ojos la esperanza de que sus nietos, los hijos de su hijo, como ella decía, nos convirtiéramos en hombres de bien.

Creo que la ausencia de mi padre provocó en todos un efecto: 

En mis abuelitos fue el impulso y la fuerza de seguir luchando en memoria de él y ayudarnos para poder seguir adelante.

En cada una de mis tías pude ver el cariño y respeto y admiración hacia él y hacia nosotros, ya que en las palabras de cada una de ellas, desde mi niñez, pude sentir el cariño que le tuvieron; Alejandro Cotí, para su familia, represento unión, fuerza, liderazgo y fue respetado por su carisma.

Dentro de mis recuerdos vienen a mi mente esas historias que mi mamá nos compartió de cómo fue que ellos se conocieron, de su juventud, de lo felices que fueron durante su noviazgo y de las muchas limitaciones que pasaron cuando se casaron ya que eran muy jóvenes, pero siempre en medio de toda circunstancia eran unidos y eso les permitió salir adelante.

Algo que siempre admiré de mi mamá fue que nunca se expresó mal de él, aunque comprendo y entiendo que mi padre no era hombre perfecto, siempre me enseñó a honrarlo, amarlo y aceptarlo, porque ciertamente tenía errores como todos los seres humanos, pero ella siempre manifestó los mejores recuerdos de él y eso provocó en nosotros el siempre admirarlo y amarlo.  Estoy seguro que mi madre, a quien él llamaba mi muñequita linda, fue una de las razones de su vida ya que se veían siempre muy bien juntos.

La vida sin nuestro padre fue muy difícil, no sólo me refiero a las carencias y limitaciones materiales que implicaba que la cabeza de hogar no estuviera con nosotros, si no más que eso fue porque nuestra identidad fue marcada y lastimada.

Para nosotros fue muy difícil llegar a un cumpleaños, una navidad o una celebración sin nuestro papá, incluso cuando éramos niños; cada año en el colegio hacíamos un regalo del día del padre, sin saber al final a quién se lo íbamos a dar, ya que algunas veces llegaba un tío, un abuelo o alguien más en representación de él, o simplemente no asistíamos.

Mientras crecía peleé con mis pensamientos, con Dios, con esas personas que arrebataron su vida, e incluso pensaba dentro de mí, si él luchó por tanta gente y buscó su bien, porque no luchó por nosotros, su familia, los que estábamos más cerca de él. Tuve que asimilar por mucho tiempo el hecho que él no estaría y que no le íbamos a poder tener con nosotros nunca más, pero en medio de todo esto, Dios fue bueno con nosotros, ya que en medio de la circunstancias, pude ver la mano de Dios en nuestras vidas y entendí el propósito de él, que aunque nuestro padre terrenal nos fue arrebatado y no estaría más con nosotros, teníamos a un  Padre Celestial que estaba allí y ocupaba su lugar, dándonos todo aquello que necesitamos.

Alejandro Cotí, dentro de diversas perspectivas fue un gran hombre, un gran ser humano.  Fue un gran hijo, porque siempre honró a sus padres.  Fue un gran hermano que buscó la unidad en la familia.  Fue un gran esposo que se esforzó por ofrecer lo mejor de él para su esposa y familia, fue un gran padre porque, aunque tuve muy poco tiempo para estar con él, tengo la certeza en mi corazón que nos amó con todas sus fuerzas, que pensaba en nosotros y nos veía como hombres de bien, que siempre creyó que nos convertiríamos en hombres exitosos, sencillos y justos. Y fue un gran amigo, porque cada uno de quienes le conocieron siempre tienen algo que agradecer y pudo inspirarlos hasta el día de hoy.

En muchas oportunidades medité cómo sería si él estuviera con nosotros.  Estoy seguro que Guatemala hubiese sido un mejor país con líderes como él.  También sé que esta casa de estudios, la cual él quiso tanto, él junto con otros líderes hubieran buscado la forma de hacerla diferente y marcar una diferencia. 

Incluso, todos esos seguidores de Alejandro Cotí, a los cuales él les enseñaba, se hubieran multiplicado y esos ideales de justicia, bienestar y bien común, se hubieran transmitido a la siguiente generación.

En conclusión, puedo decir lo siguiente:  nuestro padre, Alejandro Cotí, fue un hombre sencillo, un hombre de brazos abiertos, un gran ser humano, aunque para su familia el destino permitió que estuviera ausente y nos hizo mucha falta, sé que él sigue estando presente en el corazón de muchas personas.

Alejandro Cotí, después de 39 años de tu muerte, sigues estando vivo y sigues declarando con vos de victoria: PRESENTES EN LA LUCHA.

Alejandro, ¡eres un hijo de la patria!

¡¡Un beso hasta el cielo, papá!!

Alejandro Cotí, fue un hombre sencillo, un hombre de brazos abiertos, un gran ser humano,

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