Sara Curruchich

Esta voz sobrecogedora es acaso el regreso de una sabiduría perdida, extraviada.

Marcela Gereda

Su voz (que es la de muchos) hace sentir que hay una fuerza viva que más allá del dolor que representa la injusticia de un país que duele en lo más profundo de los huesos, hay alguien capaz de reconectarnos con algo sagrado de esta tierra, en su canto y en su posición política en la defensa de la justicia.

Lo que los guatemaltecos vivimos hoy tiene que ver con un descalabramiento en lo político, en lo social, en lo económico y acaso también en lo espiritual; una frustración absurda que a casi todos nos atraviesa.

“Si se llegó al absurdo de que un comediante nos gobierne, de ahí para adelante ya cualquier situación surrealista es posible”, me dice un buen amigo. El absurdo como regla cotidiana, lo tenemos tan normalizado que ya toda injusticia dejó de sorprendernos.

Además de un hartazgo de la población por la falta de oportunidades y de empleo, la desigualdad, un sistema político corrupto que corrompe a cualquier funcionario de turno, una elite económica que solo se sirve a sí misma, un Estado fallido que reproduce lógicas de injusticia y marginalidad de las mayorías, una situación de violencia desesperante; nuestra alma colectiva parece dolida e indignada de tanto saqueo sistemático. Si no fuera por los esfuerzos constantes de la sociedad civil por construir una sociedad de paz, el barco ya se hubiera hundido.

Dan ganas de empacar los tapalcates para huir, hasta que uno escucha la voz de Sara Curruchich. Y con la piel de gallina, algo te dice que no todo está perdido, que el talento y el corazón que pone a su voz puede elevar y unir el espíritu de esta sociedad fragmentada y polarizada en su concepción.

Sara Curruchich es una cantautora maya kaqchikel de San Juan Comalapa. Hija de músicos, Sara comenzó a cantar desde los cinco años y fueron sus padres figuras decisivas e imprescindibles para su búsqueda e incursión en la música y en el canto.

Finalizó sus estudios como maestra de educación musical en la Escuela Normal Jesús María Alvarado.

En 2012, Sara fue invitada a cantar en el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, con la filarmónica de Dresde, Alemania, donde se encuentra el famoso códice de Dresde. Durante el XXX Festival del Centro Histórico México, la voz de Sara cantó el poema de la mexicana “Sol Che Mo”, llamado Kukulkán, en el musical Albaktún, originalmente escrito en maya yucateco. Sara cantó
orgullosamente en kaqchikel.

Recientemente, y con su voz, Sara apoyó la Marcha por el Agua, de la que expresó: “Es algo que nos afecta a todos y tenemos que estar enterados que hay muchas empresas extractivistas que han venido a desviar los ríos y dejan sin agua a muchas comunidades por eso estamos luchando, porque el agua es vida y la vida es nuestra”.

Cuenta Sara que, para ella, su inspiración para cantar son las injusticias sociales. En una entrevista a Soy502, dice Sara: “a través de la música podemos sentir conexión con un ‘todo’, nos sentimos ‘uno’ con la naturaleza, el universo y nosotros mismos; esas son las razones por las que comencé a escribir. Al inicio guardé las composiciones para mí, pero un día me animé a cantar frente a muchos. Al instante sentí que las personas pudieron vivir lo que me sucedía dentro; el corazón”.

Su talento es no solo el de su voz y su capacidad de componer música y letras, sino su habilidad por luchar contra el racismo y a favor del reconocimiento del derecho de las mayorías. “Es mi querer al componer estas canciones, que florezca el amor hacia la vida, la mujer y la naturaleza, y que florezca el reconocimiento y valoración de nuestros idiomas y la cultura de nuestros pueblos”, dice Sara.

Esta voz sobrecogedora es acaso el regreso de una sabiduría perdida, extraviada. Sara Curruchich es una especie de “Mercedes Sosa” de nuestro país. Privilegio es saberla guatemalteca orgullosa de sus raíces mayas. Apoyemos a Sara en su próxima presentación este jueves en La Antigua, en Casa Pensativa a las 19:00 horas, en su concierto “Cantar es lo que más me acerca a volar”.

Invito también al Ministerio de Cultura y a las empresas a apoyar a este don musical, un talento nacional sui generis y capaz de elevar el espíritu de los guatemaltecos, y de cantar para la vida. Invito a todos a que le apoyemos a reconocer, aplaudir y promover su extraordinario talento, su voz que es la expresión y búsqueda de que podemos entre todos construir otra sociedad.

Dan ganas de empacar los tapalcates para huir, hasta que uno escucha la voz de Sara Curruchich. Y con la piel de gallina, algo te dice que no todo está perdido, que el talento y el corazón que pone a su voz puede elevar y unir el espíritu de esta sociedad fragmentada y polarizada en su concepción.

http://elperiodico.com.gt/2016/05/23/opinion/sara-curruchich/

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda

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