Río La Pasión

Gerardo Guinea Diez

En el lejano 1995, el premio nobel alemán Günter Grass, en una entrevista con Juan Villoro dijo: “…la catástrofe se ha vuelto tan compleja que desafía las nociones canónicas de esperanza y desesperación”. Lo ocurrido en el río La Pasión sintetiza esa sensación de desahucio que se experimenta después de leer esa reflexión.

Qué decir ante las dantescas escenas de los miles de peces muertos. Qué decir ante el asombro y la impotencia de miles de habitantes que calladamente ven un río herido y convertido en un cementerio. Muchos expertos estiman que todo su cauce, un poco más de 300 kilómetros, fue afectado por el plaguicida Malathion.

El ecocidio, como lo calificó el secretario del Conap, es una parte de las múltiples catástrofes que padece el país. Miles de ciudadanos migrando, colapso en el sistema de salud pública, los gravísimos índices de desnutrición infantil, hambre, violencia y pobreza, se suman a una crisis política sin precedentes.

El río La Pasión, hermosísima serpiente de agua, principal afluente del Usumacinta, atraviesa selvas y bosques, es un reservorio de lluvia, humedad y carbono. Posee una riquísima fauna acuática de peces, tortugas y otras especies. Pero, el daño es más serio de lo que las noticias reportan. Afectará a miles de personas que viven del río, ya sea de la pesca como de diferentes actividades agropecuarias.

Esta calamidad saca a luz otro drama, igualmente alarmante. Según algunos estudios, para 2025 muchos ríos estarán secos. En las tres regiones hidrográficas, la del Golfo de México, de Honduras y del océano Pacífico, existen 38 cuencas y 194 cuerpos de agua continentales. Es decir, más de 100 ríos en peligro. Por ello, no es extraño que apenas 15 municipios, de los más de 300 en el territorio, aplican algún tratamiento a las aguas residuales.

El Motagua y el Samalá llevan metales y componentes químicos en grados peligrosos para la vida. El río Villalobos se convirtió en un río de aguas negras, ocasionando el daño al lago de Amatitlán. De acuerdo con el Plan Ambiental de 2006, el Motagua, el Coyolate y el Guacalate, sus aguas son tan corruptas que superan 10 mil veces los límites legales para el consumo humano.

La mayoría de estos afluentes lleva plomo, aluminio, manganeso, cianuro y cromo. Asimismo, la mayoría de los ríos de la Costa Sur presenta los mismos índices de enfermedad. Según el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales y Calas, el 90 por ciento de las fuentes de agua tienen contaminación bacteriológica y de residuos fecales.

Por ahora, el río La Pasión ya no tiene nombre: es un cadáver que flota hacia el altar del sacrificio. En su ataúd de agua, los peces saben de esta ceremonia fugaz, camino al desierto de la nada. Esa supercarretera hacia la nada, como reza un verso de JE Pacheco. O quizá como una dedicatoria de Eduardo Juárez en su libro “Retrato de borracho con país”: …Guatemala, el chara de la aldea global. En fin, seremos la tierra baldía, la tierra de nadie.

Por ahora, el río La Pasión ya no tiene nombre: es un cadáver que flota hacia el altar del sacrificio. En su ataúd de agua, los peces saben de esta ceremonia fugaz, camino al desierto de la nada.

 

Gerardo Guinea Diez

Gerardo Guinea Diez

Fundador y Director General at Magnaterra Editores
Gerardo Guinea Diez es fundador y director de Magnaterra Editores. Ha publicado ensayo, novela y poesía. Ha recibido múltiples premios y reconocimientos. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Gerardo Guinea Diez