Primera Feria Forestal y Ambiental en La Antigua

Marcela Gereda

El lugar es el Palacio de los Capitanes frente al parque central, ahí nos vemos.

En este mes de cielos dulces y sublimes uno tiene la ilusión de la tierra virgen e intacta. Este territorio mágico y boscoso, envuelto por un vaho de humedad, la patria del quetzal, de donde brotan bromelias y helechos gigantes está acaso cosido o trenzado a la esencia de nuestro ser guatemalteco.

Piense, amigo lector, en cómo eran las noches de su infancia, en cómo se llenaba la noche de canto de grillos y cigarras, o en cómo las ventanas se poblaban de todo tipo de insectos. Hoy cada vez escuchamos menos el sonido de la grilla y las ventanas saturadas de amigos invertebrados son quizá solo un recuerdo.

Guatemala, tierra de bosques, de una frondosidad y espesura indecible; “la latitud de la flor y del granizo”, donde florece todo el año, hoy se enfrenta a tristes ecocidios, a deforestaciones masivas, 95 por ciento de ríos contaminados, 95 por ciento de nuestra agua desperdiciada en aguas residuales, extinciones de especies, y un lamentable etcétera.

Dado el modelo de “desarrollo”, a nivel global, también estamos enfrentando peligrosas extinciones masivas de especies de flora y fauna. Así lo atestiguan la mayoría de los científicos en un amplio estudio de la revista Science. Pero, ¿por qué es importante la conservación de la diversidad de especies? De la biodiversidad de las especies depende nada más y nada menos que el equilibrio de nuestra vida. La biodiversidad es la patria del ser humano.

Es decir, que los animales guardan el equilibrio del planeta. Son parte importante de la cadena alimenticia, porque cada uno tiene una función esencial en el ecosistema.

Guatemala es uno de los 19 países megadiversos, eso quiere decir que, somos de los países que albergan más del 70 por ciento de la biodiversidad del planeta. Contamos con 15 mil diferentes especies de flora y 100 mil de fauna. Tenemos no solo una ubicación privilegiada, sino una responsabilidad gigante para crear una cultura de sostenibilidad y para crear políticas ambientales a la altura de nuestra gran biodiversidad.

Dados los múltiples ecocidios y negligencias, estamos ante un momento de encrucijada. Tenemos la responsabilidad de conservar nuestra biodiversidad, a través de regulaciones, políticas y de generar una cultura de buenas prácticas ambientales para resguardar nuestros bosques, ríos, mares; nuestra biodiversidad porque es vital para nosotros y para el planeta.

Gracias al apoyo de la Municipalidad de Antigua, desde EcoActiva, Antigua Viva y el Instituto Nacional de Arboles Inab les invitamos a disfrutar en familia de la Primera Feria Forestal y Ambiental de Antigua, este sábado 24 de noviembre de diez a cinco de la tarde. El objetivo de esta feria es concientizar e impulsar una cultura forestal, de sostenibilidad y respeto y conservación de nuestra “casa común”.
Ofreceremos charlas, juegos y actividades educativas para salir de la cultura de lo desechable y generar nuevas formas de relacionarnos con el entorno que hace posible nuestra vida. El lugar es el Palacio de los Capitanes frente al parque central, ahí nos vemos.

“Protegeremos solo lo que amamos, amaremos solo lo que entendemos y entenderemos solo lo que nos enseñaron” (Baba Dioum, ecologista senegalés). Volvamos a hacer frondosa, espesa, apacible y posible la tierra del quetzal, nuestra tierra de árboles.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/11/19/primera-feria-forestal-y-ambiental-en-la-antigua/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda