Partir las aguas de la corrupción

Falsas polaridades y postura de clase del movimiento campesino.

Mario Roberto Morales

AMLO asume la lucha contra la corrupción como el proceso de separar el poder económico oligárquico del funcionamiento del Estado mexicano. No como el encarcelamiento esporádico de algunos funcionarios y oligarcas corruptos, combinado con el “olvido” de otros funcionarios y oligarcas igual de corruptos, a quienes no se les encarcela, se les dan medidas sustitutivas o se les perdona luego de lacrimógenos mea culpa montados para la televisión. Equiparar la lucha contra la corrupción de AMLO con la puesta en escena de la CICIG aquí es perverso. Y más lo es “inspirarse” en la enérgica política de alianzas de Morena para justificar, aquí, las junturas geopolíticas rosalilas. Nada que ver.

Aquí, se puede adoptar una postura antigubernamental alegando corrupción pública, sin adherir a la táctica de la “lucha contra la corrupción” tal y como la ha conducido la CICIG, siguiendo el instructivo de la “teoría de la acción política no-violenta” de Gene Sharp, que sirve para quitar y poner gobiernos según el interés geopolítico. La corrupción no tiene ideología política, pero la política exterior estadounidense llamada “lucha contra la corrupción” (que dio cuenta de Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y Lula da Silva, y que busca defenestrar a Rafael Correa, Evo Morales y Nicolás Maduro, entre otros líderes libremente electos) sí que la tiene: es la ideología globalista-financierista del ala especuladora del capital corporativo transnacional, que se opone a la propuesta de China, Rusia y algunos sectores de EU, de volver a la productividad física apoyando a las empresas nacionales y abandonando la especulación financiera como eje del capitalismo.

Por todo, da grima ver a la masa loca oscilar entre las polaridades corrupción/anticorrupción o Jimmy/Iván, eludiendo que lo que hay detrás es una pugna intraoligárquica por el usufructo del Plan para la Prosperidad entre dionisistas y arzuistas. No se asume que la “incorruptibilidad” es la bandera del dionisismo y sus operadores oenegeros de la pink left (que viven de apoyar planes geopolíticos); ni que la “institucionalidad” es la bandera del fascismo oligárquico local, que negoció con EU y el dionisismo que venga otro comisionado(a) de la CICIG y que Jimmy termine su estúpido período presidencial; con lo cual ganó esta batalla, aunque la restauración oligárquica dionisista siga su curso hacia el 2019, cuando triunfará en las elecciones e instaurará un gobierno títere izquierdoderechista. Los oligarcas pactaron y el oenegismo quedó (otra vez) chiflando en la loma con su ilusa bipolaridad corruptos/incorruptos.

Por tanto, CODECA-pueblo debe ignorar estas polaridades y mantener su postura de clase con la Asamblea Constituyente Plurinacional y Popular: única alternativa al simulacro reinante desde el 2015.

Fuente: [www.mariorobertomorales.info]

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Mario Roberto Morales

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Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
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