Modelo alternativo: El buen vivir III

Vamos hacia una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional.

Marcela Gereda

Esta patada a la ciudadanía produce náusea. Es también una sensación como de vértigo. Se mezcla con ráfagas de enojo, repudio, asco: ayer elPeriódico nos reveló ese saqueo millonario. Desfalcar de esa forma al Estado en uno de los países más desiguales recuerda que aquí el poder económico y político sigue arrastrando esa cultura del despojo instaurada por Pedro de Alvarado.

La cultura de la impunidad es una forma de ejercer el poder que tiene que ver con el despojo, y corrupción. Es una herencia del progenitor Alvarado por parte de cierta lógica de continuidad de la explotación despiadada y de engrosar billeteras a costa de un pueblo hambriento, de un pueblo olvidado y marginal.

Napoleón lo tenía muy claro: la ambición por el poder jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza. Muchos filósofos han explicado que el dinero es una herramienta de aceptación social y por eso hay quienes están dispuestos a cometer cualquier bajeza por alcanzarla. Otros han señalado que  muchas veces la ambición desaforada responde a personalidades con muy baja autoestima, inseguras, incapaces de ser honestas consigo mismas. Voltaire decía que los saqueadores y farsantes son “pobres de espíritu” que cometen delitos para adquirir un poder ilusorio a través de la aceptación y escala social.

Esa cultura del saqueo inquistada en las arcas del Estado y en gran medida heredada de la lógica hegemónica de cierta burguesía local, piden que Guatemala cambie pero que todo siga siendo igual, son desquiciados con el poder o con proteger los intereses de quienes se han dedicado a doblar las leyes a su conveniencia.

Estamos ante un mundo de valores retorcidos y esta crisis política no es más que el reflejo de grupos de poder que han querido mantener sus privilegios durante mucho tiempo y para ello han utilizado leyes a su antojo.

Dice Eduardo Galeano: “los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo”.

Salir de esta polarización que divide el país en “blanco” y “negro” y de esa cultura colonial del saqueo y el despojo es una necesidad y reto histórico. Para mí la alternativa es abrazar el proyecto político del “buen vivir”, es una propuesta de organizaciones campesinas y mayas a través de democracias participativas, de armonía entre los seres vivientes y la naturaleza. El “Buen Vivir” es una respuesta de proyecto para la descolonización, la despatriarcalización, y la emancipación de las distintas opresiones que las mayorías han padecido durante siglos. Es la alternativa más sensata para generar un interés popular interétnico e interclacista. Vamos hacia una Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/09/10/modelo-alternativo-el-buen-vivir-iii/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda