Las serviles causas del «honoris»

El servilismo de los burócratas, expertos en el lobby para agradar a sus jefes y conseguirles medallas, diplomas y condecoraciones, no deja de sorprendernos. Y más sorprenden las causas por las que a un determinado jefe se le consiguen los premios arguyendo explicaciones sin mayor sustento o coherencia.

Virgilio Álvarez Aragón

Aún no se ha secado la tinta en los diplomas y títulos que Roxana Baldetti recibió en Corea, cuando el actual presidente nos sorprende siendo agraciado con un doctorado por causas honorables, ahora en la distante pero no lejana Israel. En este, como en el caso de Corea, hay que felicitar a los diplomáticos chapines por la habilidad para negociar y obtener honras de las más absurdas para sus superiores. Pero la felicitación no debe ir solo a ellos. Es evidente que, en ambos casos, oscuros comerciantes se han pintado y esforzado por granjear a su allegado lisonjas y premios de los que, sin entender el sentido, les permiten viajar a costa del erario público y disfrutar de adulaciones y zalamerías, ciertos que a la vuelta de la esquina recibirán beneficios económicos. Nadie nos dice, por ejemplo, si alguna de las empresas o personas exoneradas de sus deudas fiscales tenga relación o contacto con intereses israelíes en el país. La opacidad con la que el presidente Morales actúa da para levantar cualquier tipo de sospecha.

A diferencia del honor a Baldetti, la premiación a Morales surge de una universidad respetable. La Universidad Hebrea quedó ubicada en el puesto 87 de la nómina mundial de universidades que, elaborada anualmente por la Universidad de Shanghái, ubicó en esa misma posición a la universidad Lomonosov de Moscú y a la École Normale Supérieure de París, inmediatamente debajo de la Mayo Medical School de Minnesota (puesto 86) y arriba de las de Brown y Florida, clasificadas en el 90.

Pero si la Universidad Hebrea es una institución respetable, académica y científicamente hablando, hay que considerar también que es una universidad actualmente regida por los intereses más corporativos y conservadores de aquel país. El presidente de su junta de gobierno, Michael Federmann, uno de los que invitaron al evento en que se confirió el título honorario al señor Morales Cabrera, es uno de los más grandes empresarios israelíes, uno que sin mayores méritos académicos (apenas es licenciado) fue elegido en 2009 no solo por sus vínculos con el empresariado, sino por ser amigo de Ehud Ólmert, para entonces primer ministro y, curiosamente, condenado en diciembre de 2015 a seis años de cárcel por corrupción y obstrucción a la justicia, pena reducida luego a causa de la muerte de uno de los testigos. El otro convocante, el presidente de la universidad, es Menahem ben Sasson, quien con un doctorado en Historia ha sido rector, pero también político con estrechos vínculos con los partidos más a la derecha del país y quien al no ser reelegido como diputado volvió a la vida académica, ahora como gestor y controlador de la vida universitaria.

Hay, pues, en el homenaje a Morales Cabrera, cómico de profesión y presidente de Guatemala, un alto sentido político que entre otras cosas confirma que, para las élites de los países altamente conservadores y beligerantes, Morales y su grupo representan el mejor aliado para sus políticas violentamente racistas. Recuérdese que Guatemala ha sido el único país del mundo que ha acompañado a Israel en su negación a reconocer plenamente los derechos del pueblo palestino, en un comportamiento similar al que la élite conservadora y atrasada del país mantiene con relación a Belice. Pero si el comportamiento diplomático guatemalteco ha sido por décadas de un matrimonio formal y real con las fuerzas más oscuras y obsoletas del mundo, particularmente con Israel, hasta ahora los gobernantes se habían cuidado de no caer en las arenas movedizas de una visita de Estado a aquel país. Ni siquiera los gobernantes militares, que fueron entrenados y abastecidos por los israelíes para realizar sus acciones delictivas bajo el supuesto de defender el sistema económico imperante, se animaron a realizar una visita de Estado, cosa que en las primeras de cambio ha hecho el cómico presidente guatemalteco.

Y esa visita, además de implicar el diploma con muceta y medalla incluidas, ha tenido como premio un paseo por los lugares sagrado-turísticos de aquel país en compañía de familiares y amigos y con todos los gastos pagados por el erario guatemalteco. Es una visita con la cual los oscuros y perseguidos militares que gobiernan actualmente a través de Morales han querido rehacer sus espurias alianzas con las sectores guerreristas e intransigentes de Israel. Para ello agachan la cabeza y piden que se olvide el desliz que el país, en un extraño acto de responsabilidad política, cometiera en 2013 al reconocer en las Naciones Unidas a Palestina como un Estado libre, independiente y soberano.

Ese acto, consideran los militares que actúan y piensan como Morales, debe quedar en el olvido como en el olvido ha quedado ya la responsabilidad de los diplomáticos y las autoridades israelíes en el negocio del agua mágica para salvar el lago de Amatitlán. Y para poner tierra encima de esos desencuentros, ¡qué mejor que una medallita y un diploma al presidente, llevarlo de paseo con familia incluida y hacerlo sentirse grande, aunque los académicos serios de aquel país ni siquiera se hayan enterado de tal homenaje y los que sí se sientan ofendidos!

No debe extrañar, en consecuencia, la excusa esgrimida para llevarlos de viaje. Si a Baldetti la servil diplomacia guatemalteca le consiguió a los pocos meses de gobierno el reconocimiento de la Fundación Clinton por sus esfuerzos por reducir la pobreza, ahora se argumentó el combate a la corrupción que desde su primer día de gobierno ha realizado Morales. Si bien es cierto que la mayoría de las autoridades de la Universidad Hebrea no hablan ni leen español y apenas sabrán dónde queda Guatemala, en la representación israelí en Guatemala sabrán de sobra que lo que menos ha hecho Morales es combatir la corrupción. De su apoyo decidido a los diputados tránsfugas a su interés desmedido por emplear familiares, amigos y correligionarios políticos y religiosos hay más que pruebas, como las hay también de su interés por mantener en la oscuridad cuestiones como el pago de su estadía en un hotel de lujo antes de asumir el cargo o la exoneración a 219 morosos, que son evidencias claras de su interés por mantener activa la lacra de la política llamada corrupción.

Cierto. Benjamín Netanyahu, el actual gobernante israelí, ha sido denunciado y está siendo juzgado por corrupción, por lo que se sentirá más que en familia al saludar al cómico presidente y al saber que tiene en el Gobierno guatemalteco y en su diplomacia a un más que amaestrado aliado, que con unas cuantas lentejas mueve la cola y acepta sin chistar cualquier tarea. Entre gobernantes oscuros a favor de la corrupción hay muchas cosas en común.

Por otro lado, Israel es uno de los países ricos donde más ha crecido la pobreza, con 21 % de su población viviendo por debajo de la línea de la pobreza, según datos de la misma OCDE, proporcionalmente con más pobres aun que Estonia, Chile, Turquía y Estados Unidos. De esa cuenta, Morales y Netanyahu también podrán intercambiar impresiones sobre el asunto, pues cada uno, en su región y grupo de naciones, triunfa teniendo a los pobres como parias de las sociedades que ellos ayudan a construir, sin ningún interés efectivo por atenderlos. Y la pobreza en ambos países tiene un alto componente de racismo, pues, si en Guatemala el hermano del presidente (el más inteligente de los dos, según reconoce el mismo Jimmy) ha acusado a las autoridades indígenas de turbas y la inversión en educación para los más pobres es raquítica, en Israel, según investigaciones serias, es en las escuelas de niños y adolescentes de origen árabe donde menos recursos se aplican.

El doctorado concedido, pues, no ha sido por causas respetables y honorables, sino por serviles y oportunistas razones. Corrupción, sectarismo autoritario y racismo son, al final de cuentas, las razones de fondo que llevaron a Morales a recibir la muceta y medalla de doctor en aquellos lares. Si con eventos como estos no llegamos a entender el alto riesgo que el grupo en el poder representa para el futuro del país, es porque realmente nos ha enceguecido la ideología.

Y para poner tierra encima de esos desencuentros, ¡qué mejor que una medallita y un diploma al presidente, llevarlo de paseo con familia incluida y hacerlo sentirse grande, aunque los académicos serios de aquel país ni siquiera se hayan enterado de tal homenaje y los que sí se sientan ofendidos!

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/las-serviles-causas-del-honoris]
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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón