Generar una alternativa al mundo de hoy

La vida moderna va haciendo cada vez más innecesarias las dimensiones de la vida humana.

Marcela Gereda

«Es hora de asumir la falsedad del mito de que es posible un crecimiento ilimitado en un planeta de recursos finitos. Es momento de una ética de la responsabilidad incondicional que acabe con esta sensación de “responsabilidad de nadie”. Es momento de un despertar colectivo». Zygmunt Bauman (1925-2017).

En un mundo como el nuestro, ¿en qué se ha convertido hoy el trabajo?, ¿qué significado social y cultural tiene hoy ser trabajador en estos días en los que todo es y se puede convertir en una mercancía desechable?

Para nuestros antepasados, en ciertas épocas, la Tierra fue mucho más que un espacio de recursos para extraer y vender. En los tiempos de auge de cada civilización antigua, el planeta era un ícono divino, una energía viva. Así, el trabajo estaba orientado en abastecer las necesidades básicas. La Tierra era sagrada y así mismo lo era el trabajo.

En la sociedad global actual, en la que solo el dos por ciento de la población es dueña de los medios de producción, y donde hay centenares de millones de gente sin empleo ni medios de subsistencia, la mayoría de empleos son de sueldos miserables, en los que las mayorías de trabajadores no pueden consumir lo que producen.

Así, la vida cotidiana aquí y en todos los rincones del planeta habla de cómo nuestras formas de vida nos han llevado al extravío de nosotros mismos en un enredo de ego y materialismo sin límites.

Marx llamó a esta condición de extravío del sentido de la actividad laboral, enajenación del trabajo. Para él, el trabajo enajenado es el suceso en el que el producto es ajeno de quien lo realiza, el trabajador asalariado no trabaja como ser humano libre y creativo, sino como ente dominado que no produce para sí mismo, sino para otro.

Aquí en Guatemala, a la enajenación laboral masiva, se le suma el hecho que el nivel de sueldos no le permite a la mayoría de la población vivir, sino básicamente sobrevivir. Ejemplo de ello, son las mujeres que trabajan en maquilas para producir prendas de marcas exclusivas, que ganan sueldos que no les dan para el gasto pues con ello les toca mantener a varios hijos, renta, escuelas, etc. Y se quedan con una triste resignación cuando se enteran que el pantaloncito que confeccionaron en diez minutos, se venderá a un precio que para ella es impagable.

La persona que vende su fuerza de trabajo, ganando sueldos de miseria, mientras elabora el valor de las mercancías, si bien solo intenta sobrevivir en una sociedad con una desigualdad vertiginosa, se desvaloriza a sí mismo, y desvaloriza su fuerza de trabajo porque gasta su vida, para que otros acumulen riquezas.

Cierto es que aunque sobre las llantas de salarios injustos, trabajos enajenados y condiciones indignantes, el mundo sigue pujando para que se produzcan cada vez más artículos innecesarios y hacernos creer que su consumo y posesión resulta no solo necesaria, sino imprescindible para la felicidad. Un sistema económico deshumanizante que ensucia el planeta y nos llena de químicos tóxicos el cuerpo y el medio ambiente.

Enajenados, adormecidos, dejando una inmensa huella ecológica sobre el planeta, seguimos reproduciendo este modelo de consumo insostenible para nuestro único hogar: la tierra.

¿Qué alternativas a seguir produciendo a costa de la enajenación de la mayoría de la humanidad?, ¿Puede la humanidad ser otra cosa que una sociedad encogida y deformada, extraviada de sí misma, donde nos hacen creer que la utilidad del trabajo es poder adquirir lo que la publicidad nos manda?

El trabajo puede recuperar su sentido de sacralidad. Puede volvérsele a dotar de sentido humano si de éste se desprenden todos los aspectos materiales y espirituales que podamos concebir. La vida moderna va haciendo cada vez más innecesarias las dimensiones de la vida humana, es decir aquello que nos hace recrearnos espiritualmente y nos eleva a lo más alto de nosotros mismos para comprendernos desde adentro.

Mi esperanza es que la locura de que alguien tan desagradable como Trump sea presidente del país que creó e impuso el modelo de sociedad de consumo masivo, nos sacuda. Cada día encuentro más comunidades generando alternativas como el “buen vivir”, y más tejido de sociedad civil; más consciencias despiertas para organizarnos y construir una alternativa a este sistema económico, una humanidad solidaria en la que se pueda ejercer el trabajo como una actividad humanizadora y humanizante, por el derecho a ser humano ejerciendo la libertad y la creatividad.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/07/03/generar-una-alternativa-al-mundo-de-hoy/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda