Flores en el camposanto

Ilka Oliva Corado
@ilkaolivacorado

¿De qué sirven las flores en el camposanto? ¿Los féretros de lujo? ¿Las ceremonias elegantes y las enjaranadas? ¿De qué sirven las lágrimas, las lamentaciones y los arrepentimientos? ¿De qué sirve pedir perdón a un muerto con flores en el camposanto? ¿De qué sirven los remordimientos? ¿La culpa? Por culpa llevar flores a los cementerios. ¿Por amor? Amor que el muerto ya no siente, lágrimas que no verá, perdones y disculpas que no llegaron a tiempo, que están de más.

Y el mundo está lleno de eso: lamentaciones y culpas. Cuando es en vida; en vida se quiere, en vida se entrega, en vida se abraza. ¿Para qué devanarse en el suelo llorando a un muerto si en vida lo tratamos mal? Si en vida lo insultamos, menospreciamos, lo utilizamos, lo herimos. Pensamos que el tiempo nos hará eternos, que viviremos para siempre, por eso nos creemos inmortales y poderosos y en nuestra minúscula humanidad herimos no solo a las personas que nos quieren, también a cualquiera que se nos cruza en el camino, simplemente porque nos creemos mejores que ellos.

Y vamos por la vida repartiendo odio, lanzando hiel, hipocresía, manipulando, sembrando rencores, hiriendo e hiriendo a quienes después vamos a llorar con flores en los camposantos. Y nos damos golpes de pecho y rogamos al cielo un alivio a nuestro dolor. Y entonces los colocamos en altares, los endiosamos, los inmortalizamos, los volvemos ángeles y santos y vírgenes, porque los remordimientos no nos dejan en paz. Y los evocamos constantemente como lo más hermoso de nuestras vidas, vidas de mierda que los trataron mal.

Y cuando estuvieron vivos no los vimos, los ignoramos adrede, los excluimos: como familia, amigos, conocidos. Y les dimos con la punta del zapato y los humillamos y los hicimos sentir como escoria. Escoria que nos invade mientras llevamos flores al camposanto.

La complejidad de la humanidad, no entendemos lo simple por simple; aún no hemos comprendido que estamos de paso solamente, que nada nos pertenece, que somos un soplo fugaz en la historia del tiempo, pequeñas partículas que arrastra el viento; y que cada segundo es una oportunidad para demostrar ese afecto que vamos a ir a llorar al camposanto. Para pedir perdón, para unificar, para corregir, para abrazar, para compartir nuestro tiempo que es lo más valioso que tenemos.

La vida nos muestra tantos caminos y nosotros nos empeñamos en lanzarnos piedras unos a otros, para terminar llorando mientras llevamos flores al camposanto, una y otra vez.

Fuente: [www.cronicasdeunainquilina.com]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Ilka Oliva Corado

Ilka Oliva Corado

Escritora y poetisa. Ilka Oliva Corado nació en Comapa, Jutiapa, Guatemala, el 8 de agosto de 1979. Desde muy niña vendía helados en el mercado de Ciudad Peronia, en la periferia de la capital guatemalteca. Es autora de tres libros: Historia de una indocumentada travesía en el desierto Sonora-Arizona, Post Frontera, y el poemario Luz de Faro.Actualmente escribe en su bitácora personal Crónicas de una Inquilina.
Ilka Oliva Corado