El sistema necesita de la corrupción

Y hay detrás de esa corrupción un deseo inacabable de poseer más.

Marcela Gereda

Esto de pretender que el sistema se va a cambiar a través de las capturas es tan ingenuo e ilusorio como cuando se pretende estar fit con un día de hacer pesas en el gimnasio.

Por donde sea que lo queramos ver, si nos vamos poniendo serios y severos con esto de las capturas de los “corruptos”, entonces todos –a nuestra medida– seríamos perseguidos por MP-CICIG, porque de diferentes maneras hemos alimentado y reproducido este sistema corrupto del que ahora nos quejamos, sin cuestionarnos cómo y por qué permitimos que se formara ese sistema que decimos repudiar.

Como zombis o títeres movidos por una çsupuesta y amputada realidad que nos dibujan los medios de comunicación, seguimos aplaudiendo unas capturas que no nos conducirán a la transformación real de eso que llamamos “sistema”. Pero mientras aplaudimos, suben nuevas ratas que vinieron a retomar el mismísimo lugar de los ahora procesados para hacer exactamente las mismas cosas. Es algo en el sistema y en la forma de hacer las cosas en nuestra apaleada geografía.

Y es que en esos juegos discursivos asumidos por muchos y cuestionados por muy pocos sobre la lucha contra la corrupción no hemos sido capaces de preguntarnos con honestidad: ¿si la corrupción es condición básica y parte inseparable del sistema, por qué asumimos como bandera e insignia la lucha anticorrupción como si con eso se pudiera acabar con la mentada corrupción que aplaudimos que se persiga?, ¿por qué no cuestionamos que –como dice mi amigo H– es el sistema el que produce la corrupción y no la corrupción la que produce al sistema?

Más allá del impacto que tendrán las capturas de alto impacto, hay todo un sistema perverso que necesita de esa corrupción (de la que hoy nos gusta jactarnos que hay que eliminar) para que el andamiaje se sostenga a sí mismo.

No queremos ver que para que el sistema sea posible, es decir que para que este se mueva, es necesaria la corrupción, porque la corrupción es la esencia misma del sistema. Y hay detrás de esa corrupción un deseo inacabable de poseer más. Un deseo insaciable de “tener” antes que de “ser”.

En este proyecto de imbecilización en el que nos ha embaucado el capitalismo salvaje, vivimos inmersos en un mundo en el que gozamos de manera alienada nuestra propia autodestrucción y a eso tenemos el tupé de llamar “modernidad”.

En nuestras ansias de consumir y tener para esa prometida “modernidad” a cambio de nuestro tiempo y dinero, enfrentamos un proceso de autodestrucción, alienación y vaciamiento. Y en medio de esa ceguera o encandilamiento que nos produce tal proyecto de imbecilización no vemos que hay ciertas luchas (y ausencia de ellas) a las que solo a unos cuantos pocos les conviene que asumamos, sin ver que hay todo un mar de fondo que estamos dejando de ver.

En otras palabras, la lucha contra la corrupción no va a cambiar el problema de fondo de este país. Porque el problema sigue siendo un país en manos de un puñado de familias rentistas que tienen controlado a un país construido como un saqueo permanente. Esas familias pusieron las reglas del juego, hicieron sus corruptelas antes de que existiera la CICIG, y ahora se dan aires de pureza.

Ese sistema corrupto en el que estamos inmersos todos es una economía basada en la concesión de privilegios, una economía de monopolios en la que no hay igualdad de condiciones, y en la que la realidad ya demostró que la teoría del derrame es un engaño inventado por los que tienen para quitarse culpas y responsabilidades.

Si fuéramos sinceros con nosotros mismos saldríamos de ese letargo que nos atraviesa para empezar a ver y aceptar que el sistema que intentamos transformar somos nosotros y que las capturas no solucionan el problema de fondo, fungen solo como una advertencia hacia las nuevas camadas de delincuentes de cuello blanco –a quienes, por lo visto, no les está espantando ni un poquito–.

La primera transformación para salir de nuestra ceguera pasa por reconocer la imagen del sistema que el espejo nos devuelve, pasa por destajar ese entramado sucio de dinero mal  habido, pasa por reconocer que sin corrupción no hay sistema.

P.D. Hablando de salir de la ceguera: la XIII edición de la Feria Filgua se celebrará desde este próximo jueves 14 de julio al 24 de julio en el Parque de la Industria en Ciudad de Guatemala. El 20 de julio en la misma tendrá lugar un homenaje a Edelberto Torres-Rivas. Ahí nos vemos.

Ese sistema corrupto en el que estamos inmersos todos es una economía basada en la concesión de privilegios, una economía de monopolios en la que no hay igualdad de condiciones, y en la que la realidad ya demostró que la teoría del derrame es un engaño inventado por los que tienen para quitarse culpas y responsabilidades.

Fuente: elPeriódico [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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