Desde una mirada histórica y antropológica, las sociedades humanas han vivido de la producción colectiva de alimentos desde el origen de nuestra especie.

Marcela Gereda

La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Para la sociedad actual y las nuevas generaciones, todo vacío parece llenarse yendo al mall a comprar esas “necesidades” creadas por las empresas, porque se nos vende la falsa noción que la felicidad está relacionada con la acumulación de objetos.

Para los neoliberales son las personas individuales y no los colectivos los que actúan en la sociedad y en la economía y quienes se relacionan entre sí intercambiando bienes y servicios por dinero. Es decir, no existen los colectivos, sino un puñado de individuos que intercambian bienes. El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista.

¿Qué representa llevar esa cultura del “yo” a todos los ámbitos de la vida? ¿cómo se puede vivir en familia si desde pequeños el imaginario colectivo está determinado por la ética del individuo de “yo” primero y “yo” segundo y tercero?

El filósofo Byung-Chul Han, explica cómo en esta sociedad del hiperconsumismo y que se hace cada vez más narcisista uno se “explota a sí mismo y cree que se está realizando”, una sociedad en la que el sujeto narcisista está abocado al éxito. Dice: “el neoliberalismo entiende al sujeto como proyecto y no como explotado, de esta manera el fracaso lo debe asumir el sujeto”. El resultado es la depresión y el síndrome de agotamiento (La sociedad del cansancio).

“Es la alienación de uno mismo que se traduce en anorexias o sobre ingestas de comida o productos de consumo”. “La universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente, el mundo está al límite de su capacidad, quizá así llegue a un cortocircuito y recuperemos ese animal original”. Un rasgo de esa ética individualista es que el único sentido que orienta las prácticas y las relaciones sociales es el que cada individuo crea para sí. Esta noción de “sálvese quien pueda”, “la ley del más fuerte”, regida por un individualismo egocéntrico en el que lo único que importa es ascender, no importa a qué costo, y en la que la cultura de masas no puede ir más allá del “yo” es insostenible para la supervivencia humana. Por ello diversos movimientos sociales globales se resisten a esta ética individual y proponen formas colectivas de enfrentar y asumir la vida, como el “buen vivir”.

Desde una mirada histórica y antropológica, las sociedades humanas han vivido de la producción colectiva de alimentos desde el origen de nuestra especie, mientras la sociedad basada en la tecnología, asociada al capitalismo individualista tiene solo unas cuantas décadas. Esto quiere decir que las sociedades humanas tienen fuertes raíces socio-adaptativas vinculadas al campesinado (y a la caza y recolección vividas en colectividad). Aunque la modernidad lo niegue, nuestra alimentación, desde los productos que comemos a la forma colectiva de producirlos son ejemplo de que nuestra especie viene y es por la colectividad. Así, debemos distinguir la pequeña historia del capitalismo individualista de la gran historia de la humanidad. Como especie hemos sobrevivido en y por el colectivo. La comprensión del mundo no puede limitarse a la comprensión capitalista (o de la economía del mercado) del mundo, necesitamos ampliar nuestra perspectiva. Desde este punto de vista del devenir histórico, “todos somos campesinos hechos unos con otros”.

Se les olvida a los defensores de la cultura del hiperconsumismo lo que la historia nos demuestra: que los colectivos están formados por individuos, y que los individuos solo pueden ser libres formando parte de colectivos. El ser humano solo fue posible porque comenzó pensándose y construyéndose desde un clan, una tribu, un colectivo que le dio fuerza y razón de ser y en el cual la vida solo existía desde un “nosotros”. Es ese “nosotros” el que podemos recuperar para un nuevo impulso a una nueva visión y praxis del mundo.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2019/03/11/el-individuo-por-encima-de-la-colectividad/]

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Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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