El hermano Berna

Rolando Enrique Rosales Murga‎

La historia que ahora paso a relatarles es parte de las vivencias que he podido experimentar, que me parecen interesantes porque no necesito inventar detalles, ya que los conozco de primera mano.

Comenzaré diciendo que soy escéptico y a lo largo de mi vida he logrado desenmascarar charlatanes. Mis padres siempre fueron muy devotos de la religión evangélica, aunque especialmente mi mamá. Mamá acostumbraba visitar diferentes iglesias evangélicas que formaban parte de otras subdenominaciones como el pentecostalismo, neopentecostalismo, bautista, y profética, entre otras. Dentro de estas había una en especial que será objeto de mi narración; la llamada “Iglesia primitiva o cuadrangular”, la cual era dirigida por un señor llamado Bernabé, al que todos llamaban el hermano Berna.

Bajito, moreno, de pelo lacio, de unos 45 años, vestido como abogado, el hermano Berna celebraba cultos todos los días tres veces. Era una persona muy famosa por sus exorcismos, los cuales grababa en cassettes en blanco y luego vendía como pan caliente. En esas grabaciones las supuestas personas poseídas insultaban al religioso con una voz cavernosa y gutural. Había uno que se vendía más, era el caso de una mujer cuya risa sonaba como la de Regan Mcneill, personaje que le diera la fama a Linda Blair para la adaptación cinematográfica de la novela de William Peter Blatty, El exorcista; la mujer le decía al hermano Berna que era un dios, que tenía en el vientre un “muñequito” que le daba el poder (sic). El hermano Berna interactuaba con los posesos ordenándoles que abandonaran el cuerpo; lo que según él sucedía cuando vomitaban de forma abundante.

Pasado un tiempo yendo a los servicios el hermano Berna nos recibía en su casa, la cual estaba adornada de grandes frascos que contenían plantas medicinales en un líquido amarillento que las preservaba. Por aquel momento los rumores comenzaban a correr de que el hermano Berna no era un pastor evangélico, sino un médico brujo, puesto que jamás afirmó siquiera ser pastor. En una ocasión nos dejó ver un exorcismo a mi mamá y a mí junto a un reducido grupo de personas. Mejor dicho, nos permitió estar presentes, ya que nos pidió estar orando siempre, con los ojos cerrados. Yo no aguanté la curiosidad y abrí los ojos, pudiendo observar al hermano Berna en acción. Golpeaba en el vientre a la persona, introduciéndole los dedos en forma de palma juntos al más puro estilo de película de artes marciales. Seguidamente se posicionaba sobre el poseído y lo inmovilizaba, mientras lo abofeteaba y le ordenaba abandonar el cuerpo. Le daba a beber al poseso de las plantas con el líquido amarillento, por eso era que vomitaban. Al orar el hermano Berna por los enfermos e imponerles manos, parecía que cuando eran mujeres jóvenes las estuviera manoseando; pero la gente lo creía incólume, incapaz de cualquier felonía.

Al tiempo comenzó a correr el rumor de que hermano Berna tenía varias mujeres en diferentes lugares, que había tocado a varias hermanas jóvenes de forma indecente. Para contrarrestar esos rumores hizo correr otros, en los cuales se le atribuía la capacidad de estar predicando en diferentes lugares al mismo tiempo (sic). Lo que sí era innegable es que mucha gente dejó de visitarle, a no ser para que les adivinara el futuro, que según decían era otro de sus poderes.

Invitaron al hermano Berna y a su ayudante a una predicación en una aldea apartada, pero a medio camino un grupo de hombres armados los interceptó. Al hermano Berna le dejaron marcada una cruz en el corazón y le clavaron un cuchillo; junto a la Biblia de su propiedad le dejaron una nota que decía “por mujeriego”. Su ayudante pudo salvar la vida, a pesar de ser herido con varios disparos de arma de fuego. Al morir el líder religioso se disipó su público, y la gente llegó a negar alguna vez haber frecuentado ese lugar, ya que según decían el hermano Berna era un brujo, un charlatán, y se hablaba de muchos hijos regados por diferentes aldeas de Jutiapa por el líder.

Yo tenía ocho años cuando eso ocurrió. La casa del hermano Berna estaba ubicada en la Colonia el Manantial, en la ciudad de Jutiapa.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga, 26 años, se dedica a la panadería tradicional. Escribe desde los 12 años. Su obra ha aparecido en las revistas mexicanas Catarsis y Papalote. Ha participado en certámenes y antologías a nivel latinoamericano. Su obra ha sido leída en radios de Colombia y España. Ha ganado certámenes a nivel local y sus poemas han sido objeto de estudio en tesis de los alumnos de Derecho de la promoción 2016 del Centro Universitario de Jutiapa de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
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