Por Salomé Guadalupe Ingelmo

Por décimo tercer año consecutivo, el Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet tiene el gusto de abrir sus puertas a escritores de habla hispana con cualquier nacionalidad, edad y lugar de residencia. Hasta el 15 de julio se extenderá el período para recepción de las obras, que pasarán a ser valoradas, una vez cerrado ese plazo, por nuestro equipo de jurados, compuesto, como cada edición, por un competente grupo de expertos investigadores y estudiosos del hecho literario, docentes en la materia y escritores de indudable solvencia.

Nos honra poder contar con su inestimable juicio, con la colaboración del extraordinario pintor español Alejandro Cabeza, que un año más realizará el retrato de nuestro ganador/a, y con la confianza de las diversas universidades, embajadas de habla hispana y otras instituciones y organismos encargados de velar por la cultura que han decidido respaldar este evento en 2019. Nuestra gratitud para todos ellos y muy especialmente para la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que además de apoyar esta inciativa acogerá en noviembre, como ya hiciera en la edición pasada, nuestra entrega de premios en su sede central de Madrid.

Además de nuestras nuevas BASES, tenemos ahora el placer de presentar también la ANTOLOGÍA de textos galardonados en la edición precedente, la de 2018. La componen veinte cuentos y un ensayo que ofrece abundantes claves de lectura sobre la obra ganadora. Estamos seguros de que este libro no defraudará las expectativas de nuestros simpatizantes.

Dado que no albergamos afán alguno de lucro y únicamente aspiramos a poner nuestro trabajo al servicio de otros escritores, las antologías pueden leerse y descargarse en diversos formatos desde nuestra propia Web. Como parte del premio, nosotros tampoco escatimaremos esfuerzos en la promoción de este libro, de tal forma que la valía de nuestros premiados se haga visible entre críticos literarios, editores, docentes e investigadores de la literatura en ámbito académico, escritores y amantes de las letras en general.

Como se podrá constatar, entre nuestros galardonados abundan las historias que retratan lo mejor y lo peor de nuestra especie; argumentos que a todos afectan y preocupan recorren estas páginas. Nada de lo humano puede ser ajeno al escritor. No obstante, muchos de nuestros participantes, en un intento por comprender mejor los mecanismos de la disciplina literaria y sus aportaciones a la sociedad, reflexionando sobre la propia actividad artística, se han aproximado a la metaficción. En ese marco, encontrarán cabida también en esta antología los homenajes a maestros consagrados como Borges, Lovecraft o Clarice Lispector

Para encabezar esta cuidada edición digital, hemos escogido como portada la impresionante obra de arte Hércules en la pira, de Guido Reni —que también pintó al héroe en otros tres cuadros más: acompañado de la hidra, Aqueloo y Neso respectivamente—, pues creemos que simboliza especialmente bien el destino y los avatares del escritor, sus sufrimientos y su victoria final, sea pírrica o no. Un azaroso trayecto vital que encarna también a la perfección, a través de su obra y de su propia biografía, la escritora brasileña Clarice Lispector, en quien se inspira el relato ganador de nuestra edición 2018.

Hemos elegido esta obra pintada en 1617 por Reni porque, como el mismísimo Hércules, como un infatigable héroe, tenaz e inmune al desaliento, el escritor se enfrenta a sus particulares pruebas y a sus propios monstruos. Y auguramos, así lo esperamos al menos, que, superados todos los trabajos, tras las extenuantes tareas afrontadas durante su vida terrena, cual Hércules triunfante, arderá en una pira que finalmente lo consagre. Que, en una bendita apoteosis, el escritor, audaz paladín convertido en inmortal bola de fuego incandescente, será aceptado por fin, tras todas las penalidades, en la Isla de los Bienaventurados y alcanzará su pequeño pedazo de gloria, su pequeña parcela de cielo. Porque creemos sinceramente, sabemos, que escribir nos hace imperecederos.

Los trabajos de Hércules y su propia asunción constituyen, así, una alegoría perfecta sobre las dificultades que acechan al escritor. Con un poco de suerte, también sobre su recompensa final. Nos parece, por tanto, que la obra de Reni resulta muy elocuente y representativa.

En realidad, a lo largo de la historia, el tema de la muerte de Hércules en la pira ha sido tratado por diversos pintores. Sin ir más lejos, en el Prado conservamos una sanguina datada hacia 1670 y obra quizá de Canuti, quien se formó en los talleres de  Guido Reni y Lanfranco. Canuti, a su vez, parece haberse inspirado en la versión del mismo motivo pintada por Cavedone  hacia 1596 en Casa Giovagnoni, actual Monte dei Matrimoni de Bolonia. Desde otra perspectiva menos trágica de la muerte, Rubens, que prepara cuatro obras sobre la vida del héroe para la Torre de la Parada, pinta La apoteosis de Hércules. Zurbarán, por su parte, incluye el episodio de la pira en su ciclo sobre los trabajos del semidiós, que es uno de los más completos y se compone de diez lienzos conservados en el Prado.

Ciertamente, la versión de Zurbarán, tan oscura y perturbadora, resulta de gran patetismo e inspira enorme empatía. Sin embargo, creo que la interpretación de Reni, entre sus varias virtudes, ofrece una composición plástica de gran dramatismo y, al tiempo, poderosamente alentadora; que aspira a lo alto, ofreciendo una alternativa a la muerte terrena. En ella el personaje aún no se eleva, pero parece dispuesto a un último esfuerzo para hacerlo. Como si albergase la esperanza o incluso la certeza de que ese ha de ser su destino último, su recompensa final.

Existe, en fin, una amplia tradición iconográfica alrededor del héroe, cuya figura se hizo muy popular en el Renacimiento. El erudito Vasari, de quien precisamente se dice que acuñó el nombre del periodo, decoró una entera sala del Palazzo Vecchio de Florencia con escenas de la vida de Hércules. El tema de sus doce trabajos gozó de enorme éxito, pues ofrecía un amplio abanico de posibilidades a la hora de estudiar un cuerpo sometido a esfuerzo, y además de la emotividad sugerida por esa musculatura en tensión, permitía insinuar mensajes de índole moral, ya que varios de los monstruos a los cuales se enfrenta el semidiós fueron leídos en clave alegórica. Así, el héroe pasó a personificar también la recta conducta —quizá entre los ejemplos más representativos se encuentran Hércules matando a la Envidia, de Rubens; Alegoría de la Virtud y el Vicio (o La elección de Hércules), de Veronés y Hércules en la encrucijada (o El juicio de Hércules), de Annibale Carraccicci, quien en la sala dedicada al héroe del romano Palacio Farnesio ejecutó también seis grisallas con otros episodios de sus aventuras, entre las cuales su paso por la pira, y dos frescos más: Hércules sosteniendo el mundo y descansando—. Por este motivo, Hércules sirvió de modelo a algunos soberanos de época moderna, que se hicieron representar siguiendo los cánones impuestos por el héroe.

No obstante, esos cánones tampoco constituyen exactamente un invento del Renacimiento, sino que se revelan directos herederos de una tradición iconográfica precedente codificada, en realidad, en la antigua Mesopotamia. Así, el Hércules revestido con la piel del león de Nemea perpetúa la imagen del Gilgameš dominador de leones —y enemigo de la serpiente, quien finalmente le roba la planta de la inmortalidad—, que tanto éxito tuvo en la glíptica proximoriental. Del mismo modo, la fisonomía del héroe mucho parece deber a los laḫmū acadios, que, como porteros del Apsû —el gran océano inferior, reino de Enki—, dominan chorros de agua o serpientes con ambas manos y desempeñan en ocasiones, al sujetar las hojas de la puerta del infierno, el papel de atlante —como, ocasionalmente, Hércules, que sustituyó temporalmente a Atlante durante su aventura en el jardín de las Hespérides—. Por supuesto, la postura clásica de los laḫmū que aparecen en los sellos mesopotámicos nos evoca inmediatamente la anécdota en la que, siendo aún bebé, Hércules estrangula con sus manos a los dos ofidios enviados por Hera para acabar con su vida. Por otro lado, el héroe se enfrenta a diversas serpientes a lo largo de su existencia—el episodio en el que mata una enorme serpiente junto al río lidio Sagaris a petición de Ónfale, aquel en el que libera a Hesíone del dragón marino al que ha sido ofrecida, el del robo de las manzanas de las Hespérides, el de la lucha contra la hidra de Lerna…—, por lo que advertimos en él también una faceta relacionada con el dominio de las aguas —que se manifiesta, por ejemplo, cuando desvía el río Alfeo para limpiar los establos de Augías—.

No extraña, por tanto, que uno de los títulos más habituales de Hércules fuese “Matador de serpientes”, y que se apropiase de los atributos del animal y se identificase en él, como demuestra su terrorífico escudo con doce cabezas de serpiente grabadas; el que, mientras buscaba el ganado de Gerión, llegase a tener tres hijos con un ser medio mujer y medio ofidio y, sobre todo, su propia muerte, pues después de que casi hubiese ardido por entero en la pira, reapareció en toda su majestad “como una serpiente que muda su piel” y fue transportado por su padre Zeus hasta el cielo, donde se convirtió en portero.

Esperamos, por todo ellos, que, bajo el auspicio del esforzado Hércules, esta antología que hoy presentamos abra las puertas de la merecida e imperecedera gloria a nuestros autores galardonados.

Sin más preámbulos, pues, queda inaugurado el período de recepción de obras a concurso para nuestra edición 2019, que permanecerá abierto hasta el 15 de julio. Aguardamos con ansia vuestras obras para darles la atenta lectura que sin duda merecen.

Salomé Guadalupe Ingelmo

Coordinadora del Certamen Literario Internacional Ángel Ganivet

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