Barriletes y mensajes escritos en papel de china

Los barriletes revelan una manera distinta de entender y practicar el mundo que hoy continúa ampliamente extendida en nuestro país.

Marcela Gereda

Elevar las almas en colores es quizás uno de los sentidos de la elaboración de esos pájaros gigantes y coloridos que son los barriletes de cada uno de noviembre.

Según la tradición oral, se dice que los barriletes representan la unión del inframundo con el mundo. También los indígenas reconocen en estos cometas inmensos que elevan a los vientos, el canal de enlace entre los muertos y los vivos.

Los barriletes fungen entonces como verdaderos mensajeros. Muchos de ellos alzan a las alturas sobre cerros y montañas milenarias, rezos, mantras, súplicas y telegramas. Algunos mensajes se logran leer desde la distancia y otros resultan imperceptibles; van escritos en la cola de la pita.

Deben ser los colores del cielo. Acaso cómo el viento se va cargado de una sensación de intensidad y a la vez fugacidad en la luz del tiempo. Quizás el frío que entra a los pulmones en forma de saudade o de una melancolía inexplicable. Pero algo es distinto en la atmósfera cuando se empieza a asomar noviembre a la piel.

Entonces a una le da por escuchar desde más lejos, y observar desde más cerca: interesantes tiempos para la antropología simbólica; un mundo que se descompone de estructuras y a la vez se reconfigura en símbolos y en nuevos entramados de significaciones culturales y mezclas de mezclas de pasado milenario en un presente repleto de incertidumbres.

Entre olor a pino, ciprés y copal, esta geografía quebrada, y el primer cielo de noviembre que se asoma a nuestras ventanas, van naciendo esas flores amarillas del Día de los Muertos y que hacen resucitar una vez más el dulce olor a maíz y atol, a flores y a cientos de niños, a mujeres, hombres, jóvenes y ancianos que sin ninguna dificultad ni empacho pasan de celebrar a la Virgen del Rosario con buñuelos y torrejas, a llevar ofrendas a las tumbas y a conversar con sus seres queridos.

Llegan como cantando, a dar vida a los que ya no están, a abrazar la muerte como se abraza la vida, lo hacen con mensajes inscritos en sus barriletes gigantes, en la que conversar y ofrecer aguardiente a los antepasados, y tapizar con flores y agujas de pino las tumbas, es tan natural como el baile y como la risa.

Los mensajes escritos en esos pájaros gigantes mensajeros que son los barriletes, van desde reivindicaciones multiculturales, luchas por la defensa del territorio, hasta protección para familiares migrantes trabajando, sobreviviendo en Estados Unidos.

El año pasado recuerdo haber hablado con algunos jóvenes elaboradores de barriletes en Santiago Sacatepéquez. Me llamó la atención la insignia escrita por la agrupación Kaqchikel “hijos ancestrales del tiempo”, quienes en su barrilete escribieron: “la agonía de nuestra tierra, es cada día más grande, sin darnos cuenta nosotros mismos la estamos destruyendo”. En otro barrilete se leía: “el misterio de la cultura maya para la nueva era”. O también: “llamamos a esto desarrollo, mientras nuestros niños se están muriendo”.

No tengo idea de cómo crean estos mensajes, pero seguro hay una esperanza entre ellos de que al levantar este mensaje al viento, algo cambiará. Es un rezo a lo alto, y a lo divino.

También en Santiago Sacatepéquez sucede un poco lo que hoy en todo el sistema-mundo, es decir la sociedad globalizada: el capitalismo tiende a homogenizar consumos; con todo y la hegemonía de la economía de mercado, esta población sigue viviendo el Día de los Muertos, celebrando la muerte como un hecho social: elaborando y creando artesanalmente estos barriletes, símbolos espirituales y elementos sociales que cumplen funciones de cohesión social, legitimación política que alimentan la identidad local cuyas formas de expresión también se reconfiguran con la presencia de la telefonía, las marcas y el mercado global.

Los santiaguenses al alzar los barriletes por los cielos del altiplano contradicen la lógica de la eficiencia, en lo que parece un despilfarro del trabajo en un acto efímero. Los barriletes revelan una manera distinta de entender y practicar el mundo que hoy continúa ampliamente extendida en nuestro país, a pesar de las burdas lógicas que imprime el capitalismo en nuestras vidas.

Hay en estas manos artesanas que fabrican e inventan a colores mensajes para alzarlos en forma de mantra y dar sentido así a lo que son ahora y a aquello en lo quieren convertirse.

Los mensajes escritos en esos pájaros gigantes mensajeros que son los barriletes, van desde reivindicaciones multiculturales, luchas por la defensa del territorio, hasta protección para familiares migrantes trabajando, sobreviviendo en Estados Unidos.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda

Latest posts by Marcela Gereda (see all)