Atol con el dedo

Jaime Barrios

Los niños no son solo el futuro de una nación, sino la base del futuro. La infancia debe ser el máximo tesoro de un país. O debería serlo. Pero sucede lo contrario ahora en Guatemala. Bastaría con volver a esas páginas del Señor Presidente, donde se narra la historia de la humilde criada Fedina Rodas. Intercalando capítulos, Asturias nos cuenta la cruel detención, el interrogatorio sin sentido y la creciente ansiedad de la madre que quiere dar el pecho a su bebé, también preso el pequeño, y al cual oye llorar desesperadamente hasta que el llanto se extingue.

La Organización Internacional del Trabajo refería hace unos pocos años que en el país laboraban 800 mil menores de edad, en malas condiciones. Ya Unicef también ha dado alarmas sobre la infancia guatemalteca. Sobre todo la desnutrición, la cual ha llegado a niveles inaceptables, y es de las más altas de Latinoamérica. Las estadísticas anuncian apenas las violaciones más extremas de los derechos del niño. Las humillaciones, la orfandad. Y recientemente se entregan nuevos indicadores negativos sobre desnutrición infantil, mortalidad infantil y falta de escolaridad.

La infancia guatemalteca ha sido explotada por décadas. Millones de guatemaltecos tuvieron una infancia deficitaria, con violencia intrafamiliar, desnutrición y falta de escolaridad. De ahí tanto adulto traumado, tanto comportamiento criminal y violento. La situación, trágicamente ha empeorado. A la infancia se le induce, directa o indirectamente, a la criminalidad. Se abusa sexualmente de los niños. Se roban niños. Se venden niños. Se asesinan niños. El infanticidio prolifera entre la pobreza junto a las drogas, la prostitución, el abandono y la violencia.

¿Qué puede esperarse del futuro si no se cambian las estructuras del infanticidio estructural? ¿Cuántos niños nacidos en este siglo llegarán a la vida adulta? ¿Cuántos vivirán una vida plena, llena de realizaciones y felicidad?

La expresión dar atol con el dedo viene del hecho dramático de que muchas campesinas paupérrimas engañan a sus hijos hambrientos, dándoles atol con un dedo para paliarles el hambre. Las razones de esta costumbre son de un concretismo brutal: el hambre. La mujer campesina, generalmente desnutrida, no tiene leche, es seca. Demasiados hijos y muy seguidos. Necesidad de trabajar en plena lactancia. Agotamiento del cuerpo. Este dar atol con el dedo significa en buen guatemalteco “engañar” y en su origen “engañar al hambre”. Por añadidura el dicho se aplica a toda forma de engañar.

Nuestros niños sin infancia, aunque la infancia sea el tiempo de los tiempos. Pasa pronto, pero según los sicoanalistas no termina nunca, ya que afecta toda la vida del adulto. Innegociable resulta entonces robarles a los niños su infancia. ¿Qué se dirá dentro de 100 años sobre nuestra época, cuando ser niño resulta casi un delito, castigado con la pena de muerte por inanición o por enfermedad o el castigo del trabajo forzado, en lugar de la escuela, el juego y la seguridad de un hogar?

Fuente: [www.s21.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.