Aprender a ser autocríticos

Vemos la realidad solo desde la superficie sin hundir la mirada a la raíz de las cosas.

Marcela Gereda

En sociedades de herencia colonial y de un provincialismo inmenso, los códigos sociales mediante los que nos relacionamos además del nocivo clasismo y racismo, hay también, en nuestras comprimidas burbujas sociales e individuales, cierta incapacidad analítica y reflexiva sobre qué y quiénes somos, sobre el lugar que ocupamos en el mundo y sobre aquello que nos mueve para pensar de una manera y no de otra, para actuar como actuamos.

Además de las lógicas colonialistas para organizar la vida social, hay en nuestros laberintos cierta minusvalía para ver hacia dentro, para escuchar y conocer el lenguaje del interior. Es decir hay aquí una carencia para poder ser autocríticos. Este rasgo o característica atraviesa a todas las clases sociales de nuestro país, pero sobretodo a la elite.

Aquí nuestras elites económicas viven en una burbuja disneylandizada, mientras una parte de la izquierda no parece poder pensar más allá de sus narices, de sus egos y de esa incapacidad de autoconocimiento y autocrítica que a todos parece atravesarnos.

Me llama la atención escuchar a eruditos intelectuales chapines capaces de dar cátedras de historia, economía y política, pero con un hondo desconocimiento sobre sí mismos. ¿Cómo se puede acceder a la verdad del mundo si no tenemos la verdad sobre nosotros mismos? ¿Por qué nos da tanto pavor ver hacia dentro? ¿Por qué preferimos ir por el mundo disfrazados de falsos profetas, pero no queremos enfrentar el infinito de nuestras contradicciones interiores? ¿Es acaso por aquello de que el enemigo más grande que tenemos somos nosotros mismos?

Para conocer la verdad del mundo debemos conocer primero nuestras verdades más hondas, aquello que nos mueve y que nos condiciona. Ser honestos con nosotros mismos para poder ser honestos con el mundo.

Ahora que comenzamos un nuevo año, tal vez es buen momento para recordar y poner en práctica la frase inscrita en el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, de poner por fin el espejo de frente, de reconocer esa imagen distorsionada que no nos gusta de nosotros mismos, pero que encararla puede significar el punto de partida para empezar a caminar y trabajar sobre uno mismo, porque para ser libres debemos conocer nuestras posibilidades y nuestras limitaciones.

Conquistar nuestro ser implica conocernos, aceptarnos, estudiarnos y para ello la autocrítica es imprescindible para crecer porque nos ayuda a atravesar el dolor interno, a estar más allá de nuestras erradas percepciones de la realidad.

Un nuevo año nuevo nos espera, de nosotros depende la capacidad que logremos forjar de ser más conscientes, de poder salir de nuestras zonas de comodidad y de los juicios que hacemos sobre los otros, y las falsas construcciones que muchas veces hacemos sobre la realidad.

Descubrirse es una palanca de fuerza para ser motores de conocimiento, focos de buena energía para el mundo que nos rodea.

Por ejemplo, si hubiera más consciencia del mundo en el que vivimos la gremial de plásticos no sería capaz de oponerse a la iniciativa de la Municipalidad de San Pedro la Laguna de suprimir el uso de plásticos bajo el falso argumento de “libre competencia”. Si dicha gremial fuera más autocrítica tendría la capacidad de ver el daño que le hace al medio ambiente, pero prefieren no ver la realidad y creerse “buenos cristianos” por “generar empleo”.

Vemos la realidad solo desde la superficie sin hundir la mirada a la raíz de las cosas. Decimos que queremos justicia, pero no queremos que nos fiscalicen, que queremos memoria pero votamos por el olvido.

No solo como individuos y gremios hay una abrumadora incapacidad de autocritica, también como sociedad hemos sido incapaces de autocriticarnos para comprender y modificar los retorcidos valores de esta sociedad hipócrita en la que torres de marfil florecen en medio de mares de miseria.

Inconscientes, campantes, dogmáticos, cerrados al diálogo interior y de espaldas a la verdad de dentro y de fuera, seguirán viviendo muchos en sus burbujas de falsas ficciones que luego probablemente les explotarán en la cara.

A todos mis lectores les deseo un feliz 2017, de mucha consciencia, de capacidad analítica y autocrítica para emprender el verdadero camino de conocerse para alcanzar aquello que sus corazones necesitan para conquistar lo más alto y generoso de sí mismos.

Decimos que queremos justicia, pero no queremos que nos fiscalicen, que queremos memoria pero votamos por el olvido.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda