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“Oligarquía” viene de los vocablos griegos oligos (“pocos”) y arcos (“mandar”). No la inventó ningún “socialista”.

Oligarquía es un concepto creado por los antiguos griegos cuando su aristocracia se corrompió y delegó el poder político y el control del Estado en sus consanguíneos, en vez de elegir a los políticos más aptos. Pero oligarquías habían existido desde que la humanidad tuvo que crear organizaciones políticas para asegurar la dominación de clase que supuso la necesidad de acaparar los primeros excedentes productivos. La RAE define oligarquía así: “1. Gobierno de pocos. 2. Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social. 3. Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio”.

La oligarquía guatemalteca está conformada por tres grupos de familias con sus fieles émulos y siervos: 1. Las familias criollas de la aristocracia colonial que hicieron su fortuna “a lomo de indio”, y otras de origen español pero sin el pedigrí de la ilusoria “pureza de sangre” (tanto más absurda cuanto que viene de la Península Ibérica, la geografía más mestizada de Europa desde mucho antes de la aventura colonial), que hicieron su fortuna a la sombra del despojo “liberal” de Barrios y García Granados. 2. Las familias alemanas a las que los gobiernos criollos otorgaron tierras para el cultivo del café a fines del siglo XIX y que hicieron su fortuna a la sombra de Estrada Cabrera. 3. Las familias de nuevos ricos del siglo XX que hicieron su fortuna con monopolios en rubros económicos modernos y ligados a la industria, a la sombra de Ubico e Idígoras Fuentes. 3.1. Los emuladores nuevos ricos delincuenciales que pasaron a merodear ámbitos de la élite en los años 70 del siglo pasado, a la sombra del Estado militar. 3.2. Los advenedizos empleados de confianza y otras variantes de la servidumbre que se ocupa de que los negocios de la élite prosperen, como algunos extranjeros arribistas que casan bien con despistadas mujeres de esta inculta clique, ciertos militares y diputados corruptos, y otros miembros de grupos paralelos.

La ideología racista, fascista y cristiana (católica fanática o protestante fundamentalista) es la argamasa que le da cohesión, legitimación e identidad a esta rústica oligarquía que confunde modales viejos con ilustración y que apenas logra hilar dos ideas concatenadas cuando despliega en público la vulgaridad de sus ínfulas ante la pobrería indioladina, sin la cual carecería de término de comparación y entraría en crisis terminal de identidad.

Una economía oligárquica riñe con un capitalismo basado en la igualdad de oportunidades, la libre competencia y la igualdad ante la ley porque las prácticas monopólicas impiden el surgimiento de más y más empresarios que, mediante su acceso al capital, creen nuevos empleos y más asalariados para fortalecer el mercado interno de producción y consumo. Las prácticas oligárquicas son el gran obstáculo para la modernización del capitalismo porque los pequeños, medianos y grandes empresarios que no pertenecen a las redes familiares elitistas descritas, quedan fuera de la competencia, condenados a una prosperidad limitada o a la quiebra, e imposibilitados de emplear a quienes se tornan pobrerías miserables que emigran para poder comer.

Pero son estos empresarios no-oligárquicos quienes pueden lograr un cambio económico que nos haga despegar como país, uniéndose y convocando a una gran convergencia nacional interclasista y democrática, e impidiendo que la oligarquía gane las elecciones.

Autor: Mario Roberto Morales.

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Mario Roberto Morales

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