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Una disyuntiva cuyo desenlace nos afectará a todos.

Mario Roberto Morales

El salvaje asesinato público de George Floyd en Minneapolis no sólo rebalsó el vaso del histórico descontento afroamericano haciendo crujir la estructura misma del sistema estadounidense, sino también ha contribuido a consolidar el golpe de Estado en marcha contra Trump por parte de Soros, Wall Street y los demócratas clintonianos y obamianos, todos los cuales son agentes activos de la industria armamentista y del capitalismo financiero transnacional, el mismo que perpetró el fraude global que estalló en el 2008 (pero que empezó en 1971), y también la quiebra del actual sistema financiero transatlántico, de lo cual la oligarquía planetaria quiere culpar al coronavirus. A esto se debe el manejo manipulador que esta oligarquía ha hecho de la epidemia mediante el forzado confinamiento, y también el que infiltre instigadores en las filas de quienes protestan por el asesinato de Floyd, pues si Trump se reelige, los planes de Soros y amigos se verán muy afectados.

Este golpe de Estado ―que alcanzó su primer clímax con el quimérico intento de ‘impeachment’― obedece al choque de intereses entre el sector financierista del capitalismo global y la facción que impulsa la productividad física y que concuerda con China y Rusia en un proyecto desglobalizador y nacionalista del capitalismo para la construcción de infraestructura global, según los lineamientos chinos de la Nueva Ruta de la Seda. La guerra verbal de Trump contra China es una táctica de éste para captar votos de sus contrarios y reelegirse, mientras por debajo de su discurso apoya la idea de la colaboración de Estados Unidos con China y Rusia para evitar una guerra nuclear. Algo que sí desean los demócratas mencionados por tener intereses en la industria armamentista y en el improductivo financierismo especulador. Por su parte, los intereses familiares de Trump van por el lado de la productividad física, de modo que está con China no por buena gente, sino por interés económico. Aquí no se trata de optar obedeciendo a la falsa dicotomía de demócratas contra republicanos ―porque son caras de la misma medalla―, sino de establecer a qué obedece la actual situación interna de Estados Unidos y a demoler el mito de que las élites financieras demócratas son mejores que las clicas económicas republicanas. También se trata de decidir qué le conviene más al mundo: una guerra nuclear “limitada”, como la que quiere Hillary, o una desglobalización y nacionalización productiva como la que buscan China y Rusia, y ―sí― también el racista, sexista y narcisista de Trump.

Divierte que, así como el coronavirus echó una cortina de humo sobre el apocalíptico cambio climático, la sexista ideología de género (no la lucha feminista), los esencialismos etnocéntricos y otros reclamos culturalistas ―financiados por Soros para ocultar la lucha de clases―, ahora la violencia racial en Estados Unidos haya venido a opacar al coronavirus mismo y a echar por tierra tanto el pánico que causaba, como el debate sobre “quedarse en casa” o “abrir la economía”. De todos modos, la economía está “abriéndose” con el coronavirus en su apogeo y ―ahora― con la guerra racial en uno de sus picos mayores.

Cabe por eso preguntar: ¿será que la futura recesión ―por la quiebra fraudulenta del sistema financiero transatlántico― nos hundirá en un mundo de pobreza extrema, con una élite caníbal en la cúspide del poder global? ¿O cambiaremos de paradigma mediante la alianza de China, Rusia y Estados Unidos? Pronto lo sabremos.

Divierte que, así como el coronavirus echó una cortina de humo sobre el apocalíptico cambio climático

Fuente: [www.mariorobertomorales.info]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Mario Roberto Morales
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