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No es el aborto, la vida y la familia, es la corrupción

Manolo Vela Castañeda

El fantasma del aborto recorre las calles de Guatemala. Que no le engañen, que no le sorprendan. Detrás de ese discurso está la agenda las mafias que se hallan en una situación de desesperación ante los avances que la lucha contra la corrupción ha tenido.

No se trata de los valores cristianos en contra del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación sexual, la vida y la familia. Se trata, nada más y nada menos, que los mafiosos hallaron la manera de emplear estos temas a su favor para golpear a los sectores que están luchando con afán en contra de la corrupción y la impunidad en Guatemala.

Los mafiosos montaron tarima inventando una confrontación contra un fantasma, algo que no existe, dos anteproyectos de ley: Ley de Protección integral, acceso a la justicia, reparación digna y transformadora a las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, explotación sexual y trata de personas; y Ley de Identidad de Género. Pero se trata de anteproyectos de ley que apenas se hallan en discusiones en comisión y que todo apunta –dadas las correlaciones de fuerza, esa palabra rimbombante que se emplea para decir si se tienen o no los votos– que no pasarán de allí. Ambos proyectos no obtendrán los votos en las comisiones a las que fueron derivados.

Y eso será así no por efecto de alguna movilización ciudadana sino porque en el Congreso no hay votos para los temas que ambos proyectos abordan. Ambas iniciativas fueron presentadas a finales del año pasado por la congresista Sandra Morán, del partido Convergencia.

En un carril aparte va otro anteproyecto, Ley para la Protección de la Vida y la Familia, presentado en abril de 2017 por el diputado Aníbal Rojas, del partido Viva, Visión con Valores. Esta iniciativa obtuvo, el 7de junio, la aprobación en comisión (la comisión de Legislación y puntos constitucionales, que preside el diputado Linares Beltranena); y luego, ya en el pleno, ha pasado por el primero (22 de agosto), y por el segundo debate (28 de agosto). Es altamente probable que esta ley sí sea aprobada en las siguientes semanas, porque los votos para los temas que se abordan en esta ley sí están.

Viva, el partido del que forma parte el congresista Rojas, ponente de la “Ley para la Protección de la Vida y la Familia”, fue el partido que cogobernó con el Partido Patriota, hasta que Harold Caballeros, el cacique del partido, se dio cuenta que la política no iba con él y se bajó del barco. Lo abandonó también el ingeniero agrónomo Efraín Medina, otro exrector de San Carlos que se da su vuelta por la política, ministro de Agricultura del gobierno del Partido Patriota entre 2012 y 2013.

El partido Viva es una extraña mezcla de diputados mafiosos, con una larga trayectoria en el Partido Patriota; otros, que han hecho carrera en el sector empresarial; y otros más, que se han distinguido por sus servicios como abogados de grandes grupos empresariales.

Su jefe de bancada es Juan José Porras, quien fue el operador político del Partido Patriota en el Congreso. No solo fue diputado del Partido Patriota fue Jefe de Bancada a lo largo de cuatro años, de 2012 a 2016, hasta que había que buscar la reelección quitándose la máscara del PP y fue recibido en Viva. Otro de las joyas de la bancada es Juan Manuel Díaz-Durán, representante en Guatemala de Mossack Fonseca, la firma de abogados panameña especializada en operaciones de lavado de dinero y evasión fiscal.

María Eugenia Tabush, otra diputada por este grupo, tiene intereses en grupos económicos clave:el azúcar, Pops, Zadik, entre otros. Cromwell Cuestas es representante de la gremial de importadores de vehículos nuevos. El ponente de la ley, el diputado Aníbal Rojas, con una larga trayectoria en la política, que empezó en el partido MAS, de Jorge Serrano Elías, fue abogado de Corporación Multi Inversiones, el emporio de los Bosch-Gutiérrez.

La confrontación contra este adversario de papel –anteproyectos de ley sin ninguna perspectiva–tiene un único propósito: dar un giro a la agenda política. Lo que esperan es pasar del escenario a favor y en contra de la corrupción; a otro, en el cual los temas sean estar a favor y en contra del aborto, los matrimonios entre el mismo sexo, la educación sexual. Pasados muchos años sin ser capaces de posicionarse, empleando ese rancio nacionalismo, el Señor Morales declamando frasesitas del himno, asustando con el discurso de la agresión extranjera, la permanente batalla contra la CICIG; y ahora se les presentó la oportunidad de cambiar de tema: que el aborto, que el matrimonio entre personas del mismo sexo, que la educación sexual son la agenda de Naciones Unidas, que nadie tiene que venir a imponernos, que la familia, que la vida, y los valores cristianos. Es una derecha sin rumbo, acostumbrada a operar, a hacer política, en el ecosistema de la corrupción.

Si atacar a la CICIG no fructificó, ahora prueban con esto otro. Lo más preocupante es que su horizonte no es esta semana, ni la ley Ley para la Protección de la Vida y la Familia, que esa les importa muy poco. Su apuesta es 2019, la batalla por la presidencia y la mayoría en el Congreso de 2020. Mientras con estos temas intentan crear un escenario de polarización, al mismo tiempo conforman una alianza política. En esta se halla Viva, FCN, por supuesto, el viejo PAN, Creo, y el partido Unionista. Barajean nombres para encabezar un proyecto político con el que presentarse a las elecciones, allí se mencionan Roberto Arzú, o al mismo Manuel Ayau, hijo. Sueñan, además, con un escenario en el que la fiscal María Consuelo Porras Argueta decida presentar un caso contra Thelma Aldana y Sandra Torres, paralizando entonces a ambas candidatas a la presidencia. El pacto de corruptos ahora quiere judicializar la política. Van por “mesa limpia”, eso es lo que–entre ellos– dicen.

En ese contexto se inscribe el comunicado que el pasado viernes 31 leyera el presidente Morales, en el que anunció la no renovación del mandato de la CICIG. Más que el comunicado, lo que impresionó fue la demostración de fuerza con la que el mandatario se presentó ante la prensa, rodeado de militares, y el desfile de carros militares –que por cierto fueron donados por Estados Unidos–, y que llegaron –incluso, vaya paradoja– a pararse enfrente a la Embajada de Estados Unidos.

El detonante se halla en el nuevo antejuicio planteado por el MP y la CICIG contra el Señor Morales, y la posibilidad de que la CICIG y el MP presentaran –esta semana– un nuevo caso contra varios diputados de MR, que pudieron haber recibido sobornos. Esta acción judicial hubiera alterado radicalmente el estado de fuerzas en el Congreso, de cara a la votación para resolver el antejuicio contra el presidente. Por eso la urgencia en salir, y demostrar fuerza, de parte del Señor Morales, con un comunicado que no dice nada, pero con tanquetas y rodeado de militares. No le importó que se le acabara la semana y que ahora se entrara a la tensa calma del fin de semana. Él necesitaba detener, o así es como lo interpreta, lo que la próxima semana estaba o está por ocurrir.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/09/02/no-es-el-aborto-la-vida-y-la-familia-es-la-corrupcion/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda
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