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«La tierra clama por la sangre de tu hermano»
Así dijo Dios a Caín, el fratricida,
y ahora en mi tierra este clamor de siempre
se hace más grande, más fuerte y profundo
por más sangre inocente que se ha derramado.

Mis niñas preciosas; angelitas bellas
pensando que nadie en su auxilio venía.
¡Qué tragico sino aplastó sus vidas?
¿Qué trágico sino cortó sus doradas risas!
¡Qué angustia más grande vivieron juntitas!
¡Tan juntas como antes jugaron muñecas!

¿Serían hermanas? Así lo parece,
y la pregunta me lleva al pasado cuando con las mías todo compartía.
«¡La llevas!»
«¡No es justo, tú eres más grande; juguemos adentro!»
Estas son las frases que todos los niños decir deberían.

Perverso asesino
cambiaste sus dichos por gritos de auxilio.
Cambiaste su infancia por infame muerte;
su patio de juegos por fría, muy fría y postrer morada.

¿Por qué son Mis Niñas si no las conocía?

Porque eran mujeres, porque tengo hija,
porque tengo nieta, madre, hermanas y amigas,
y ninguna merece pasar por la infamia de ser torturada,
y vilmente, inútilmente, despiadadamente sacrificada.

Descansen en paz mis niñas bonitas;
mis niñas queridas; mis niñas amadas.
Allá en el Cielo, El Más Grande de todos
sale a recibirlas para que en Sus brazos sean consoladas.

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