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Mataron a Juana otra vez

Lucía Escobar

Lucha Libre
@liberalucha

No he dejado de pensar en Juana desde que me enteré de su asesinato. Le metieron cuatro tiros mientras caminaba a dejarle la cena a su esposo, cerca del puente Xonalay. Se llamaba Juana Ramírez Santiago, tenía 57 años y era originaria de Nebaj, Quiché. Trabajaba como comadrona en su comunidad y además era fundadora de la Red de Mujeres Ixiles, una organización dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres indígenas.

En las comunidades, las comadronas tienen un lugar especial: ellas son las dadoras de vida y su trabajo no se compara con nada. El servicio que las comadronas ofrecen es invaluable. Son seres especiales que reciben el don desde pequeñas, aprenden acompañando a otras mujeres en el proceso de dar vida y se van capacitando cada vez que pueden. Gracias a las comadronas, también las mujeres pobres y de escasos recursos pueden tener un parto digno y seguro. No importa que tan lejos viva la parturienta, que tan difícil sea el acceso, las comadronas caminan y recorren pueblos, caseríos y aldeas hasta llegar a cualquier lugar con tal de apoyar a una mujer que lo necesite. Una comadrona es más que un servidor de la salud, es una consejera, nutricionista, una abuela que comparte sus saberes. Es gracias a su trabajo en comunidad, como las parteras se convierten en lideresas.

Ellas enseñan, aglutinan, transfieren información importante y salvan vidas. Son parte importante de la sociedad y muchas veces proponen y hacen cambios para bien. Quizá por ello, por ese trabajo proactivo y gratuito que realizan es que tienen mucho poder en las comunidades, la gente las admira y respeta, las sigue, las escucha. Las comadronas son autoridades indígenas del más alto nivel que merecen todo el respeto del mundo. Su trabajo es sagrado, voluntario, imprescindible. Me duele la muerte violenta de Juana. No la entiendo. Su asesinato, se suma a una ola de violencia que no parece querer detenerse.

Hace apenas dos meses, también asesinaron a otra mujer indígena ixil, Juana Raymundo, era una joven enfermera, quien con apenas 25 años ya era considerada una líder importante de Codeca, el Comité de Desarrollo Campesino. Era fundadora del comité ejecutivo municipal del Movimiento para la Liberación de los Pueblos, un nuevo partido en el que se encargaba de la formación política de los jóvenes.  Juana Raymundo fue torturada y asesinada, su cuerpo apareció a orillas de un río entre Acambalam y Nebaj.

En lo que va del año 2018, se han registrado al menos veinte asesinatos contra defensores de derechos humanos, según cifras de la Procuraduría de Derechos Humanos. Muchas de estas muertes no tienen las mismas características de los asesinatos por violencia común.

De hecho, Quiché es de los departamentos con menos muertes violentas en general. Aunque para las mujeres indígenas la situación es más grave.
En menos de tres meses, han asesinado a dos Juanas, ambas ixiles, ambas lideresas, ambas motores de cambio en su comunidad.

El pueblo ixil es sobreviviente del genocidio que el ejército de Guatemala perpetuó. Las mujeres de esa región han llevado sus casos judiciales a los más altos tribunales. Es tiempo de que termine de correr la sangre. Justicia para Juana Ramírez Santiago.

Justicia para Juana Raymundo.

La fuerza de las mujeres es imparable. Somos vida. No queremos más muerte.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/lacolumna/2018/09/26/mataron-a-juana-otra-vez/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar
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