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Danilo Santos

Los mapas cartesianos son inútiles en Guatemala, da igual si creemos que sabemos matemáticamente dónde se encuentran los temas y los protagonistas de la cotidianidad púbica en el país, la realidad siempre nos sorprende más allá de cualquier cálculo.

Bien puede ser la entrega de un peso pesado de la corrupción como Sinibaldi o el nuevo capítulo del culebrón entre Ejecutivo y Legislativo, o las nuevas disposiciones político-electorales o, el peso por el cual se inclinan las cortes; ningún cálculo aguanta el análisis y la prospección, son más fuertes las liviandades de los remilgados cuatreros que juegan a ser políticos.

Que no le gustan las brigadas cubanas de médicos, pues legislar a favor de condiciones que generen atracción y empatía con intervenir en la realidad comunitaria y local donde el capital no llega porque no es rentable. Que no le gustan las críticas a su gestión, pues trabajar en consonancia con el hambre y la precariedad de un país que se come a sí mismo para amanecer al día siguiente. Guatemala dista mucho de la panacea que predican sus políticas anacrónicas, en este país se vive y se muere al son de los siglos de olvido y latrocinio de las clases dominantes, al son de la culpa y la melancolía que nos ha hecho creer como verdad de nuestra felicidad –paradójico verdad- pero real y maquiavélico a más no poder.

Mientras tanto, nos mordemos los muñones del alma para seguir un día más en el campo, en la milpa, en la fábrica, en los encopetados espacios pequeñoburgueses que todo lo discuten y nada les parece y nada resuelven, en los pedestales legislativos y religiosos y cofrades. Mientras tanto, la unidad es la salida, aunque eso signifique obediencia y actitud de siervos que nada cuestionan al todo poderoso gobernante y al todo vergonzoso dueño del capital y los medios de producción.

No importan quién calcule, si es el don del bus que lleva a los patojos a la escuela o la doñita que vende chucherías a la salida, o el grandilocuente hacedor de discursos esclarecedores o el que manufactura proyectos de humo a cambio de la paz moral de quien los compre. No importa quién, aquí es inútil calcular porque se nos ha robado los números y la razón y las herramientas para construir mañana. Aquí, lo único que queda es arrebatar a los que piden ayuno y oración, la capacidad de pedirle algo a los que nada tienen para comer, a los que se han cansado de pedir a Dios.

Guatemala es hoy el sueño de un grupito mantenido por una bola de impresentables en los espacios de poder político, no es cuestión de ideologías o quién gana o pierde, es cuestión de un país que contenga a todo lo que somos y todo lo que queremos ser; por ahora solo somos aquello que es útil a una minoría.

Más allá de cualquier cálculo, quizá toque reinventar los números, las ideas y las verdades que nos hacen sentir que estamos bien. Quizá se necesite que los subversivos no tiemblen para conseguir la paz.

…nos mordemos los muñones del alma para seguir un día más en el campo, en la milpa, en la fábrica, en los encopetados espacios pequeñoburgueses que todo lo discuten y nada les parece y nada resuelven, en los pedestales legislativos y religiosos y cofrades…

Fuente: [https://lahora.gt/mas-alla-de-cualquier-calculo/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Danilo Santos Salazar
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