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Los «pecados» de Iván Velásquez

En 2015 se lo consideró masivamente un héroe. Hoy hay quienes piden su expulsión. ¿Qué cambió? ¿Qué está generando este cambio?

Ricardo Barrientos

En redes sociales se ha montado una campaña de desprestigio en contra del titular de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), Iván Velásquez, quien junto con la fiscal general y jefa del Ministerio Público (MP), Thelma Aldana, en 2015 lideró el inicio de una batalla contra la corrupción. Contra todo pronóstico o criterio mínimo de sensatez, esta campaña está teniendo éxito en las mentes de las élites económicas (lo cual no sorprende), pero también en una porción de la clase media urbana de Guatemala.

Quizá el primer pecado del comisionado fue incluir en la agenda de la Cicig y del MP la persecución penal de los evasores de impuestos, sin duda un desafío muy de fondo al statu quo guatemalteco. Ver a grandes empresarios constructores, hoteleros, banqueros, comercializadores de hierro, etcétera (es decir, gente respetable en la concepción tradicional guatemalteca), ser tratados de la misma forma que a Otto Pérez y a su pandilla no causó gracia en la élite económica. Dentro del empresariado sí que hubo aplausos para una demostración de justicia ciega, sin privilegios ni impunidad para nadie, pero por desgracia fueron los menos, una minoría casi invisible.

Al inicio, la clase media urbana parecía no haber rechazado la persecución penal de delitos tributarios perpetrados por empresarios grandes. Todavía muchos lo tomaron como lo que es: justicia sin privilegios. Sin embargo, la Cicig, el MP y la Superintendencia de Administración Tributaria habían tocado una fibra muy sensible del statu quo guatemalteco: el rechazo a pagar impuestos. Y esto quedó demostrado en el discurso de los voceros e ideólogos de las élites económicas tradicionales, quienes, invocando un sentimiento xenófobo, azuzaron con el temor a los extranjeros que procuran el terrorismo fiscal y el ataque al capital generador de empleo.

Luego vino un segundo pecado: el apoyo a la propuesta del reconocimiento constitucional del pluralismo jurídico y, con ella, la posibilidad de que los indios nos juzguen. Aunque formalmente la propuesta de reformas constitucionales la presentaron los presidentes de los tres poderes del Estado, el apoyo público y explícito de la Cicig, del MP y del Procurador de los Derechos Humanos excitó los temores racistas de la clase media urbana guatemalteca y ofreció un terreno fértil al discurso xenófobo y confrontador de los voceros de las élites.

Con ello, los enemigos de la justicia dieron en el clavo. Porque siempre he sostenido que muchos de quienes llenaron la plaza en 2015 se vieron motivados por el enojo producto de la demostración de que pagamos impuestos solo para que los corruptos se enriquezcan ilícitamente. Pero, si a esa misma plaza se le pide que tribute lo justo o que avance en temas estructurales como la erradicación del racismo y de la discriminación en contra de los pueblos mayas, por desgracia la cosa cambia significativamente. Y de ahí el éxito que la campaña en contra del comisionado está teniendo en algunos de este segmento socioeconómico.

Para la clase media urbana, tener a la Cicig y al MP cazando corruptos es magnífico y para eso sí son héroes. Pero que la Cicig y el MP apoyen reformas para la transformación democrática de Guatemala, incluyendo temas como el pluralismo jurídico, entonces ya es intervencionismo abusivo y arrogante de extranjeros.

La proliferación de propuestas de privilegios fiscales demuestra el profundo sentimiento antitributario que prevalece. El rechazo al pluralismo jurídico demuestra cuán arraigado sigue estando el racismo en Guatemala. Ambos son males de una impunidad añeja, de siglos atrás, cuya rectificación no es fácil, rápida ni barata.

Lo que está pasando es que alguien intentó empezar pese a las dificultades.

Pero, si a esa misma plaza se le pide que tribute lo justo o que avance en temas estructurales como la erradicación del racismo y de la discriminación en contra de los pueblos mayas, por desgracia la cosa cambia significativamente.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/los-pecados-de-ivan-velasquez]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

José Ricardo Barrientos Quezada

Ricardo Barrientos es especialista en temas de política fiscal. Fungió como viceministro de Finanzas Públicas de Guatemala en 2009-2010. Durante el período 1994-2005 se desempeñó como director y asesor técnico en la Dirección de Análisis y Evaluación Fiscal de ese mismo ministerio. Ha publicado trabajos sobre política tributaria y análisis de la evasión tributaria en Guatemala. Realizó estudios de doctorado en Matemática en la Universidad de Barcelona, España, (2005-2006). Tiene un Certificado en Tributación Internacional de la Universidad de Harvard, Estados Unidos (2000). Es matemático en el grado de licenciado por la Universidad del Valle de Guatemala (1995).
José Ricardo Barrientos Quezada

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