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“Los Guardianes Del Poste”
(Esquinando)
Cada día cual si fueran mercancía de
pacotilla, asistían puntuales a la cita con su destino; un destino que les era
esquivo y escurridizo, que muchas veces les tiro al piso la moral frente a
todos, haciéndoles pasar frustraciones y no en pocas ocasiones humillaciones…En grupo hasta el más tímido era atrevido y valentón, pero igual no
faltaba quien se quis …iera pasar de cabrón. Un cuarto antes de las seis, uno a
uno se iban sumando en aquel mismo lugar, en el que día a día, se reunían sin
hacer ningún daño a terceros… En el que año tras año el tiempo les parecía un
viejo ermitaño al que se les antojaba de vez en vez sobornar. Entre bromas,
chistes subidos de tono y uno que otro piropo, veían a las chicas pasar, que se
ensayaban a caminar con zapatos altos y al verlos apresuraban el paso y en su
nerviosismo tropezaban. El desfile de las musas empezaba a partir de las seis
luego de la jornada de trabajo, justo cuando el cielo se empezaba a bordar de
estrellas, las flores dejaban sentir sus perfumes y dejaba sentir ese frío
sabroso, que provoca que se antoje un café.Pero antes de aquellas
reuniones informales, los muchachos ya habían cumplido con su jornada; llegaban
presurosos y se bañaban a puro guacalaso, si aun no había llegado el agua. Luego
se empinaban el café que acompañaba a aquellas deliciosas chapurradas, un plato
de frijoles volteados y platanitos. Poco después presurosos se despedían y
cuando llegaba el papa y preguntaba por ellos, la mama replicaba: -Ese pata de
chucho solo tramo y a la esquina se largo, si solo aplanando calles vive, puro
guardián del poste parece, como si selo fueran a robar…En aquellas reuniones no
faltaba el bohemio que cantaba a capela, el que repetía los dichos y diretes de
la abuela y las cosas que no aprendió en la escuela. Y allí es quineando
chuleaban a las patojas, que alguna veces los esquivaban y otras veces se
mordían los labios para no reírse ante sus ocurrencias.

Para muchos
aquellos muchachos, no eran más que los vagos de la esquina, alzados sin oficio,
ni beneficio…Pero ellos tomaban esos comentarios gratuitos como parte de la
propina, porque el pago verdadero lo constituirían esos recuerdos duraderos que
los acompañarían el resto de sus vidas. Ya que cada vez que una de aquellas
doncellas les sonreía, una estrellase caía y se posaba en su mirada y más de una
vez así empezó una historia de amor.
Oxwell L’bu Copyright
©2011

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