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lucha libre
Lucía Escobar

Son parte de una generación a la que le fueron arrebatados sus padres. Una ausencia injusta se les instaló dejándoles un montón de preguntas sin respuestas. Los H.I.J.O.S, Hijos e hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio son un colectivo formado por jóvenes (o ya no tanto) rebeldes contra el sistema. La mayoría son descendientes, parientes de alguno de los 80 mil desaparecidos que dejó la guerra de 36 años en Guatemala.

Este colectivo (que también existe en Argentina) se formó el último año del siglo pasado cuando recién se había firmado la paz en Guatemala y parecía que era el momento perfecto de hacer cuentas y cerrar heridas. Muchos de ellos habían vivido sucesos parecidos y coincidieron alrededor de la idea de reivindicar la memoria de sus padres, madres, tíos, ancestros, así como retomar los ideales ideológicos de la generación perdida en la guerra. Los H.I.J.O.S aceptaron el legado de sus familiares y se dieron cuenta que la memoria también es un territorio en disputa. Son las semillas que el ejército no logró exterminar y ahora germinaron para incomodar con su presencia a los amantes de la bota y del fusil.

Hace unas semanas, en un evento en que participaron, comentaron las distintas etapas que han vivido como colectivo activo de posguerra y cómo fue que al darse cuenta que los medios convencionales de comunicación, como la televisión abierta y los periódicos, no les iban a dar el espacio que necesitaban, idearon otras maneras alternativas de comunicar a través del arte y de la acción pública haciendo marchas, protestas, graffitis, fiestas, playeras, empapelados, etcétera. “Nosotros reivindicamos la vida generando una identidad colectiva”, agregaron.

Durante estos 20 años de protesta y de defender la memoria, se les han acercado nuevos integrantes. En cada empapelada hay personas que comentan de nuevos casos de desaparecidos, aportan con fotos, nombres y datos, que poco a poco les sirven para reconstruir esa memoria colectiva silenciada y ocultada por la historia oficial. Aunque sus acciones son en su mayoría en espacios urbanos, también han trabajado con jóvenes de Petén, Rabinal, Baja Verapaz y Villa Nueva. Con sus acciones y comunicados han acompañado varios juicios como el de genocidio, el de las mujeres de Sepur Zarco y del niño Molina Theissen. Son los hijos aguerridos de esa gran familia herida que es Guatemala. Gracias a ellos y ellas, no será tan fácil olvidar las masacres de Comalapa o el reciente aniversario del secuestro y la desaparición de 27 sindicalistas y estudiantes que estaban reunidos en la CNT, Central Nacional de Trabajadores, hace 39 años exactos y que aún no han aparecido.

Admiro que no sean hipócritas y que en este mundo de dobles morales se atrevan a decir sin pena: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”, valiosas y valientes palabras tan necesarias en estos tiempos donde quiere regresar la represión disfrazada de positivismo y de amnesia.

Para celebrar y conmemorar los 20 años de vida que tiene como colectivo, esta semana realizan una serie de actividades. El 29 de junio a las 8:30 horas realizarán un homenaje a los desaparecidos en la entrada del Proyecto 4-4, zona 6; y el 30 de junio la Marcha de la Memoria saliendo a las 9:00 horas el Parque Morazán con destino al Parque Central y a las 12:00 horas ahí mismo comienza un festival de la memoria con juegos, música y poesía.

@liberalucha

Fuente: [https://elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar
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