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Por: Rafael Mérida Cruz-Lascano
Corresponsal de:  La voz de la palabra Escrita Internacional, ESPAÑA
“Ispanorama Literario Internacional”
http://www.hispanoramaliterario.org/profile/RafaelMeridaCruzLascano

Vicente Vásquez Bonilla, a quien conocemos a lo largo de la lectura de cinco libros, es un elegante hombre maduro, con dos profesiones civilizadoras que homogeniza su quehacer de Ingeniero Civil, con su inquietud de narrador.

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Es un escritor sobrio y serio, Dedicado literariamente al cuento costumbrista, que al abrir su cuadernillo para volcar su inspiración ocurre en el, una metamorfosis, y como si fuese un director de orquesta, su pluma cual batuta hace que de los reglones emane una musicalidad suelta, ágil, y quizás asta irónico. Así son sus historias contadas en verso.

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Si queremos dar, a su obra, un valor semántico en particular, yo le denominaría que es una narrativa de cambio, una trasformación de ingeniero a ingenioso sub-realista… una acuarela sobre el mar. Y sus libros, muy bien ilustrados nos dan una razonable escuela de narrativa, con una magia natural de lo que es convertir una leyenda… en una folclórica fábula; Historias contadas en prosa.-

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Pero ya algo trae de sus raíces “Panzas-Verdes” nacido en Antigua Guatemala, tierra y cuna de grandes literatos, en la “Ciudad de las perpetuas Rosas” ciudad colonial con calles empedradas, patios solariegos donde hacen labor las fuentes claras… en la ciudad Poesía.-

En la tibieza de su sala y tomando una bebida bien calientita; un delicioso cafecito chapín, nos platica, con una sonrisa, de su primer cuento titulado “La ultima frontera” A manera de anécdota nos comenta el porqué aprecio mucho el 69… ese cuento, del que no guardó copia, fue publicado en un periódico, y al paso del tiempo supo que “La Hora Dominical” lo había publicado en 1969, y solo después de ardua búsqueda pudo localizarlo.

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Vale la pena transcribir, sólo en parte, un sugestivo cuento de “Chente”, en donde nos lleva a conocer las propiedades más solapadas de la fábula, éste autor consigue desarrollar los personajes más allá de la fantasía desde el folclore tradicional, Dice así:

LA TORTUGA ANDARIEGA

Yo amo a Adriana, mi tortuga; es bella, andariega y graciosa. Más que una mascota, es mi amiga. Se puede decir que somos inseparables y su bello nombre de origen latino significa: Nacida en la ciudad del mar.

Tenemos por costumbre salir a pasear para hacer ejercicio y para disfrutar del aire puro de la periferia de la ciudad. El viernes pasado, aprovechando que la circulación de vehículos se había interrumpido, la saqué a la calle y le quité la correa para que se sintiera en completa libertad y disfrutara más de su caminata. Me quedé en la puerta de la casa mientras ella, segura de si misma, cruzó la acera, descendió y tomó el carril central, y empezó a avanzar; de vez en cuando me volvía a ver, como tratando de comprobar que gozaba de mi confianza y se fue alejando.

Avanzaba a su habitual velocidad, tranquila y confiada. Cuando de nuevo empezó a circular el tránsito, tuve que correr en su auxilio. Mi trabajo consistió en prevenir a los pilotos, para que tuvieran cuidado con mi querido quelonio; para que no la fueran a atropellar y todos los conductores, comprensivos y al mismo tiempo divertidos, disminuyeron velocidad y la esquivaron con gentileza. Así pasamos largo tiempo, ella ganando terreno y yo sirviéndole de ángel guardián.

Conforme avanzaba, centímetro a centímetro, los curiosos empezaron a aglomerarse y a escoltarnos en ese peregrinaje. Después de algún tiempo, cuando la andarina por fin llegó a la meta que se había fijado, la multitud estalló en aplausos. Había recorrido doscientos metros, y se sentía exhausta; con su lengüita de fuera asesaba por el esfuerzo efectuado, pero exhibía una gloriosa sonrisa de satisfacción.

A Adriana se le veía realizada y vivió con toda intensidad sus quince minutos de gloria. En esa oportunidad, no impuso ninguna marca y no se le podía exigir más, pero regresó a la casa en hombros de sus admiradores. Ya habrá tiempo para que entrene y quién sabe si el día de mañana pueda participar en competencias de su categoría y hasta conquistar la codiciada medalla que la acredita como campeona olímpica. Después de todo, no será la primera tortuga que haga historia, ganando una competencia.

Con dedicación y perseverancia todo es posible. FIN

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