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La mayoría de los análisis que se hacen sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Estados Unidos de América, las presentan como uno de los cárteles del narcotráfico que actúan en dicho país. Es imagen muy difundida  y aceptada. Basta ver la entrada sobre las FARC que existe en la versión en español de la enciclopedia electrónica Wikipedia, para ver lo generalizado del aserto. La apreciación  más equilibrada que he escuchado en relación a ello, se la oí al muy estimable colega colombiano Alejo Vargas, en ocasión de una conferencia impartida en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: el que las FARC haya establecido negociaciones con los distintos cárteles del narcotráfico que han operado en Colombia no los vuelve parte de ellos ni desvirtúa que dicha organización tenga un planteamiento político para su país y aun una dimensión utópica en sus objetivos.

Las negociaciones  de paz entre el gobierno y las FARC, anunciadas oficialmente en Oslo hace unos días, involucrarán el tema del narcotráfico en su agenda. El gobierno de Juan Manuel Santos pondrá sobre la mesa el involucramiento de las FARC con los narcotraficantes colombianos. Y es que en efecto, es de sobra conocido el pacto al que han llegado las FARC  con dichos delincuentes. En las zonas en las cuales esta guerrilla colombiana ejerce el control territorial, a los narcotraficantes se les permite el cultivo de coca, mariguana y el funcionamiento de las llamadas “cocinas” que no son sino los laboratorios en los cuales se procesa la hoja de coca para convertirlo en cocaína. Además, las FARC permiten a los cárteles de la droga el trasiego de la droga por los territorios controlados por la guerrilla. A cambio de esto se les  cobra a los cárteles el llamado “impuesto de guerra”, el cual le genera ingresos que algunos analistas colombianos estiman en decenas sino es que centenares de millones de dólares al año.

El tema del narcotráfico y la guerrilla colombiana debe ser visto sin hipocresías. Es el narcotráfico un actor indudable en la política colombiana y su dinero se difunde por toda Colombia. Los paramilitares  colombianos –ejército irregular de extrema derecha que actúa como contraguerrilla- obtienen  financiamiento del narcotráfico de  manera parecida a la de la guerrilla. Las campañas electorales de los más diversos signos se nutren también de este dinero sucio. Y algún ex presidente colombiano dijo en corto que no había habido presidente de dicho país que no hubiera hecho alguna negociación con el narcotráfico. Las FARC arguyen que en este momento lo que circula en el mundo por concepto de narcotráfico son 670 mil millones de dólares, de los cuales regresan a  América latina  20 mil millones  y a Colombia  reputada  productora del 80% de la cocaína, solamente regresan 4 mil millones de dólares. Resulta claro que el dinero del narcotráfico  irriga las finanzas estadounidenses y del mundo. Otro enorme negocio son los precursores químicos  y el armamento que se producen fundamentalmente en el primer mundo. Las FARC consideran perdida la guerra contra el narcotráfico –con similares argumentos a los de Pérez Molina en Guatemala- y por ello desde 1999, el líder histórico Manuel Marulanda “Tirofijo”,  propuso un plan sobre  sustitución de los cultivos ilícitos que consideran que puede tener vigencia y aplicación para América latina. Para las FARC el narcotráfico es un fenómeno económico, político, militar, social y tiene un componente moral, pero su solución ese esencialmente económica y social.

La relación de las FARC con el narcotráfico tiene una larga historia. Han sido enemigos literalmente a muerte. Desde los años ochenta, las FARC han concluido que el narcotráfico no es un problema militar ni tampoco los narcotraficantes  son su enemigo a vencer.

 

Carlos Figueroa Ibarra
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