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La vida después del horror

Lucía Escobar

Foto de Simone Dalmasso/Plaza Pública

El libro El hombre en busca del sentido, es un testimonio escrito por el psiquiatra y neurólogo austriaco Viktor E. Frankl, sobreviviente del genocidio nazi. En sus páginas, desnuda su vida como prisionero en Auschwitz y Dachau para intentar explicarse cómo un ser humano puede resistir día a día, durante años, experiencias dantescas e inhumanas. ¿Cómo y dónde queda la dignidad en circunstancias así? Lo interesante de Frankl es que no se detiene únicamente en detallar los horrores que vivió si no que pone la lupa en la sobrevivencia. ¿Qué motiva a un ser humano a querer seguir viviendo después de haber sido mancillado, violado, humillado, golpeado? ¿De dónde saca fuerzas para seguir creyendo en el amor y la felicidad? ¿Qué papel tiene el humor en la resistencia? Y ¿cómo una vida interior rica puede ser una burbuja ante los horrores físicos que se viven? Frankl además dedica un capítulo en analizar la psicología del verdugo. Analiza a los guardias de los campos de concentración. Se da cuenta de que algunos fueron escogidos precisamente por ser sádicos pero también recuerda, por ejemplo, a un miembro de la SS que compraba medicinas, con su dinero y a escondidas, para los presos. Así llega a la conclusión que en cualquier ambiente y profesión hay gente decente y gente indecente. Y dice: ¿Qué es en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado la cámara de gas, pero, asimismo es el ser que ha entrado en ella con paso firme musitando una oración.

Estos días he pensado mucho en ese libro, he vuelto a él y en sus páginas he tratado de buscar algún consuelo para las niñas sobrevivientes del incendio del 8 de marzo en Guatemala. Las cuarenta que murieron están fuera de este infierno, dejaron de sufrir. ¡Pero qué cosas vivieron esas muchachitas! Es terrible pensar que ésta situación que han descrito las niñas y sus familiares, sucede cotidianamente dentro de un hogar del estado. Sabemos que hay más, que hay miles de niños “recogidos” juzgados y aislados. Sabemos que los torturan, los abusan, los explotan. Sabemos que la trata de personas y la esclavitud sexual son realidades que dejan millones de dólares de ganancia. Sabemos que las denuncias, demandas, ruegos y súplicas de casi medio centenar de niñas no fueron escuchadas y tuvieron que morir quemadas para que las tomáramos en serio.

Estamos en deuda. Una forma de pagarles, es no permitir que la ternura termine calcinada junto con ellas. En medio de tanta rabia, resguardemos la alegría, tal como hizo la niña que vi en una fotografía. Tenía una gran sonrisa llena de esperanza. Me ilumino a través de la ventana de un bus que se alejaba para siempre del infierno mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

@liberalucha

Columna Lucha Libre publicada en elPeriódico de Guatemala.

Fuente: [https://laluchalibreblog.wordpress.com/2017/03/15/la-vida-despues-del-horror/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
Lucía Escobar

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