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Atrapada en los intestinos de la contienda electoral, la ciudadanía empieza a ser expulsada de su oscuro paraíso.

Dicen que Arzú está lanzando a su esposa como candidata a la presidencia para restarle votos a Mano Dura, con lo cual busca aumentar los de Sandra Torres en la capital. Dicen que no le interesa que de verdad su consorte sea presidenta, sino sólo hacerle un favor a Torres para que ésta lo ayude en su objetivo de que la municipalidad capitalina (y con ella la capital) siga siendo administrada como una finca y la privatización del Centro Histórico se complete. Con ello, además, les asesta un sopapo a sus enemigos los Gutiérrez-Bosch, financistas de Mano Dura (y de Montenegro y Caballeros).

Dicen también que la esposa de Arzú no invoca al dios católico, sino al protestante para que gobierne Guatemala, lo cual significa que los tentáculos del fundamentalismo puritano han infiltrado ya el corazón opusdeísta de la oligarquía criolla. Si esto fuera cierto, el factor puritano unificaría a Caballeros y a la flotante esposa de Arzú por encima de los financiamientos de Gutiérrez. Todo lo cual anuncia posibilidades de alianzas “impensables” conforme se desarrolle la campaña electoral.

Entre oligarcas, como entre gitanos, nadie se dice la suerte, pues todos tienen los mismos intereses y sus dificultades son sólo de reparto del botín. Eso garantiza que la sangre azul (y sus respectivas adulteraciones) nunca llegue al río. Si no lo creen, esperen a ver los desenlaces de este sainete interoligárquico, que seguro acabará en negociaciones aparentemente insólitas, las cuales involucrarán a otros fieles guardianes de los intereses de la caprichosa, atrasada e inculta élite local, como Suger, Baldizón, Sinibaldi y demás especímenes de no menor ambición y colmillo, que rondan la escena en busca de que los nostálgicos cuanto belicosos caciques feudales les asignen algunas líneas que repetir en público.

La derecha oligárquica está desesperada por el bajonazo que su hegemonía ha tenido como consecuencia de las acusaciones que sobre algunos de sus más conspicuos miembros ha lanzado la CICIG, y por la consiguiente situación jurídica en que éstos se encuentran. La razón es que la justicia local nunca había señalado a oligarca alguno como delincuente y asesino, tal y como lo hace ahora con Giammatei, Vielmann y Sperissen. Esto ha implicado un giro en la conciencia crítica popular respecto del mito de la “gente bien”. Por eso, la oligarquía busca financiar a todos los partidos, sin excepción, y por eso se esfuerza por poner en escena el simulacro de la competencia electoral democrática, tratando de asegurarse curules (como lo hace por medio del “izquierdista” Encuentro por Guatemala, que tiene de principal candidato a diputado a uno de los jefes del golpista “tsunami blanco” surgido del affaire Rosemberg) y otros puestos públicos. Pero por debajo de la mesa los intereses oligárquicos juegan un juego electoral más rudo mediante la delincuencia organizada, las maras y la compra de jueces y otros funcionarios.

Los pequeños y medianos empresarios que no están al servicio de la oligarquía y que por el contrario ven saboteados sus esfuerzos emprendedores por las prácticas monopólicas de aquella, deben exigir de sus políticos una postura de apoyo a la pequeña y mediana empresa como eje de la ampliación de la base productiva. También el impulso de medidas urgentes a fin de asegurar la suficiencia alimentaria local mediante la agricultura tradicional, para frenar así las hambrunas y bajar el costo de la canasta básica. El capitalismo sólo se moderniza y amplía desoligarquizándolo.

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Mario Roberto Morales

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