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La sirena

De una aldea de Izabal muy alejada de Puerto Barrios, en los tiempos en que el muelle de la frutera no era todavía tragado por el mar en el terremoto del 76, llegó una pareja a visitar a su amiga, enfermera del hospital infantil.

Mientras tomaban el frescor de la noche caminando por las calles poco iluminadas del puerto, se escuchó un largo sonido, como de tren o barco.
—¿Qué es ese sonido?—  preguntó la recién llegada a su amiga.
—Es la sirena que se lleva a trabajar a los hombres—  respondió la enfermera.
El hombre, unos pasos atrás, atento escuchó la conversación.

En una hamaca, despierto y asustado, cigarro en boca, pasó toda la noche repitiendo:
—Atunca la noche, que se vaya la sirena.
—Atunca la noche, que se vaya la sirena.
—Atunca la noche, que se vaya la sirena.

Era la sirena del muelle de Puerto Barrios que llamaba a trabajar a los hombres.

 

Julio C. Palencia
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