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La responsabilidad de Washington

En los días que siguieron al viernes 10 de mayo de 2013, fecha histórica en la que el general Efraín Ríos Montt fue condenado por el delito de genocidio, circularon  por internet muchos comunicados de organizaciones sociales y diversas instituciones expresando su punto de visto sobre este asunto. Entre todas ellas  me llamó particularmente la atención el comunicado de la embajada de los Estados Unidos de América en Guatemala con fecha de 12 de mayo. Un breve pero sustancioso posicionamiento de tres párrafos que no tienen desperdicio porque son impecables en su mesura y juicio.

La embajada estadounidense  dice  lo siguiente: “Este juicio refleja la capacidad del sector de justicia guatemalteco de llevar a cabo un proceso judicial en situaciones sumamente complejas y sensibles. El país entero ha escuchado mientras las víctimas relataron lo que han esperado más de treinta años para contar en un tribunal de justicia. También ha escuchado mientras los acusados han articulado con vigor sus argumentos. En estos momentos, es significativo recordar que Guatemala, como país, no estuvo bajo juicio, sino dos individuos, uno quien fue absuelto y el otro condenado”. En efecto, a diferencia de lo que dijeron el grupo de ex funcionarios de anteriores de gobiernos de la derecha neoliberal, la embajada estadounidense juiciosamente dice hoy que no fue Guatemala la que estuvo bajo juicio. Agregaría yo, que pese a que los dos militares  enjuiciados por el delito de genocidio actuaron a nombre de un gobierno y por tanto fueron acusados de haber participado en acciones de terrorismo de  estado, el juicio a ellos no tiene porque volverse un juicio al Estado guatemalteco en general. En todo caso sería un enjuiciamiento al Estado guatemalteco durante un período determinado. A nadie se le ocurre someter al Estado alemán  actual a juicios por las infamias que durante el período nazi fueron cometidas.

Continúa diciendo la embajada estadounidense: “Exhortamos a todos los guatemaltecos a respetar la legitimidad y la integridad de este proceso, y de canalizar cualquier discrepancia que tengan por medio de los canales legales existentes. Ahora se da la oportunidad para avanzar a una reconciliación verdadera, un paso esencial para que el pueblo guatemalteco siga progresando como todos esperan”. Pareciera entonces que Washington vio  al menos sin antipatía el juicio y ahora  la condena a  Ríos Montt. Del último párrafo se puede deducir que veía a ambos como una necesidad para la reconciliación  y que  considera lo sucedido como el punto final para que los guatemaltecos se dediquen ahora a otra cosa, en particular el progreso del país.

En 2010 tuve la oportunidad de hablar en su residencia oficial,  con el entonces embajador estadounidense Stephen Macfarland. Me pareció un hombre prudente y explícitamente me expresó que estaba de acuerdo con el enjuiciamiento a los violadores de derechos humanos “en el pasado y en el presente”. No he podido sino recordar desde entonces, cómo esta postura que ahora se expresa de manera sutil en el comunicado de la embajada, contrasta con la historia de  la responsabilidad de la Casa Blanca en el genocidio guatemalteco. Digámoslo explícitamente: detrás del alto mando del ejército, detrás de los planeadores intelectuales y ejecutores materiales de los crímenes de lesa humanidad y del genocidio, estuvieron la cúspide oligárquica de este país y los distintos gobiernos estadounidenses. ¿No recibió Efraín Ríos Montt un espaldarazo explícito del presidente Ronald Reagan? ¿No estuvieron asesores militares estadounidenses involucrados largamente durante el conflicto interno? ¿No estudiaron cientos, acaso miles, de militares guatemaltecos en esa escuela de genocidio, tortura y desaparición forzada que fue la Escuela de las Américas?

El genocidio en Guatemala no puede en efecto desligarse de la política de Washington durante la guerra fría. No lo olvidemos.

Digámoslo explícitamente: detrás del alto mando del ejército, detrás de los planeadores intelectuales y ejecutores materiales de los crímenes de lesa humanidad y del genocidio, estuvieron la cúspide oligárquica de este país y los distintos gobiernos estadounidenses. ¿No recibió Efraín Ríos Montt un espaldarazo explícito del presidente Ronald Reagan? ¿No estuvieron asesores militares estadounidenses involucrados largamente durante el conflicto interno? ¿No estudiaron cientos, acaso miles, de militares guatemaltecos en esa escuela de genocidio, tortura y desaparición forzada que fue la Escuela de las Américas?

Carlos Figueroa Ibarra
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