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lucha libre
Lucía Escobar

Todavía me impresiona la capacidad de Jimmy Morales para tomar decisiones equivocadas y nocivas para el país. Es que no sale de una y ya la está cagando en otra. Me recuerda a esos padres de familia que andan en carro último modelo mientras al hijo le niegan los exámenes porque no ha pagado la colegiatura. Es incapaz de mantener a su familia sin hambre, pero anda ofreciendo su casa para hacer chupe con los cuates. No me cabe la menor duda de que su vida de por sí es ya un infierno. Nadie puede ser feliz sabiendo que su existencia es tan dañina para la humanidad. Qué triste tener en las manos el poder de cambiar el destino de un pueblo sufrido y aún así desperdiciarlo. Jimmy, junto con Sandra Joviel y el ministro Degenhart son la versión patética de Los Tres Chiflados.

Lo importante ahora será revertir todo el daño que el gobierno del FCN hizo a la democracia. No podemos seguir más tiempo dormidos mientras en el Mariscal Zavala llevan meses planeando este descalabro político en que nos encontramos.

No dudo que tanto Giammattei como Sandra Torres se regocijan en sus madrigueras al imaginarse todos los nuevos negocios que podrán hacer, los favores que van a pagar y cómo se van a llenar los bolsillos con comisiones y extorsiones a costillas de un pueblo hambriento y maltratado. No confìo en ninguno de los dos. Ambos han estado demasiado tiempo detrás de un puesto que les queda grande. ¿A qué se dedican cuando no son candidatos? Ninguno es de fiar, solo hay que escucharlos como se crispan ante algunos temas, como tiemblan de miedo ante la posibilidad de que la CICIG, Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala continúe trabajando. Ambos son intolerantes a la crítica, tienen una pésima relación con la prensa y representan lo peor de la política tradicional.

¿Qué nos queda? ¿Deprimirnos? ¿Engrosar las filas de gente que huye de su país buscando nuevas oportunidades? ¿Conformarnos? Intentemos que no. Aún tenemos muchos espacios para actuar, para ir empujando y haciendo cambios. Siempre hay esperanza. Conozco mucha gente y organizaciones que no han cesado en trabajar para frenar las actitudes dictatoriales y represivas que excitan a nuestros gobernantes.

La Corte de Constitucionalidad, la Procuraduría de Derechos Humanos, la Corte Suprema de Justicia, la prensa independiente, el Ministerio Público y la sociedad civil son los últimos bastiones que soportan nuestra frágil democracia; defenderlos y apoyar su trabajo es importante para lograr frenar nuestra caída al abismo.

Quisiera que no nos cueste encontrar en el día a día motivos para la esperanza. Y es que estos abundan aunque no salgan en los periódicos y nadie los publica en redes sociales. Pero, en la calle y en el campo; en las oficinas y dentro de las casas; está lleno de gente única, solidaria, inteligente, empática, personas que cada día construyen con su trabajo, un mejor planeta y un país más justo. No andan buscando reconocimiento, ni buscando aplausos, pero hacen nuestra vida más llevadera, más humana y más rica.

Si no fuera así, este país ya se hubiera terminado de ir a la mierda.

@liberalucha

Fuente: [https://elperiodico.com.gt]

Lucía Escobar
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