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Lucía Escobar
lucha libre
laluchalibre@gmail.com

No es fácil ser joven, mucho menos si te tocó nacer en un país como Guatemala o Colombia. Es difícil crecer en un ambiente tan hostil. Nadie se salva aquí de la inseguridad. Los niños ricos viven encerrados con miedo de andar en las calles, sin saber moverse solos. No llegan a disfrutar de su riqueza pues tienen terror a que les arrebaten todo a punta de pistola. La clase media anda por el estilo, ensimismada en la pantalla de la tablet, el teléfono, la televisión o la computadora. Y están los que no llegan ni a la escuela, los que trabajan desde pequeños en la finca, en la casa, en la calle. A todos ellos, a nuestra juventud, con dinero o sin dinero, los agobia la violencia o el aburrimiento del país. Algunos, muchos ¿todos? sueñan con largarse de aquí. Miami, Los Ángeles, Alaska, cualquier lugar que suene lejos y extranjero.

Antes tampoco fue fácil. En los años ochenta, adolescentes, casi niños eran obligados a unirse al ejército o a la guerrilla. Ahora son las pandillas quienes reclutan a niñas y jovencitos para trata sexual, extorsiones, cobros o sicariato. No se ve a las autoridades preocupadas por la juventud, creando puestos de trabajando, impulsando la buena educación, creando condiciones dignas de vida para ellos. Recién acaba de morir el quinto migrante guatemalteco, un joven de 16 años, en custodia de autoridades gringas. No vi al presidente convocando a conferencia de prensa. No veo a los candidatos proponiendo soluciones, creando espacios de recreación y crecimiento para quienes tienen toda la fuerza de la vida y las ganas de empezar su camino. Pero todo esto va a cambiar, tiene que parar.

Los jóvenes son rebeldes por naturaleza, es sano que crezcan y enfoquen esa energía en algo positivo. Un gobernante inteligente debería saber encauzar esa fuerza juvenil para crear cambios en su comunidad. Para contar un poco de esos milagros que a veces suceden, vino a Guatemala, John Serna Chota un grafitero colombiano, invitado por dos italianas radicadas en La Antigua Guatemala, Katie y Nadia. Ellas quisieron procurar un espacio de encuentro entre el colectivo de Jocotenango, Los Patojos y artistas como Antonio Pichillá, Sandra Arizandieta y Chota, quien fue reconocido en su país por ser parte de un movimiento juvenil y urbano que logró cambiarle la cara a la Comuna 13, un barrio antes peligroso y ahora famoso por su arte urbano y su colorido. El foro LA NO violencia buscaba premiar a algún patojo. El ganador resultó ser Denilson Larios, quien viajará próximamente a Colombia a conocer este mítico barrio y a experimentar el arte como herramienta de transformación y comunicación entre los jóvenes. La idea es que regrese con insumos, contagiado de las ganas de aportar a su comunidad a través de la expresión artística y el trabajo comunitario.

La Comuna 13 en Colombia, fue un ejemplo y demostró cómo los índices de asesinato pueden bajar radicalmente cuando la autoridades prestan atención. Así que como dice Chota; no nos vamos a quejar toda la vida de algo que tiene solución…

Fuente: [https://elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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