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Jaime Barrios Carrillo

Y luego les dieron instrucciones a las doncellas: -Id, hijas a lavar la ropa al río, y si viereis a los tres muchachos, desnudaos ante ellos…Y si después que os hayan dado alguna cosa os quieren besar la cara, entregaos de veras a ellos. Y si no os entregáis, os mataremos.
Popol Vuh (Cuarta parte)

El Popol Vuh es un texto único y formidable. Fue transcrito de la tradición oral entre 1554 y 1558, veinte años después de la Conquista, por uno o varios quichés que aprendieron a leer y escribir el castellano dentro del proceso o institución de “La Doctrina” o Evangelización de los indígenas en sus propias lenguas. Lo anterior permitió a diferencia de otras partes de Centro América conservar en Guatemala los idiomas prehispánicos. Los frailes españoles compilaron las gramáticas de las lenguas indígenas e hicieron los primeros diccionarios.

El libro es heterogéneo ya que incluye mitología e historia. Dora Luz Cobián, de la Universidad de California, ha tratado en un ensayo la posición de la mujer en la sociedad quiché prehispánica a la luz de la información recabada en el Popol Vuh y que Cobián interpreta como la sucesión de los papeles masculinos y femeninos en las estructuras sociales que muestran un descenso paulatino del la mujer, rebajada de la categoría de diosa y semidiosa a mujer subalterna y anónima.

La imposición del patriarcado de los conquistadores encontró un terreno fértil en las sociedades prehispánicas conquistadas en Guatemala. El mestizaje cultural resultó inevitable y las actuales etnias son culturalmente mestizas. Hay que recalcar que el mestizaje guatemalteco es cultural más que biológico. Contribuyó por otra parte la costumbre de los “Señores” indígenas de proporcionar doncellas a los conquistadores.

La académica Dora Luz Cobián identifica en la historia de Ixquic el paso definitivo del descenso social de la mujer en la sociedad quiché: “existe indudablemente una relación entre el deterioro de la situación de la mujer en la sociedad maya-quiché y los cambios que tienen lugar en el desarrollo de la estructura económica.”

¿Cómo es el episodio de Ixquic? Es hija de Cuchumaquic, uno de los señores de Xibalbá, y es la figura mítica femenina que en el Popol Vuj es la encargada de continuar la estirpe de los jugadores de pelota. El juego tenía profundas significaciones entre los antiguos mayas. Cuando la pelota de caucho tocaba el suelo, llevaba la esencia de la luna, o el sentido femenino. Cuando se levantaba tenía la función solar, o el contrario masculino. Tierra y mujer, por un lado y cielo y hombre por otro, eran ya polaridades que cumplían funciones ideológicas y de ordenamiento sociocultural en aquella sociedad teocrático-militar y agraria.

Xibalba es representación de las fuerzas negativas y destructoras. Lo normal es lo propio y lo otro es lo contrario. Incluyendo la auto visión masculina del mundo. “Toda etnia es etnocentrista”, señalaba oportunamente Luis Cardoza y Aragón. Mas subsiste un planteamiento velado, hay algo de Xibalba en todos: el origen. Resulta así la parte negativa del ser, el lado oscuro de la existencia.

Los señores de Xibalba usaron su poder para someter a la estirpe de los jugadores de pelota asesinando a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. La cabeza de Hun-Hunahpú da origen a un árbol cuyos frutos atraen a Ixquic. La cabeza de Hun-Hunaphú le habla y la escupe la mano tras lo cual Ixquic queda encinta. El señor Cuchumaquic reacciona al percatarse del embarazo de su hija. Ixquic no puede responderle sobre la identidad del fecundador, ante lo cual Cuchumaquic explotando en cólera le grita: “Xa u hoxbal”, es decir y literalmente: «no eres más que una prostituta». Enseguida da órdenes a los cuatro búhos o Tucur para que maten a su hija en el monte.

Ixquic valiéndose de un ingenioso truco convence a los mensajeros búhos para que le lleven a su padre en una jícara la savia roja de un árbol y de esta manera hacerle creer que es el corazón de la doncella. Ixquic vence así la voluntad de su padre y dará a luz a los gemelos Hunahpú e Xbalanque, los cerbataneros y jugadores de pelota, que serán los héroes vencedores de Xibalba.

Recuérdese que ellos mismos son nietos de un noble de Xibalba, lo que confirma el círculo único donde el bien y el mal se mezclan en el ser humano, con la idea finalista del triunfo del bien.

Ixquic y su lucha nos conduce al drama humano del encuentro y lucha de los sexos. Asimismo indica el grado de subordinación de la mujer precolombina al patriarcado militar y teocrático maya-quiché. Alguna vez en la historia de este pueblo agrario, las divinidades femeninas fueron substituidas o superadas por dioses masculinos. En la última parte del Popol Vuh se presentan listas históricas de las diversas “casas”, dioses y generaciones de los quichés donde no aparece ningún nombre femenino. Por el contrario son listados de divinidades masculinas, de reyes hombres y de los llamados “Los Señores” o jefes de hogar. Es notorio como la mujer va descendiendo socialmente y al final está circunscrita al cuidado de los hijos y a tareas como lavar la ropa en el río.

Los quichés descienden de una cultura que originalmente centraba sus creencias religiosas en dos dioses principales, uno masculino y otro femenino: Itzmná y su esposa Ixchel; Ixquic vendría a ser nieta de Ixchel y busca a su suegra que en el texto ha sido degrada nominalmente a “la vieja», para llevarle a presentar a los gemelos. En un momento dramático la abuela todavía con dudas demanda de Ixquic una cosecha de maíz. La doncella para cumplir invoca a Chahal, guardián de las sementeras y a las tres divinidades femeninas: Ixtoh, diosa de la lluvia, Ixcani, la diosa de las mieses e Ixcacau, diosa del cacao.

Hay un intento fratricida de los hermanos mayores de los gemelos, que vivían con la abuela, pero los gemelos sobreviven; más tarde y mediante el uso de la magia, como es común en el Popol Vuh, vencen a sus hermanos mayores convirtiéndolos en monos que al danzar hacen reír a carcajadas a la abuela y desaparecen en el espeso de los bosques verdes del Quiché. La confrontación entre Ixquic y su suegra simboliza el quiebre entre pasado y futuro. Y en la interpretación de la profesora Cobián “marca el fin del matriarcado y abre la puerta al patriarcado”.

¿Pero por qué enfurece Cuchumaquic? La mujer recuerda siempre la doble naturaleza del origen. Aquí una clave para comprender la tendencia precolombina, como toda sociedad patriarcal, a resaltar lo negativo y contradictorio del sexo femenino. Al mismo tiempo que el hombre al proyectarse sobre la mujer la cosifica, la invalida como sujeto. Para legitimar esta subordinación se afirma la inferioridad de la mujer, frecuentemente expresada en su debilidad, «el sexo débil», y por lo tanto en su tendencia natural al mal, a la corrupción y al pecado.

El papel interdictor le corresponde al padre, que dicta la ley y regulariza el sistema patriarcal o dominación del hombre sobre la mujer. Es entonces que la ausencia de un padre resulta insoportable para Cuchumaquic. El patriarca no puede entender ni aceptar que su hija disponga y decida sobre su propio cuerpo. El triunfo de Ixquic resulta fundamental para entender y desvelar la necesidad de liberación del pueblo maya, en momentos en que las estructuras precolombinas habían sido rotas y se imponían otras nuevas y desconocidas, donde el nuevo patriarcado hispano, con aún más brutalidad, se imponía al precolombino.

Detrás o delante de Cuchumaquic está la figura de Abraham con su tutela total sobre sus hijos. María la Virgen ha tomado el lugar de la doncella Ixquic. El juego de pelota fue prohibido por los conquistadores, borrándolo aparentemente de la memoria colectiva, como lo habían hecho los antiguos señores de Xibalbá con el pueblo maya-quiché.

El juego de pelota fue prohibido por los conquistadores, borrándolo aparentemente de la memoria colectiva, como lo habían hecho los antiguos señores de Xibalbá con el pueblo maya-quiché.

Publicado en elPeriódico 24/10/21

Fuente: [Facebook]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Jaime Barrios Carrillo
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