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La convocatoria que se hizo para “la marcha Z” se mezcló con un discurso de odio y con la organización de un contingente violento de unas cien personas quienes, armados de esmeriles, ganzúas, palancas, barras de hierro además de cohetones y petardos de humo, violentamente lograron derribar parte de las vallas que protegían al Palacio Nacional y lesionaron a un centenar de policías que protegían el edificio.

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