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Jaime Barrios Carrillo

La persecución “legal” contra ciudadanos que protestan o se oponen al sistema de corrupción y explotación es una lamentable constancia en la historia del Estado guatemalteco. Se ha criminalizado la protesta social mientras la impunidad por corrupción y crímenes de guerra está cimentada en el Estado y sus fiscalías y cortes. El fascismo antidemocrático es estructural. Se ha utilizado un Ministerio Público comprado por el sistema de represión y corrupción. Y en periodos álgidos no se han limitado a la persecución “legal” y a la estigmatización de personas sino que elaboraron las llamadas “listas negras” que llevaron a la eliminación física o desaparición de miles de guatemaltecos. ¿Cuándo o quién inició esa tradición macabra de las “listas negras”?

John Peurifoy, embajador de Estados Unidos en el momento de la intervención y el golpe militar en 1954 en Guatemala, era el enlace entre la CIA y las fuerzas mercenarias apoyadas con la aviación norteamericana que invadieron el país en junio del 54. Peurifoy vino a Guatemala en la segunda mitad de 1953 y de inmediato comenzaron a implementar los planes y las acciones para el derrocamiento del gobierno de Jacobo Árbenz, decidido por la Casa Blanca.

Un archivo desclasificado de la CIA fechado en Washington el 12 de noviembre de 1953 confirma el inicio de la operación para derrocar a Jacobo Árbenz codificada como PBSUCCES, cuyos dos objetivos principales se confirman plenamente en los archivos desclasificados de la CIA: remover al Gobierno de Guatemala e instalar un gobierno afín a Estados Unidos.

Los dos hermanos Dulles, Allen jefe de la CIA y John Foster, secretario de Estado, estaban comprometidos con la frutera UFCO en Guatemala. Constituían una poderosa mancuerna de intereses coincidentes. En sincronía con el publicista Edward L. Bernays, pagado millonariamente por el presidente y dueño de la frutera Sam Zemurray, que desarrollaba una intensa y extendida campaña en los medios. La propaganda funcionó, como lo ha mostrado en el nivel literario el escritor y premio Nobel Mario Vargas Llosa en su novela Tiempos recios. La opinión pública norteamericana creía que el comunismo de Árbenz era un peligro para la seguridad interna de Estados Unidos.

Peurifoy tenía amplias posibilidades de decisión en el terreno pero sin salirse del marco golpista. Era conocido como el carnicero de Grecia, en donde había sido también embajador y contribuido a la persecución mortal de opositores considerados comunistas. Fue el primero en acuñar el término “democracia restringida”. Peurifoy afirmaba: “No podemos permitir que se establezca una república soviética desde Texas hasta el Canal de Panamá”.

Murió aplastado el 12 de agosto de 1955 por un camión en Tailandia a donde fue trasladado para apoyar la lucha contra opositores, usando como en Guatemala la cobertura diplomática. No resulta claro si fue un accidente o un atentado. Uno de sus hijos falleció también en el mortal incidente.

Gustaba de la ropa lujosa y estrambótica. Acostumbraba estrenar su vestimenta en cuanta reunión o acto público asistía. Todavía en Guatemala se dice coloquialmente “emperifollado” para indicar que alguien viste elegantemente. Estaba casado con Betty Jane Cox, una profesora de escuela primaria que escribía versos de baja calidad lírica en sus horas libres y los declamaba en las recepciones diplomáticas organizadas por su marido. Fue ella la que en un poema para celebrar el derrocamiento de Árbenz llamó a su esposo Pistol Packing Peurifoy dando origen al mote de el Hombre de las pistolas.

Durante su trabajo en el Departamento de Estado entró Peurifoy en contradicciones con el gurú del anticomunismo, el senador
McCarthy. Pero no en materia ideológica ya que Peurifoy era tan o más anticomunista que el senador, sino derivado de rivalidades personales. Y Peurifoy era como el senador McCarthy, un homófobo, al grado que elaboró una lista de colegas y trabajadores del Departamento de Estado que señalaba de ser homosexuales y estar preparando una toma estratégica del mismo. La homofobia de McCarthy tan fuerte como su anticomunismo coincidió con la lista de Peurifoy, dando lugar a lo que se conoció como el “terror lila” o Lavender Scare. Muchos empleados del Departamento de Estado y otras instancias gubernamentales fueron despedidos de sus puestos sospechosos o acusados de ser homosexuales.

El historiador Piero Gleijeses en su libro La esperanza rota, emblemática obra sobre la caída del gobierno del coronel Jacobo Árbenz, resalta el carácter poco diplomático de Peurifoy. Era verbal e impositivo, no dialogaba sino daba órdenes. No hablaba español y nunca antes había estado en Centro América. Ryszard Kapuściński en su clásico reportaje sobre Guatemala consigna: “El día de la invasión, Peurifoy se puso un uniforme de color caqui y se colgó al cinto un colt. En la embajada había una actividad febril”.

Relata Gleijeses el primer encuentro privado, y único, que tuvo con el presidente Árbenz. Una cena con participación de ambas esposas y durante la cual tradujo María Cristina Vilanova, cónyuge de Árbenz. Más que una cena amigable fue una especie de interrogatorio donde el tema central fue la presencia del comunismo en Guatemala y en el mismo gobierno guatemalteco. Árbenz trató de explicar lo que pudo, negó ser comunista y que el partido comunista tuviera demasiada influencia.

En su informe al Departamento de Estado el embajador Peurifoy señaló que no creía que Árbenz fuera comunista pero que los comunistas eran un peligro evidente por el simple hecho de existir y tener algunos puestos o posiciones en el Estado. Era lo que la Casa Blanca quería oír. Se contaba con la colaboración incondicional de los gobiernos de Somoza en Nicaragua y en el Caribe con los de Trujillo en la Dominicana y Batista en Cuba. La trilogía despótica de la Guerra Fría integrada al trabajo de la CIA. Fueron tiranos sangrientos, carentes de escrúpulos que levantaron sus dictaduras sobre la base del manejo interesado y parcializado del aparato judicial para encarcelar ciudadanos que se opusieran a la enorme corrupción que los tiranos compartían con sus ejércitos, lo que les aseguraba la fidelidad absoluta de los militares. Fidelidad que los dictadores a su vez tenían con la Casa Blanca. La democracia era solamente para Estados Unidos, no para los países latinoamericanos. Se recuerda siempre la supuesta frase de un presidente de Estados Unidos sobre el general Anastasio Somoza: “Somoza may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”.

Consumada la invasión a Guatemala el embajador Peurifoy había exigido el fusilamiento de los primeros 35 “comunistas” al coronel Carlos Enrique Díaz, jefe de la junta sustituye de facto al presidente Árbenz. La CIA le había entregado al embajador el 19 de marzo del 54 el listado elaborado por el agente Jerome C. Dunbar. La lista de 371 nombres abarcaba desde líderes sindicales a escritores. El agente Dunbar indica en su informe que se tiene clasificada y completada la lista en archivos especiales con las biografías y perfiles de los comunistas enlistados. Fue la primera lista negra en la historia en Guatemala. Le seguirían con los años nuevas, compuestas de nombres de ciudadanos condenados a muerte o amenazados por considerarlos comunistas. Fue el macabro legado de Peurifoy.

El coronel Díaz rechazó la criminal pretensión y le costó el cargo, siendo sustituido por una nueva junta que a su vez fue luego suprimida por el caudillo de “la liberación”, el después asesinado por sus mismos compañeros coronel Carlos Castillo Armas.
En la lista entregada por Peurifoy estaban además de Arévalo y Árbenz la plana mayor de los escritores guatemaltecos: Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Mario Monteforte Toledo, Otto Raúl González y otros. De haberse ejecutado la petición de Peurifoy no tendría la literatura universal un Premio Nobel nacido en Guatemala. Tampoco el cuento más corto del mundo, El dinosaurio de Monterroso.

Fue la primera lista negra en la historia en Guatemala. Le seguirían con los años nuevas, compuestas de nombres de ciudadanos condenados a muerte o amenazados por considerarlos comunistas. Fue el macabro legado de Peurifoy.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Jaime Barrios Carrillo
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