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La Imelda Marcos de Guatemala

Allí escuché a Baldetti, noté que contrario a su presentación externa su preparación académica tenía severos límites.

Irmalicia Velásquez Nimatuj

En el 2010 la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas, FIIAPP, realizó el encuentro “Ágora 2010, América Latina. 100 voces diferentes. Un compromiso común” en Madrid 7 y 8 de octubre. Por Guatemala invitaron a Roxana Baldetti diputada, Antonio Coro alcalde de Santa Catarina Pinula, Fernando Carrera Director de Fundación Soros y yo, entonces Directora Ejecutiva del Mecanismo Oxlajuj Tz’ikin. Al llegar al aeropuerto de Barajas vi por primera vez a Baldetti, vestida como saliendo de una recepción y no de un vuelo de 13 horas, con tacones de charol negros, un traje color salmón, perfectamente peinada y con maquillaje de fiesta. Me sorprendió que para un apretado evento de dos días llevara consigo tres maletas. De camino al hotel, dijo que había viajado en primera clase y que la acompañaba un hijo, quien había volado a Barcelona a pasar un fin de semana con amigos.

En el aeropuerto nos esperó la embajadora de Guatemala, quien ofreció una merienda en un restaurante cercano al hotel. Allí escuché a Baldetti, noté que contrario a su presentación externa su preparación académica tenía severos límites, especialmente cuando se refirió con apodos a funcionarios del gobierno de Álvaro Colom, no entendí cómo una mujer con ese vocabulario era reconocida como una destacada política en España. No olvido que le aclaré el contenido del multiculturalismo cuando generalizó a los pueblos indígenas. Sin embargo, el resto no decía nada, es más la embajadora se ofreció a llevarla de compras al Corte Inglés.

Ya en el hotel, el personal estaba molesto porque les hizo cambiar cinco veces de habitación porque ninguna era de su agrado. Al día siguiente en el encuentro –acompañada de la embajadora– Baldetti hizo pública la noticia de que era la candidata presidencial de su partido. No me acerqué para felicitarla y nunca más volví a verla.

Ahora, en la distancia, leo las noticias y siento tristeza porque Baldetti pudo cambiar su historia, la historia de las mujeres y de Guatemala, tuvo todo en sus manos para hacerlo, pero embelesada por los aduladores, escogió convertirse en la insaciable Imelda Marcos de un país tan pobre, como Guatemala.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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