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Carlos Figueroa Ibarra

En un momento en el cual Estados Unidos de América reporta 2.3 millones de infectados acumulados y poco más de 120,000 muertos por el SARS CoV-2, a Donald J. Trump se le ocurrió hacer un mitin político para relanzar  su campaña presidencial. Ciertamente Trump está urgido de hacerlo, por su desgaste debido al errático manejo de la epidemia. Urgencias aparte, verdaderamente sorprende  que su jefe de campaña ignore  que en EUA del total de infectados, el 52% sean activos (es decir contagiosos)  y se vanaglorie de haber recibido un millón de solicitudes de boletos para el evento.  Causa estupefacción saber que se esperaba recibir 19 mil asistentes en un recinto cerrado y que acondicionaron  una pantalla gigante en las afueras del auditorio en Oklahoma para juntar a otro tanto de asistentes. También asombra que la mayor parte de los asistentes hayan hecho  una cuestión de principio asistir al evento sin mascarillas de protección. En realidad  el evento resultó un fiasco  pues entre otros sectores, usuarios de la plataforma TikTok y fanáticos del género musical K-Pop, se las ingeniaron para boicotear el evento. No importa que solo haya habido 6 mil asistentes, es número suficiente para haber convertido la convención en un temible foco infeccioso.

La extrema derecha en EUA, partidaria de Trump, ha organizado marchas en estados de la Unión  gobernados por demócratas exigiendo que se terminen las cuarentenas. Ha reivindicado la libertad de igual manera que  las caravanas automovilísticas en Guatemala en contra del decretado estado de calamidad que justifica las medidas de confinamiento social. O una  activista ultraderechista en Guatemala cuya imagen se ha vuelto viral al protestar furiosamente  en el marco de dicha caravana.  O bien Ricardo Salinas Pliego, dueño de TVAzteca y Elektra en México y  el millonario guatemalteco Dionisio Gutiérrez, minimizando la peligrosidad de la epidemia y apoyando la inmunidad de rebaño. O las desenfrenadas y multitudinarias  fiestas de muchachos adinerados realizadas en Guatemala en un momento en el que el porcentaje de infectados contagiosos asciende a 77%.  O la actitud criminal e irresponsable del neofascista presidente Jair Bolsonaro en Brasil que ha convocado a concentraciones cuando su país tiene el 12% del total de infectados acumulados en el mundo. O la manipulación reaccionaria de los necesitados observada a fines de mayo (#caravana30M) en Buenos Aires contra el “Estado totalitario y por la libertad”.

¿Qué le sucede a la derecha aquí y allá?  Mi hipótesis es que expresa el descontento que provoca en el gran capital la postración económica  que provocan las cuarentenas. Esa postración castiga también de manera inmisericorde a los trabajadores informales y precarizados. Por ello  en las movilizaciones que la derecha propicia, participan personas de todos los sectores sociales lo que también revela su gran capacidad de manipulación a través de medios y redes sociales. Agita las banderas de la libertad y lucha contra el totalitarismo cuando en realidad defiende el que las utilidades de sus empresas no se vean entre otros sectores interrumpidas. No cabe duda, a la derecha le falta empatía social.

Agita las banderas de la libertad y lucha contra el totalitarismo cuando en realidad defiende el que las utilidades de sus empresas no se vean entre otros sectores interrumpidas.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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