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La Encovi 2014 y Pedro Molina

Edgar Celada Q.
eceladaq@gmail.com

En ocasión de comentar los resultados parciales de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2014, publicados el pasado 10 de diciembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el diario Siglo.21 incluyó en su editorial del vienes 11 una extensa cita del líder independentista liberal Pedro Molina.

El propósito evidente de traer a cuenta un escrito de hace 194 años, era remarcar que el problema estructural de la pobreza es incluso anterior al nacimiento de Guatemala como Estado independiente, y que hay en esto un asunto de fondo sin cuya consideración es imposible comprender el origen de nuestros males ni, por supuesto, pretender superarlos con alguna expectativa de éxito.

Publicado originalmente por Molina en junio de 1821 en El Editor Constitucional, el texto citado por Siglo.21 reza:
¡Nosotros somos una nación numerosa, y no tenemos brazos! ¡Poseemos un suelo fertilísimo, y nos faltan rentas! ¡Somos activos, laboriosos, y vivimos en la indigencia! Pagamos tributos enormes, y se nos dice que no bastan! ¡Estamos en paz por fuerza, y nuestras personas y nuestros bienes no están seguros dentro! ¿Cuál es, pues, el enemigo oculto que nos devora?

Es esta última pregunta el meollo del asunto: recoge el acertijo no resuelto generación tras generación de guatemaltecas y guatemaltecos. También de muchos pensadores nacidos en otras tierras, pero que a su paso por Guatemala se plantearon preguntas similares.

Edgar Celada

Los resultados de la Encovi 2014, según los cuales la pobreza aqueja ahora a cerca de 9 millones de personas (tres quintos de la población total estimada), son en sí mismos un dedo acusador que apunta a un modelo económico fallido para la mayoría, pero beneficioso para una porción pequeña de la población.

En esa línea apunta el editorial de Siglo.21, en el cual se consigna que “desde el inicio de este siglo, la riqueza en el país ha venido creciendo a una tasa promedio anual de 3.48 por ciento; con altibajos, pero ha crecido. De acuerdo con datos del Banco de Guatemala, en 2015 el Producto Interno Bruto, llegará a un crecimiento acumulado de 50 por ciento, en comparación con el PIB de 2001”.

Pertinente, el editorial hace notar que si en los quince años transcurridos de este siglo el país se ha hecho 50 por ciento más rico, y el INE nos dice que aumentó la población en pobreza, eso significa que Guatemala tiene un grave problema distributivo: “mientras unos se enriquecieron, otros se empobrecieron”, concluye.

La voz de un conocedor, Juan Alberto Fuentes Knight, lo pone de este modo “la economía guatemalteca ha estado creciendo en torno al 4% por año en los últimos años, y ha aumentado la inversión extranjera, pero ¿qué impacto ha tenido en reducir la pobreza? Los de abajo no se benefician de este patrón de crecimiento. Ingresos de las clases medias y altas crecen, pero las capas bajas y especialmente indígenas quedan igual o empeoran. Estamos hablando de un país fracasado para la mayoría de los guatemaltecos: 6 de cada 10 guatemaltecos están en una situación de pobreza” (Prensa Libre, 14/12/2015).

Y aquí es donde entra de nuevo Pedro Molina: el texto citado hace parte de un artículo por el cual fue acusado ante la Junta de Censura del gobierno colonial, y cuyo título no deja lugar a equívocos sobre la orientación liberal del autor: Viaje a la Luna, o sueños políticos y morales (Insurrección del pueblo de Airebi).

Allí propone Molina una respuesta a su propia pregunta: ¿Cuál es el enemigo oculto que nos devora? Describe una sociedad dividida en “dos cuerpos desiguales”. Uno, mayoritario, “innumerable y casi total, por la pobreza general de sus trajes y el aire flaco y macilento de sus caras, indicaba la miseria y el trabajo”.

Este gran cuerpo, sigue describiendo Molina, “estaba compuesto de labradores, de artesanos, de mercaderes, de todas las profesiones útiles a la sociedad”.

El otro segmento, pequeño, “fracción apenas perceptible”, estaba formado por “magnates (de varias clases), empleados de la real hacienda, aduanistas, gentes de librea y una turba de oficiales generales… no se distinguían en aquel pequeño grupo sino agentes civiles y militares del gobierno”.

Entablado el diálogo entre una y otra porción de aquella sociedad, relata Molina, el debate llega a un punto en que el pueblo dice a “la clase distinguida”: “Nosotros nos fatigamos y vosotros sois los que gozáis; nosotros producimos y vosotros disipáis; las riquezas vienen de nosotros y vosotros las devoráis…”

Traslade, lectora o lector, aquella descripción a nuestro tiempo. Considere qué y cuánto ha cambiado desde 1821. Por último, no olvide que pregunta y respuesta fueron escritas no por un “comunista” o “izquierdista”, sino por un ilustre liberal de principios del Siglo XIX.

Edgar Celada Q.
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