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La educación integral en sexualidad

Carlos Aldana Mendoza
carlosaldanam@gmail.com

La discusión sobre educación sexual se instaló en el Congreso. Pero ya viene puesta en las mesas de la vida cotidiana de nuestra sociedad. Y no creo que los aires de avance, transformación y atención integral sean los que dominen. Desgraciadamente, la sexualidad sigue siendo uno de los temas más silenciados o más descalificados. Sigue siendo un tema que se niega en su profundidad, al que se le deforma con facilidad, que se impone desde visiones tradicionalistas y anacrónicas.

Lo irónico es que mientras el discurso sigue imponiéndose con absurdo irrespeto a la vida integral, o se sigue imponiendo desde posturas religiosas conservadoras, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes van aprendiendo de esta temática como pueden: con los amigos y amigas, con la televisión, en las redes sociales, en sus propios experimentos vivenciales, en sus descubrimientos (muchas veces con efectos y consecuencias para su vida).

Mientras las y los jóvenes de nuestro país no tengan la posibilidad de aprender de manera integral, plena, sin tabúes, sin falsas moralidades, seguirá existiendo la enorme estadística de abusos, de vidas destruidas, de niñas madres (cuando deberían ser solo niñas), de hijos e hijas sin familias. Mientras el tema lo quieran monopolizar las iglesias, las posturas tradicionalistas, los falsos profetas, las personas que se asustan al mencionar la palabra “sexo” y los políticos que se creen iluminados por Dios, seguirán el sufrimiento, el tormento y el dolor frente a algo tan maravilloso como es nuestra sexualidad.

La educación integral en sexualidad (EIS) debe convertirse y asumirse como uno de los caminos más poderosos, urgentes y necesarios para formación moral, psicológica, corporal e incluso política de nuestras jóvenes generaciones. No se trata solo del aprendizaje fisiológico o reducido a lo corporal (por ejemplo, concentrarse en la prevención del embarazo), sino en una concepción integral que parta de la dignidad de la vida y de las decisiones personales ante ella.

Sobre todo, la EIS es una apuesta por la dignidad de cada persona. Y esa dignidad no se manifiesta exclusivamente en evitar o en negar, sino también en comprender la maravilla de una sana sexualidad, en la importancia que tiene el autocuidado junto a la sana interrelación entre personas. Por supuesto que se trata de que las y los jóvenes aprendan muchas estrategias y posibilidades para evitar el embarazo y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Esto es parte de la educación integral en sexualidad. Pero no se queda en ello. También incluye el aprendizaje de las sanas relaciones con las personas diferentes, la interacción a favor de la dignidad y la vida. Incluye el goce de una práctica sexual que favorece la alegría, la salud y la autoestima personal.

La hipocresía no nos hace bien. La verdad dicha con responsabilidad, con ciencia y a conciencia, la transparencia para hablar de relaciones sexuales, coito, pene, vagina, etcétera, es fundamental para que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes descubran la naturalidad y la belleza de la sexualidad. Y sepan, que, por eso mismo, tienen que ser responsables ante ella. Esto se expresa en la capacidad de evitar, de protegerse, de no ceder ante impulsos y ante situaciones en las que puedan verse envueltos. Se trata de que las y los jóvenes se sientan tan dichosos de su sexualidad que por eso mismo se cuidan y por eso mismo la viven con alegría y responsabilidad.

Fuente: Siglo21 [http://www.s21.com.gt/gaia/2016/03/22/educacion-integral-sexualidad]

Carlos Aldana Mendoza

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