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Sobre las implicaciones de adoptar la limpieza social como política nacional de seguridad, según lo propone la Cámara de Industria.

La propuesta de la Cámara de Industria en cuanto a exigir al Gobierno que militarice las llamadas zonas rojas, es congruente con su política de seguridad, la cual gira en torno a la limpieza social. Al menos esa es la conclusión que se puede sacar de un reportaje realizado en Guatemala por el Channel 4 de Inglaterra en el 2006, con el título de City of the Dead, en el cual la periodista a cargo entrevista a varios pandilleros (dentro y fuera de la cárcel), quienes le ofrecen detalles sobre la política del gobierno de Berger en cuanto a la seguridad ciudadana. Una política que no era otra que la de la limpieza social, impulsada por el entonces Ministro de Gobernación Carlos Vielmann, prominente miembro de la Cámara de Industria, por medio de su Jefe de Policía Erwin Sperissen, a quien la periodista inglesa entrevista también en su reportaje.

Adoptar la limpieza social como política nacional de seguridad implica renunciar a atacar las causas de la marginación a la cual un sistema oligárquico “normalmente” somete a grandes porciones de la población, las cuales deben emigrar para poder trabajar y ganarse la vida. Pero como no todos pueden viajar, esa masa marginada de los derechos ciudadanos se abre paso laboral mediante formas de economía informal que no siempre pueden respetar las leyes, y es así como crece la delincuencia juvenil, la cual se fortalece mediante alianzas con el delito organizado y el narcotráfico, negocios en los cuales las oligarquías participan activamente y con estricta y disciplinada mentalidad empresarial. Adoptar la limpieza social como política nacional de seguridad implica también buscar remedios fascistas (del estilo “solución final” hitleriana) a los problemas sistémicos que, en el caso de países con economías oligárquicas, son causados por quienes proponen el bestial remedio.

Los pandilleros entrevistados denuncian que la limpieza social que se ponía en práctica en la Ciudad de los Muertos en el 2006, había cobrado cientos de vidas, de modo que de ninguna manera se limitó a unas cuantas ejecuciones extrajudiciales de prisioneros (encerrados o escapados) y de pandilleros que aparecían muertos por doquier, algunas veces con todo y sus familiares. Hay que ver este reportaje para poder reflexionar más allá de la estúpida noción según la cual “está bien que los maten antes de que ellos nos maten a nosotros”, y también para percatarse de que la propuesta actual de la Cámara de Industria ―apoyada con entusiasmo por el resto de Cámaras representadas en la institución oligárquica más conspicua ―el CACIF―, constituye una propuesta fascista que anuncia lo que nos espera si uno de los candidatos de la derecha oligárquica gana las próximas elecciones: un gobierno cuya política de seguridad sería un gigantesco operativo de cerco y aniquilamiento no solo de delincuentes, sino también de opositores. Pues la lógica de “maten a todos los mareros” es de suyo extensible a la de “maten a todos los que no piensan como nosotros”. De aquí que la exigencia del CACIF (encabezado por la Cámara de Industria) de militarizar las zonas rojas, no pueda interpretarse sino como el preludio de una matanza en gran escala, muy similar a la que perpetró la contrainsurgencia militar sobre la población indígena en los años 80, con el beneplácito del CACIF.

Ojo con la limpieza social. Es un arma de dos filos. Y cualquiera puede empuñarla.

Autor: Mario Roberto Morales

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