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La banda más letal

Guatemala ha desaprovechado oportunidades de cambio.

María Aguilar

Una práctica de la policía al realizar arrestos es desnudar al presunto delincuente buscando tatuajes, marcas, los números 18 o las letras MS en el cuerpo o rostro que los asocie con alguna banda criminal y si las encuentran, son imágenes usadas para infundir terror en la sociedad.

Sin embargo, el jueves pasado no fue la policía sino el MP y la CICIG quienes develaron la existencia de la banda más peligrosa y letal de la época democrática: la del Partido Patriota, liderada por Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

A diferencia de la delincuencia común o de las maras, los integrantes de esta estructura criminal vestían ropa de diseñador y no llevaban las letras PP tatuadas en el cuerpo. Todo lo contrario, las características que identificaban a los miembros de la clica eran los yates, carros lujosos, mansiones de descanso, joyas, viajes en primera clase y cualquier otra excentricidad, todo obtenido a través de sobornos y lavado de dinero. El nivel de desfalco y corrupción de esta “estructura” criminal -como la llamó el comisionado Iván Velásquez- pareciera no tener antecedentes en otras regiones.

El comisionado subrayó que en Guatemala ha existido “una corrupción estructural que no se le puede atribuir solamente al último gobierno, ya que hay acciones que evidencian al pasado y hay entidades cooptadas desde décadas”. Ante esto sería un error ignorar el papel de la historia en esta crisis. Por eso, la indignación no es suficiente, se requiere entender los procesos políticos que antecedieron a la época “democrática” para comprender cómo “la paz” permitió la prolongación de entes poderosos o cómo la oligarquía y el ejército, en posiciones privilegiadas, contribuyeron a los procesos de corrupción.

En los últimos años Guatemala ha desaprovechado oportunidades de cambio. En el 2013, el juicio por genocidio representó un parte aguas en términos de justicia transicional. En 2015 la coyuntura abrió la posibilidad de rechazar el sistema político tradicional y exigir cambios antes de embarcarse en nuevas elecciones dentro de un sistema corrompido. Ahora, en el 2016, se presenta la oportunidad de derrocar a las estructuras criminales de la oligarquía, ejército y medios de comunicación para redireccionar la democracia guatemalteca.

…la indignación no es suficiente, se requiere entender los procesos políticos que antecedieron a la época “democrática” para comprender cómo “la paz” permitió la prolongación de entes poderosos o cómo la oligarquía y el ejército, en posiciones privilegiadas, contribuyeron a los procesos de corrupción.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

María Aguilar Velásquez
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