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Irmalicia Velásquez Nimatuj

Esta responsabilidad no será fácil, pero tampoco imposible para la vicepresidenta Harris.

El pasado 24 de marzo el presidente de los Estados Unidos Joe Biden asignó a su vicepresidenta Kamala Harris, la responsabilidad de enfrentar la larga y aguda crisis migratoria en la que han estado sumergidos, tres países centroamericanos: Guatemala, Honduras y El Salvador, desde la década de 1970 hasta el presente.

Esta responsabilidad no será fácil, pero tampoco imposible para la vicepresidenta Harris. Lo que es claro, es que requerirá de la conformación de un equipo interdisciplinario, preparado a alto nivel sobre América Latina, que posea un agudo manejo de la historia contemporánea que llevó a la creación de Centroamérica, dado que los tres países que no dejan de expulsar a sus habitantes, concretamente a sus niños y a sus brazos jóvenes, aunque son parte de la misma región, poseen diferencias sociales, culturales, políticas, espirituales, religiosas entre otras. Y sería un error intentar homogeneizar a través de una lectura ordinaria el estado de situación de las tres pequeñas naciones, sin tomar en cuenta, por ejemplo, la estructura racial que oprime a lo interno de cada país de diferente forma a los pueblos que viven en la región y que poseen, en cada uno de ellos, un peso poblacional diferente.

De igual manera, la señora Harris, tiene en sus manos la posibilidad de conformar un equipo de mujeres y hombres, que no sean solo funcionarios o académicos sino, además, activistas que han andado la región, que conocen sus esquinas, laberintos y salidas, y que han terminado mojándose los pies en su lucha por estar al lado de sus comunidades o de los colectivos que han decidido acompañar frente a los desafíos cotidianos. Esta capacidad y sabiduría de vida es fundamental, porque saben qué es vivir o caminar por las calles de San Pedro Sula, de Villa Nueva o de San Salvador respirando el olor a pólvora, escuchado el metal de las navajas o reconociendo las huellas que deja la sangre que se derrama hora a hora en esos territorios, que parecieran ser de nadie.

La vicepresidenta Kamala requerirá de la experiencia acumulada de quienes han bregado con las múltiples opresiones y con el impacto que dejan los efectos de las desigualdades fomentadas por los mismos estados y usadas por las privilegiadas elites económicas, políticas y militares en detrimento de las vidas de familias, jóvenes, niños y sobre todo de las mujeres.

Una equilibrada combinación de su equipo garantizará que sus análisis, interpretaciones, negociaciones y propuestas de posibles alternativas, sean lo más acorde a la compleja realidad de cada país. Es claro que la señora Harris no podrá solucionar las largas desigualdades centroamericanas, pero su nombramiento permite considerar que, por lo menos, se darán pasos sólidos.

…la señora Harris, tiene en sus manos la posibilidad de conformar un equipo de mujeres y hombres, que no sean solo funcionarios o académicos sino, además, activistas que han andado la región, que conocen sus esquinas, laberintos y salidas, y que han terminado mojándose los pies en su lucha por estar al lado de sus comunidades o de los colectivos que han decidido acompañar frente a los desafíos cotidianos.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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