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Juan Uscap

Carlos Aldana

Juan Uscap es un hombre trabajador y dedicado a los esfuerzos comunitarios. Así lo describen sus compañeros de luchas, de vida, de sufrimientos. Juan fue uno de los 18 niños y niñas que en 1982 perdieron violentamente a sus padres, abuelas y abuelos, en Río Negro, Baja Verapaz, y fueron tomados por patrulleros de autodefensa civil y llevados a la aldea Xococ. Junto a sus tres hermanas vivió una vida de esclavitud, por dos años, hasta que fue llevado a otra comunidad, Pacux, donde vivió con tíos.

Luego él llegó a tener cuatro hijos. Sin embargo, hace menos de dos semanas, una explosión de gas en su casa causó la muerte de Alma Yesenia, su pequeña hija de 9 años, y posteriormente la de su mamá Isabel Osorio. El quedó seriamente quemado, pero totalmente destruido por dentro.

Juan es uno de los hombres y las mujeres que son víctimas de la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy.

No fue suficiente con ser testigo, a los 9 años, de cómo asesinaban a su papá, a su mamá y a sus abuelos, sino también con ser obligado a llevar una vida de esclavitud. Ahora también le toca vivir el dolor que no debería vivir ningún padre y hombre: la pérdida dolorosa, y atroz, de su hija y de su esposa. La manera lo hace más terrible.

Ahora Juan tendrá que buscar cómo reconstruir su casa, pero principalmente cómo reconstruirse, cómo reubicarse en este mundo, cómo aprender a vivir sin esas dos mujeres que eran su significado de vida.

Su sufrimiento no es único, ni tampoco su sentido de lucha. Durante alrededor de 30 años, son miles los pobladores afectados por todos los factores relacionados con la construcción de esa megaconstrucción, financiada por el BID y el BM, pero protegida por los políticos nacionales y las fuerzas militares que acabaron con cientos de vidas, poblados, recursos naturales y riquezas arqueológicas, además de destruir el proyecto de vida de las poblaciones. El drama de Chixoy no concluye aunque ya se cuente con una Política Pública que empieza a dar sus frutos, mediante el resarcimiento económico familiar. Pero, ¿será suficiente todo el dinero del mundo para restituir la vida, el proyecto comunitario, los sentidos, los esfuerzos, de toda la población que fue víctima de esta construcción? ¿Cuándo vamos a entender y asumir un modelo de desarrollo en el que no esté incluido el desplazamiento de poblaciones enteras, la destrucción de su vida y sus recursos, la aniquilación de hombres, mujeres, niñas y niños? ¿Qué desarrollo puede ser aquel que implicó crear condiciones para el tormento y la opresión de seres humanos, cuya única culpa fue ser y vivir en un lugar de interés económico para los grandes poderes nacionales e internacionales? Tomemos en cuenta que en las cercanías de la base principal de la hidroeléctrica aún no existen las condiciones básicas para la vida, incluida la energía eléctrica que allí, cerquita, se produce. Por eso, pongamos atención a los esfuerzos que vienen, que incluyen el aseguramiento de otro paradigma en la construcción de hidroeléctricas en nuestro país.

También tengamos en cuenta frente a dramas como el de Juan, la enorme capacidad de resistencia. Los ancianos que todavía son la memoria de aquellos terribles nos muestran, por ejemplo, lo que es una vida de sacrificio. Las luchas de las comunidades y sus líderes no terminan. Ellos y ellas no bajan fácilmente los brazos, saben luchar y saben resistir. Espero que Juan Uscap también pueda seguir adelante, y tener a Alma e Isabel como sus banderas.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/07/juan-uscap/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Aldana Mendoza
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