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Irmalicia Velásquez Nimatuj

El día de ayer, el presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, designó al doctor Iván Velásquez como el nuevo ministro de Defensa de su país. La designación de Velásquez envia una señal de que la nueva administración está firme en la promesa de atacar el entramado de corrupción que ha consumido a las fuerzas de seguridad colombianas. La tarea no será fácil, Velásquez debe enfrentarse a las alianzas entre el ejército, crimen organizado y narcotráfico, así como emprender la promesa del gobierno de Petro de separar a la Policía Nacional colombiana del ministerio que precederá, para convertirla en un órgano civil.

A pesar de que la designación fue rápidamente celebrada por diversos sectores, la crítica de la derecha y extrema derecha latinoamericana no tardó que surgir. Con argumentos casi incriminantes que claman por sangre, sectores de derecha recriminan lo que llaman “falta de experiencia” de Velásquez en comparación con ministros anteriores. Pero ¿qué han dejado sus predecesores? Nada más que un camino lleno de interminables violaciones a los derechos humanos como masacres, asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, quienes además han forjado vínculos con el paramilitarismo, el crimen organizado y el narcotráfico. La visión criminal con la que se ha asumido el manejo de las fuerzas de seguridad es profunda que inclusive exsoldados colombianos han estado involucrados en asesinatos de otros lideres de Estado como lo fue el asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise, en el año 2021.

La designación y gestión de Iván Velásquez representará un examen de prueba para Latinoamérica sobre cómo avanzar en procesos de democratización de las fuerzas armadas, si es que esto es en sí posible. Su trayectoria, contrario con las críticas de la derecha, está llena de experiencia para el cargo. Nadie mejor que él -que sufrió en carne propia la persecución de las fuerzas de seguridad del Gobierno de Álvaro Uribe, quien designó a agentes encubiertos para vigilarlo a él y su familia- sabe lo que implica que las fuerzas designadas para proteger a la nación sean corruptas. Así mismo, su trabajo a la cabeza de la Comisión Internacional contra la Corrupción e Impunidad en Guatemala, CICIG, lo hace un experto en analizar las redes de poder y entramados legales e ilegales entre fuerzas armadas y crimen organizado para capturar al Estado.

En defensa de la prostituida “seguridad nacional”, por más de cinco décadas se han cometido innumerables crímenes de estado en Colombia, especialmente en las regiones rurales, con esta designación, Gustavo Petro propone repensar el modelo jerárquico de las fuerzas armadas, tan urgente en América Latina. Y apostarle a la democratización estructural para así empezar a romper con el pasado paramilitar y violador a los derechos humanos. Sin duda, el doctor Iván Velásquez nos dará nuevas lecciones sobre como limpiar el Estado desde este nuevo reto que ahora asume.

La designación y gestión de Iván Velásquez representará un examen de prueba para Latinoamérica sobre cómo avanzar en procesos de democratización de las fuerzas armadas, si es que esto es en sí posible.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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