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A la memoria de
EDGAR RUBEN ORTIZ SANTIZO

Cuando se muere alguien que nos sueña se muere una parte de nosotros.
MIGUEL DE UNAMUNO

Cada guatemalteco carga su muerto y habrá algunos que puedan darse el lujo de cargar a más de uno.

Unos lo hacen porque se los llevaron por delante y otros, como yo, porque nos lo arrebataron.

Edgar Rubén Ortíz Santizo

Edgar Rubén Ortíz Santizo

Ciertos guatemaltecos se llevaron a media población por delante y cargan no con uno sino con poblaciones enteras. Los genocidas Efraín Ríos Montt, Romeo Lucas García, Donaldo Álvarez Ruíz , Pedro Arredondo, Chupina, y para abreviar un poco, el ejército guatemalteco entero carga con cientos de miles de compatriotas “ nomás” por querer salvar a la nación del comunismo ateo.

Otros cínicos más no han querido dar la cara para que no les echen el muerto.

Otros cargan menos muertos, pero sus muertos al fin. Como aquellos dirigentes de la guerrilla guatemalteca que fusilaron jovencitos en Nicaragua por sospechas “de traición”. Vaya muertos los que se echaron encima estos
mal llamados dirigentes.

No pude elegir a familiares incómodos que se vendieron y trabajaron para gobiernos corruptos pero puedo elegir a mi muerto.

Este septiembre hace 30 años murió el mío.

Y quienes se lo llevaron por delante fueron los chafarotes guatemaltecos.

Quiere decir que llevo treinta años de cargarlo y la verdad es que no me ha pesado.

Edgar Rubén Ortíz Santizo y su familia.

Edgar Rubén Ortíz Santizo y su familia.

Hablar del muerto es difícil pues es hablar de uno mismo. Es hablar de la imagen que diariamente ve uno en el espejo. Es hablar de su doble, es hablar de otro que era uno. Quiero decir que éramos dos en uno. Es hablar del otro que era yo.

Es decir, que una parte lleva 30 años de estar muerta y la mitad que aún sobrevive no logra sobreponerse aún de la perdida y desaparición de su otra parte. En el contexto revolucionario a principios de los años setentas las
organizaciones guerrilleras eran muy débiles, éramos algunos, pocos, diría yo.

Tuve la rara oportunidad de conocer a tanta gente valiosa que me podrían bien caber en el bolsillo otros tres muertos o más muertos.

Pero por esa extraña oportunidad que hablaba decidí cargar con el mejor. Y al decir el mejor quiere decir con el más excepcional, con el que más se acercaba a ser el guatemalteco de excelencia, el más educado, el más desinteresado, el mejor.

Hoy me toca reivindicarlo, me corresponde hablar ante los demás, del menos vanidoso y del mejor, del muerto.

Habrá quien diga entonces que llevamos más de treinta años de estar medio muertos. Algunos más viejos dirán que llevan más tiempo y otros que llevan menos. Eso depende de su muerto y su tragedia.

La mía lleva prácticamente el tiempo que llevo fuera de mi patria. He vivido más tiempo fuera de Guatemala que adentro y la verdad es que no me acostumbro. Sin embargo el muerto anda conmigo. Nadie habla de él en
Guatemala. Ni se acuerdan de él ,mucho menos de mi.

¿Quién se puede acordar de un muerto que lleva 30 años desaparecido?

Quién se podrá acordar de alguien a quien nunca conocieron y mucho menos de aquel que fue capturado, desaparecido, torturado y ejecutado tan joven, pues nadie.

Mi muerto no es referencia más que para algunos pocos guatemaltecos. Mi muerto no aparece en la catedral con los desaparecidos, no forma parte del número de muertos de las ONGs y tampoco figura en los libros de la llamada Comisión de la Verdad y tampoco ha formado parte, como es común en Guatemala, de la reivindicación a escondidas de nuestros mejores hombres en las encerronas que aùn llevaran a cabo los que dirigen la izquierda oficial y sus fundaciones.

Cuando salen a desfilar a la plaza pública pidiendo por sus deudos la fotografía de mi muerto nunca es vista en las fotografías tomadas por la G2 e impresas en primera plana de los tabloides guatemaltecos.

El muerto en mención apenas si es recordado por sus compañeros de estudios y jamás sus compañeros que sobreviven lo recuerdan.

El muerto que cargo soñó una Guatemala libre y soberana. Una Guatemala como la que soñó Otto René Castillo, Luis Augusto Turcios Lima, el chino Yon, y los cientos de miles de muertos anónimos de mi patria. No sé si soñar sea bueno ya que en Guatemala por soñar te matan.

Y la mayor parte de aquellos que soñaron están muertos. Total que mi muerto por soñar está bien muerto y hasta para estar muerto hay que hacerlo bien.

No se trata esta vez de hacer un homenaje a un simple muerto, de pedirle a un cura que celebre una misa y que asistan algunas personas más con el morbo de ver quienes llegan y verle la cara compungida a los orejas y escuadroneros que se persignaran como todo buen católico ante la ceremonia luctuosa de 30 años a un muerto.

Mi muerto estaba en vida tan alejado de las modas pasajeras, las vanidades pequeño burguesas, como decíamos por la época, y tan ajeno al culto a la personalidad que recordarlo como una persona decente le incomodaría en demasía. Los únicos que se jactan en Guatemala de ser decentes son aquellos que asesinaron a miles de sus compatriotas por sospecha, incluyo en este costal a la izquierda oficial que vivió en Nicaragua, México y Cuba a principios de los ochentas y que dirigieron por satélite la revolución.

Al muerto que le brindo el más grande de los homenajes y recuerdos este día llevaba el nombre de Edgar Rubén Ortiz Santizo. Murió cuando apenas tenía 27 años cumplidos. Un joven que comenzaba a vivir, un joven que tenía muchos años de soñar por ver a su patria libre de tanta ignominia, traición y desgracia.

Doy fe que a EDGAR RUBEN ORTIZ SANTIZO lo único que le interesaba era el bienestar de los demás. Por encima de sí mismo y de todas sus aspiraciones estaba una Guatemala libre, incluyente, revolucionaria, heroica, solidaria, forjada por las manos de guatemaltecos trabajadores.

Surgido en el seno de una modesta familia de la zona 5 de la capital guatemalteca, Edgar Rubén Ortiz Santizo, pudo con facilidad sortear las ambiciones y desviaciones pequeña burguesas, a las que todo joven de su edad y en un país capitalista atrasado y gobernado por gorilas dictatoriales podía ser alcanzado.

A mí me correspondió conocerlo y compartir aula en el Instituto Normal Rafael Aqueche 1972-1974. Los años que nos tocó ser compañeros Aquechista los considero los más determinantes en mi vida ya que durante esos inolvidables y aciagos años de represión aranista nos permitieron forjar el acero de los años que estaban por venir.

Fue fundador del frente urbano de la “orga”, como le llamaban en la época los que más tarde fundarían la Orpa. Apenas con 19 años en 1973 era ya militante de la guerrilla guatemalteca.

Edgar Rubén no era un compa que creía en el absolutismo de la dirigencia ni mucho menos en el paradigma de lo que ofrecían estos, era un revolucionario diferente, de épocas galácticas no conocidas ni exploradas en la actualidad.

Edgar Rubén era consistente con él pensamiento de la izquierda armada guatemalteca en los años más difíciles, nítido en sus apreciaciones ideológicas, valiente como ningún muchacho de su generación, un fuera de serie de nuestra época.

Este guatemalteco nunca quiso ser identificado como parte de la utopía armada, simplemente fue parte de ella sin pedir nada, la prueba más excepcional es que los pocos que lo conocimos bien, guardamos en el cofre cientos de abrazos que se merecía darle al triunfar la revolución.

Edgar Rubén era de los pocos guatemaltecos que merecían ser considerados parte de la dirección de la comandancia revolucionaria al momento del triunfo.

Desde 1978 Edgar Rubén Ortiz Santizo comenzó un intenso trabajo organizativo en Baja Verapaz, desde Salamá hasta Rabinal. Lo más agobiante para Rubén era la inconsistencia organizativa de la guerrilla guatemalteca.

Participó directamente en el rompimiento de la regional de occidente en 1977. Criticó abiertamente las prácticas verticalistas, autoritarias, mesiánicas y desgastadas, ya por la época, ejecutadas por Rodrigo Asturias Amado y su
núcleo más cercano, grupo que se convirtió en la Orpa años después.

Edgar Rubén Ortiz Santizo fue un organizador incansable, de aquellos revolucionarios que jamás abandonaron Guatemala para vivir cómodamente en algún campo de entrenamiento militar en Cuba o lo que sea en cualquier
país.

Su nivel político sobrepasaba por mucho a cuadros de dirección de las organizaciones guerrilleras del país, lector infatigable, un militante de primerísima línea, un joven revolucionario de gran talla a pesar de su corta edad.

Militó casi toda la década de los setentas en la mas completa clandestinidad.

Gran parte de sus compañeros aquechistas de promoción no lo recuerdan, fue tan grande su legado que ni siquiera tuvo amigos y una juventud normal como la de cualquier muchacho de su edad.

Guatemala tiene muchos ejemplos revolucionarios surgidos de la izquierda oficial y del kupia kumi entre la URNG y el ejército, pero la historia de la izquierda armada guatemalteca esta incompleta sin la presencia de Edgar Rubén Ortiz Santizo en sus memorias.

Es tanto el rencor que guarda el ejercito como la misma izquierda oficial a hombres de la talla de Edgar Ruben que ambos sectores hicieron lo posible en conjunto para exterminalos uno por uno. Edgar Palma Lau y Carlos Enrique Rodríguez Agreda son ejemplos incontestables.

El 13 de septiembre de 1980 Edgar Rubén fue copado por el ejército guatemalteco en la cumbre de Santa Elena en Baja Verapaz, con vida fue trasladado al cuartel militar de Salamá lugar de donde nunca salió.

Edgar Rubén fue un muchacho extraordinario en las aulas instituteras, era mayor que yo por dos años. Cuando se es joven, dos años es mucho, es un tiempo en el cual se adquiere experiencia que puede servir para deformarse
éticamente o para crecer como ser humano. La experiencia adquirida por Edgar Rubén le sirvió para darse cuenta de la desgracia en la cual estaba sumida Guatemala. Percibió con nitidez las deformaciones de la juventud guatemalteca en su barrio, la zona 5, y naturalmente entre algunos de nuestros compañeros en el Instituto Rafael Aqueche. El alcoholismo y las drogas afectaban gravemente a la juventud por esos años.

Sin dejarse seducir por estos flagelos sociales Edgar Rubén a sus 18 años se incorporó a la regional de occidente con decisión, perseverancia y hombría.

Comprendió a su corta edad que el único camino que la oligarquía y el ejército le dejaban al pueblo era arrebatarles el poder ya que por el camino democrático y civilizado lo único que el pueblo guatemalteco había conocido era la traición y los cuartelazos.

A partir de 1973 Edgar Rubén desarrollo un amplio concepto de dignidad y respeto humano y fueron estos valores los puntales por los cuales su vida transcurriera entre el sobresalto militante y la entrega de su vida por la causa más preciada para un joven guatemalteco, el triunfo revolucionario.

Legítimamente me siento orgulloso de mis compañeros de generación, Edgar Rubén representa el mejor ejemplo.

Al terminar sus estudios magisteriales en 1974 pasó a la clandestinidad convirtiéndose en un cuadro de tiempo completo para la organización. Fue un organizador y militante ejemplar en el frente urbano.

A principios de 1976 comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos, su paso por las aulas universitarias no durarían ni siquiera seis meses ya que las tareas organizativas le absorbían la mayor parte de su tiempo.

Su aparente desinterés por los estudios los compensaba brillantemente por su hábito a la lectura y los textos de economía política que se editaban en la época.

Estoy plenamente seguro que Edgar Rubén Ortiz Santizo hubiera brillado en la Facultad de Medicina o cualquier facultad de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Este prefirió brillar al lado de su pueblo, prefirió el camino
más difícil para un ser humano, el más comprometido y el más sacrificado.

Edgar Rubén no vivió para ver la Revolución Sandinista y sus logros, no conoció Managua, no conoció las milicias, no vio al Ejército Popular Sandinista de aquellos años.

El conocimiento de su prematura muerte me alcanzo el 1 de noviembre de 1980, a más de un mes de su desaparición. Fue el comandante Santiago, Julio Barrios, de la Dirección Nacional del Ejercito Guerrillero de los Pobres quien me transmitiera en una reunión en la capital guatemalteca tan infausta noticia.

Aun recuerdo los ojos azules del Comandante Santiago y su expresivo gesto al ver mi reacción ante semejante noticia. Me dijo Santiago que no sabía con certeza quién era Edgar Rubén pero por conocimiento de toda su trayectoria lamentaba profundamente la caída de nuestro compañero. Yo no pude más que enjugar mis ojos y lamentar profundamente la desaparición física de Edgar Rubén.

Durante días enteros no podía creer que había sido capturado y que con seguridad lo estaban torturando salvajemente. Como médico me imaginaba lo peor en el plano de los martirios que estaría sufriendo a mano de tan
sanguinarios oponentes.

Edgar Rubén nunca habló, prueba de ello es que estoy con vida. Nunca delato ninguna posición, nuestros adversarios jamás se pararon frente a mi casa o la de algún miembro de nuestro grupo para ser levantados y desaparecidos.

No comprometió a nadie, aguanto, se reservo para él los mejores momentos de su vida y nos dejo un ejemplo que perdura desde hace 30 años.

Edgar Rubén Ortiz Santizo, Humberto, como lo conocíamos, murió en la peor de la época, no hay palabras para describir el genocidio que conoció Guatemala en la segunda parte del siglo pasado. Sin embargo, Edgar Rubén no temió a las posibilidades reales de su muerte, en los más difíciles momentos mostraba una valentía y lucidez extraordinarias.

No salió de Guatemala, aguanto y resistió como nadie. Estoy seguro que de haber sobrevivido y de haber llegado a Nicaragua lo hubieran estado esperando los representantes de la URNG, con el Frente Sandinista y los cubanos con la soga y el nudo hecho para colgarlo de la misma forma como hicieron con muchos muchachos por el simple hecho de pensar y actuar como los hombres, lo hubieran humillado, encarcelado y hubieran tratado de quebrarle el espíritu.

El profesor Edgar Rubén Ortiz Santizo jamás hubiera aceptado ninguna propuesta de aquellos que se encontraban en Nicaragua persiguiendo, encarcelando y desapareciendo guatemaltecos, el hoy diputado HECTOR
NUILA se hubiera encargado de su suerte y de su muerte. Así pues ENRIQUE no te preocupes el ejército te hizo la talacha.

Edgar Rubén Ortiz Santizo no vivió para ver como su responsable en la organización y que con los años alcanzara el grado de comandante guerrillero le alzara la mano al General genocida Efraín Ríos Mont tratándolo de guatemalteco ilustre, otro “compita” que hoy es diputado.

No vivió para ver el Kupia Kumi* entre la izquierda oficial guatemalteca y el
ejército guatemalteco.

* Estas palabras del miskito significan «un solo corazón», se utilizó para designar burlonamente el  pacto político entre el dictador Anastasio Somoza Debayle y su entonces principal oponente político Fernando Agüero Rocha. Se utiliza para señalar un vínculo muy estrecho entre dos personas.

No participò en la venta y remate del proceso que costó más de 250,000 muertos, un millón de desplazados fuera del país y un puñado de gente de izquierda beneficiada por la ley de punto final firmada impunemente por los mismos que se hacían y se hacen llamar VANGUARDIA.

No vio como el día de hoy un impresionante desfile de ex militantes y simpatizantes de izquierda y en años pasados recientes incondicionales exiliados guatemaltecos se vendieron a gobiernos corruptos que terminaron en prisión y con un final que se acerca al peor de los castigos terrenales.

No presenció como dirigentes estudiantiles de nuestros mejores años terminarían en amasiato y haciendo vida con los mismos violadores de sus hijos, pero eso sí, trabajando en ONGs en el mundo del feminismo.

En fin Edgar Rubén Ortiz Santizo se nos fue prematuramente y la verdad es que nos hace falta su presencia. Lo tuvimos muy poco tiempo con nosotros y nos dejo una lección de vida que unos cuantos párrafos no podrían llenar a cabalidad la estatura moral que llenó con su existencia a los que tuvimos el gusto de conocerlo.

Mi familia en pleno rinde el mejor de los homenajes hoy trece de septiembre de dos mil diez a un guatemalteco insigne a treinta años de su desaparición.

VAYA PRIVILEGIO EL HABERTE CONOCIDO “HUMBERTO”, ESTE TRECE DE
SEPTIEMBRE DE DOS MIL DIEZ A 30 AÑOS DE TU DESAPARICION FORZADA TE
RENDIMOS EL MAS CARIÑOSO, FRATERNAL Y HUMANO HOMENAJE.
GUATEMALTECOS COMO VOS NOS HACEN MUCHA FALTA.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

DR. OTTO RENE HERNANDEZ GARCIA LAGUARDIA

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