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Sobre la importancia de la lucha ideológica en la sociedad democrática.

Para que un grupo social se vuelva hegemónico necesita construir un sentido común que sea adoptado por todas las clases sociales, incluidas aquellas a las que el sistema de valores que conforma ese sentido común no les convenga para la realización de sus intereses materiales y espirituales. La hegemonía la alcanza un grupo social cuando es capaz de trasladar su sistema de valores a los demás estamentos de la sociedad, logrando que éstos lo adopten y defiendan como propio. Cuando es fuerte, la hegemonía puede incluso llegar a desarrollar la capacidad de producir sus propios discursos contrahegemónicos, dando así la ilusión de libertad de expresión cuando en realidad jamás cuestiona el sistema de valores que sustenta los intereses de quienes le transfieren su sentido común a las mayorías.

La lucha ideológica es siempre una lucha por la hegemonía, y se libra de diversas maneras y en variados ámbitos, los cuales van desde la academia hasta los medios masivos, pasando por las religiones y la publicidad y el mercadeo. La consolidación de la hegemonía implica impedir que otro sentido común, distinto, llegue a ser adoptado por toda la sociedad. Un recurso para la conservación de la hegemonía es la combinación creativa de la propaganda y la censura en todas sus formas. Todo lo cual se realiza por medio de discursos que buscan convertirse en sentido común en la mente de las masas.

Es por ello que el análisis de discursos es fundamental para establecer los núcleos ideológicos del emisor, así como el efecto que en el receptor tienen los contenidos y las formas del mensaje discursivo. A esta actividad se le denomina crítica cultural e ideológica, y forma parte de la lucha contrahegemónica, la cual convive siempre en conflicto con la hegemonía en todas las sociedades y en todos los tiempos, conformando la cotidianidad mental de los pueblos.

Vale recordar que dominación no equivale a hegemonía. Puede haber grupos dominantes que no son hegemónicos (como Roma frente a la conquistada Grecia), y los puede haber que son hegemónicos y no dominantes (como Grecia bajo el poder de Roma), o dominantes y hegemónicos a la vez (como la misma Roma en el resto del mundo mediterráneo). La dominación ejerce la censura cuando no es capaz de controlar la hegemonía. Cuando es capaz de controlarla, juega el juego del pluralismo y se fortalece mediante el debate que libra con los discursos contrahegemónicos. Esto último es lo que se espera que ocurra en una democracia funcional. Cuando no ocurre, esa democracia es meramente formal y por tanto inoperante.

La censura es un recurso inaceptable en la democracia, pues evade la lucha por la hegemonía y recurre al expediente de la dominación, es decir a la violencia. Lo cual es un signo de debilidad ideológica por parte de los grupos censuradores, pues es obvio que echan mano de este recurso por su incapacidad de librar debates ideológicos, los cuales hacen derivar en diatribas propagandísticas mediante descalificaciones ad hominem. La censura proviene siempre de estamentos que se dedican a mantener la hegemonía por los medios que les corresponden (Iglesia, Estado, Mercado) y constituye siempre un acto desesperado ante la impotencia cognitiva y argumentativa para mantener la hegemonía. No olvidemos que ésta pretende asimismo controlar la versión oficial de la memoria histórica para convertirla en sentido común.

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Mario Roberto Morales

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